Paráclesis de la cuaresma de la Natividad de Nuestro Señor Jesús Cristo

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Paráclesis de la cuaresma de la Natividad de Nuestro Señor Jesús Cristo

 

 

  1. Bendito sea nuestro Dios ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

 

Si no hay sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.

 

Gloria a Ti, Dios Nuestro, Gloria a Ti.

 

Rey del Cielo, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todo lugar, y que todo lo llenas, Tesoro de bienes y Dador de la Vida, ven y haz de nosotros tu morada, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.

 

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (tres veces)

 

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por tu nombre.

 

Señor, ten piedad (tres veces)

 

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Realeza, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo; el pan sobreesencial dánosle hoy, perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del maligno.

Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Salmo 142

 

Señor, escucha mi oración, presta oído a mi súplica según tu fidelidad; óyeme por tu justicia, y no entres en juicio con tu siervo, porque ningún viviente es justo delante de Ti. El enemigo persigue mi alma, ha postrado en tierra mi vida; me ha encerrado en las tinieblas, como los ya difuntos. El espíritu ha desfallecido en mí, y mi corazón está helado en mi pecho. Me acuerdo de los días antiguos, medito en todas tus obras, contemplo las hazañas de tus manos, y extiendo hacia Ti las mías; como tierra falta de agua, mi alma tiene sed de Ti. Escúchame pronto, Señor, porque mi espíritu languidece. No quieras esconder de mí tu rostro: sería yo como los que bajaron a la tumba. Hazme sentir al punto tu misericordia, pues en Ti coloco mi confianza. Muéstrame el camino que debo seguir, ya que hacia Ti levanto mi alma. Líbrame de mis enemigos, Señor; a Ti me entrego. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi Dios. Tu Espíritu es bueno; guíame, pues, por camino llano. Por tu Nombre, Señor, guarda mi vida; por tu clemencia saca mi alma de la angustia. Y por tu gracia acaba con mis enemigos, y disipa a cuantos atribulan mi alma, porque soy siervo tuyo.

 

 

Dios es Señor

 

Tono 4º

 

Diácono: Dios es Señor, y se nos ha manifestado. Bendito el que viene en el nombre del Señor.

 

Coro: Dios es Señor, y se nos ha manifestado. Bendito el que viene en el nombre del Señor.

 

V./  Confesad al Señor, porque es bueno; porque su misericordia es eterna.

 

R./  Dios es Señor, y se nos ha manifestado. Bendito el que viene en el nombre del Señor.

 

V./  Todas las naciones me rodeaban, mas en el nombre del Señor las rechacé.

 

R./  Dios es Señor, y se nos ha manifestado. Bendito el que viene en el nombre del Señor.

 

V./  No he de morir, viviré, y para contar las obras del Señor.

 

R./  Dios es Señor, y se nos ha manifestado. Bendito el que viene en el nombre del Señor.

 

V./  La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular; es el Señor el que lo ha hecho y es un milagro patente.

 

R./  Dios es Señor, y se nos ha manifestado. Bendito el que viene en el nombre del Señor.

 

 

Tropario, tono 4

 

Prepárate, oh Belén, pues el Edén ha sido abierto para todos. Prepárate, oh Efrata, pues el Árbol de la Vida ha florecido de la Virgen en la cueva. Pues su vientre apareció como un paraíso escogido en el que fue plantada esta santa viña. Si comemos de ella, viviremos y no moriremos, como el antiguo Adán. Cristo nacerá, levantando la imagen que cayó en el principio.

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Oh Madre de Dios, jamás dejaremos nosotros, aunque indignos, de exaltar tus grandezas, pues si tú no rogaras por nosotros, ¿quién nos libraría de todos los males? o ¿Quién nos conservaría libres hasta ahora? No nos apartaremos de ti, oh Señora que libras a tus siervos de toda adversidad.

 

 

Salmo 50

 

Ten compasión de mí, oh Dios, en la medida de tu misericordia; según la grandeza de tus bondades, borra mi iniquidad. Lávame a fondo de mi culpa, límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mi maldad y tengo siempre delante mi delito. He pecado contra Ti, contra Ti solo, he obrado lo que es desagradable a tus ojos, de modo que se manifieste la justicia de tu juicio y tengas razón en condenarme. Es que soy nacido en la iniquidad, y ya mi madre me concibió en pecado. Mas he aquí que Tú te complaces en la sinceridad del corazón, y en lo íntimo del mío me haces conocer la sabiduría. Rocíame, pues, con hisopo, y seré limpio; lávame Tú, y quedaré más blanco que la nieve. Hazme oír tu palabra de gozo y de alegría, y saltarán de felicidad estos huesos que has quebrantado. Aparta tu rostro de mis pecados, y borra todas mis culpas. Crea en mí, oh Dios, un corazón sencillo, y renueva en mi interior un espíritu recto. No me rechaces de tu presencia, y no me quites el espíritu de tu santidad. Devuélveme la alegría de tu salud; confírmame en un espíritu de príncipe. Enseñaré a los malos tus caminos; y los pecadores se convertirán a Ti. Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios Salvador mío, y vibre mi lengua de exultación por tu justicia. Abre Tú mis labios, oh Señor, y mi boca publicará tus alabanzas, pues los sacrificios no te agradan, y si te ofreciera un holocausto no lo aceptarías. Mi sacrificio, oh Dios, es el espíritu compungido; Tú no despreciarás, Señor, un corazón contrito y humillado. Por tu misericordia, Señor, obra benignamente con Sión; reconstruye los muros de Jerusalén. Entonces te agradarán los sacrificios legales, las oblaciones y los holocaustos; entonces se ofrecerán becerros sobre tu altar.

 

 

 

CANON

 

Tono 2º

 

 

 

Oda I

 

Irmos: Una fuerza triunfal humilló una vez a los ejércitos del Faraón en el abismo: así también, el glorioso Señor, el Logos hecho carne, ha borrado el maligno pecado, pues ha sido grandemente glorificado.

 

Gloria a ti Señor, gloria a Ti.

 

Oh Rey de todos, deseando que el hombre fuera inscrito en el libro de la vida, te inscribiste a ti mismo según la ley del Cesar. Como extraño viniste a nosotros por tu propia voluntad, haciendo volver al cielo a los que tristemente fueron separados del paraíso.

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

Oh Belén, recibe a Cristo: pues, hecho carne, vino a morar en ti, abriendo el Edén para mí. Prepárate, oh Cueva, para ver que, extrañamente, es contenido en ti Aquel que no puede ser contenido, y que ahora se hace pobre en la riqueza de sus tiernas misericordias.

 

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Cristo nace, concediendo en su bondad un nuevo nacimiento a los que nacieron de Adán. Alégrate, naturaleza del hombre mortal, que eres estéril y que no diste a luz: el Maestro ha venido a hacerte madre de muchos hijos.

 

 

Oda III

 

Irmos: El desierto floreció como un lirio en tu venida, oh Señor, y así mismo, la iglesia de los gentiles, que era estéril: y por esta venida, también mi corazón ha sido establecido.

 

Gloria a ti, Señor, gloria a Ti.

 

Redimiéndome de los lazos de mal, oh Señor que amas a la humanidad, viniste para ser envuelto en pañales como un niño. Por eso, venero tu divina condescendencia.

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

La Virgen viene para cargar contigo, oh Señor, pues eternamente del Padre, ahora has venido a nuestro tiempo, liberando nuestras almas de las pasiones temporales.

 

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Señor misericordioso y lleno de piedad, buscándome a causa de mi perdición en la transgresión, Tú has venido a morar en la cueva como en el cielo, preparando así las mansiones celestiales para mí.

Ahora se nombran aquellos por quienes se reza esta paráclesis.

 

Letanía

 

Sacerdote: Ten piedad de nosotros, oh Señor, según tu gran misericordia te suplicamos que nos escuches y tengas piedad.

Coro: Señor ten piedad (3 veces)

 

  1. De nuevo rogamos por nuestro padre y Obispo N. y por todos nuestros hermanos en Cristo.

 

  1. También rogamos por la vida, paz, salud, salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados de los siervos de Dios, los cristianos ortodoxos, los que viven en esta ciudad y los reunidos en este santo templo, sus feligreses y bienhechores.

 

  1. De nuevo rogamos por los siervos de Dios N. N. (Aquí se insertan los nombres de los fieles por los cuales se ruega) que elevan esta súplica.

 

  1. Porque eres un Dios misericordioso y amante de la humanidad, te rendimos gloria, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

 

  1. Amén.

 

 

 

 

Catisma, tono 1

 

Alégrate en gran manera, oh Sión: prepárate, oh Belén. El que sostiene todas las cosas, ha hecho conocer su condescendencia sin medida enviando ante Él la estrella. Él, ante quien tiemblan todos los poderes celestiales, nuestro Único Dios, ha nacido en verdad de la Virgen sin sufrir cambio alguno.

 

 

Oda IV

 

Irmos: Tú has nacido de una virgen, pero no como ángel ni como embajador, sino como el Señor hecho carne, y a mí, como hombre, me has concedido la salvación. Por eso, te clamo: ¡Gloria a tu poder, oh Señor!.

 

Gloria a Ti, Señor, Gloria a Ti.

 

Que toda la creación deseche ahora todas las cosas antiguas, contemplándote a Ti, el Creador hecho niño. Pues por tu nacimiento has formado todas las cosas de nuevo, haciéndolas nuevas otra vez y conduciéndolas a su primigenia belleza.

 

Gloria a Ti, Señor, Gloria a Ti.

 

Los magos, que fueron guiados por una estrella divina, se postraron ante Ti, maravillados por tu asombroso nacimiento, y trayendo regalos, vieron el Sol que se alzó de la nube virgen.

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

Contemplad: la Virgen viene como una novilla, llevando en su vientre el Novillo cebado que quita los pecados del mundo. Que toda la creación se regocije en gran manera.

 

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 

La predicación de los profetas, previendo la manifestación de Cristo, ha recibido hoy su seguro cumplimiento: pues Él ha venido en la carne para iluminar a los que perecen en la oscuridad.

 

 

Oda V

 

Irmos: Te has convertido en mediador entre Dios y el hombre, oh Cristo nuestro Dios, pues por ti, oh Señor, hemos salido de la oscuridad de la ignorancia, a Tu Padre, el Autor de la luz.

 

Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.

 

Que el pueblo que se estableció una vez en la oscuridad vea la Luz resplandeciente que no conoce ocaso: Cristo, que se dio a conocer por la estrella a los reyes de Persia, que adoraban el fuego.

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

El gran Rey viene con premura para entrar en una pequeña cueva, para hacerme grande, aunque Él había crecido siendo pequeño en grandeza, y para que, como Dios trascendente, por su pobreza sin medida, pueda hacerme rico, aunque Él creció pobre.

 

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 

‘Ahora Cristo nace de Jacob’, por eso dijo Balaam: ‘y gobernará sobre todas las naciones, y su reino será exaltado en la gracia, y permanecerá eternamente’.

 

 

Oda VI

 

Irmos: Rodeado por el abismo del pecado, clamo ante el abismo insondable de tu misericordia: sácame de la corrupción, oh Dios mío.

 

Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.

 

Cristo, en su insondable sabiduría, viene a nosotros por Su propia voluntad. Hagámonos extraños al pecado, y recibámosle, pues mora en las almas de los mansos.

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

Tú, oh Belén, no eres la menor entre todas las naciones: pues de ti ha nacido el Rey y Señor que se dispondrá como pastor de Su propio pueblo.

 

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Cuán pequeña es la cueva que Te acoge, pues el mundo no puede encontrar habitáculo para Ti, oh Cristo, a quien nada puede contener. Tú, que con el Padre eres sin principio, has aparecido como un Niño pequeño.

 

 

Ahora se nombran aquellos por quienes se reza esta paráclesis.

 

Letanía

 

Sacerdote: Ten piedad de nosotros, oh Señor, según tu gran misericordia te suplicamos que nos escuches y tengas piedad.

Coro: Señor ten piedad (3 veces)

 

  1. De nuevo rogamos por nuestro padre y Obispo N. y por todos nuestros hermanos en Cristo.

 

  1. También rogamos por la vida, paz, salud, salvación, visitación, perdón y remisión de los pecados de los siervos de Dios, los cristianos ortodoxos, los que viven en esta ciudad y los reunidos en este santo templo, sus feligreses y bienhechores.

 

  1. De nuevo rogamos por los siervos de Dios N. N. (Aquí se insertan los nombres de los fieles por los cuales se ruega) que elevan esta súplica.

 

  1. Porque eres un Dios misericordioso y amante de la humanidad, te rendimos gloria, oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.

 

  1. Amén.

 

 

Contaquio, tono 3

 

Hoy, la Virgen viene a la cueva para dar a luz de una manera inefable al Logos pre-eterno. Por eso, alégrate, oh universo, cuando oigas, y glorifica con los ángeles y pastores a Aquel que aparece por Su propia voluntad como un nuevo Niño, el Dios pre-eterno.

 

 

Anavathmi

 

Primera antífona de los Himnos de Ascensión del tono 4º

 

Desde mi juventud me sitiaban pasiones, pero Tú, oh Salvador, me proteges y salvas. (dos veces)

 

Que sean confundidos por el Señor todos los enemigos de Sión, que sean como hierba quemada por un fuego desolador. (dos veces)

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

Toda alma vive por la gracia del Espíritu Santo, y cuando está totalmente purificada se eleva hasta que por un misterio sagrado, resplandece con la Unidad Trinitaria.

 

Ahora y siempre y por lo siglos de los siglos. Amén.

 

Por el Espíritu Santo, fluyen los arroyos de la gracia, regando toda la creación y llenándola de vida.

 

 

 

Prokimenon tono 4º

 

Celebraré Tu Nombre de generación en generación

V: Escucha, oh hija, y ve e inclina tu oído, y olvida tu pueblo y la casa de tu padre; y el Rey deseará en gran medida tu belleza.

 

 

Lectura del Evangelio

 

Sacerdote: Para que seamos dignos de escuchar el santo Evangelio, roguemos al Señor nuestro Dios.

 

Coro: Señor ten piedad (tres veces)

 

Sacerdote: Sabiduría, en pie, escuchemos el Santo Evangelio. Paz a todos.

 

Coro: Y con tu espíritu.

 

Sacerdote: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas.

 

Coro: Gloria a ti Señor, gloria a ti.

 

(1:39-56)

 

“En aquellos días, María se levantó y fue, apresuradamente a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió cuando Isabel oyó el saludo de María, que el niño dio saltos en su seno e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Y exclamó en alta voz y dijo: ‘¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu seno!. ¿Y de dónde me viene, que la madre de mi Señor venga a mí?. Pues, desde el mismo instante en que tu saludo sonó en mis oídos, el hijo saltó de gozo en mi seno. Y dichos la que creyó, porque tendrá cumplimiento lo que se le dijo de parte del Señor’. Y María dijo: ‘Glorifica mi alma al Señor, y mi espíritu se goza en Dios mi Salvador, porque ha mirado la pequeñez de su esclava. Y he aquí que desde ahora me felicitarán todas las generaciones; porque en mí obró grandezas el Poderoso. Santo es su nombre, y su misericordia, para los que le temen va de generación en generación. Desplegó el poder de su brazo; dispersó a los que se engrieron en los pensamientos de su corazón. Bajó del trono a los poderosos, y levantó a los pequeños; llenó de bienes a los hambrientos, y a los ricos despidió vacíos. Acogió a Israel su siervo, recordando la misericordia, conforme lo dijera a nuestros padres en favor de Abraham y su posteridad para siempre’. Y quedóse María con ella como tres meses, y después se volvió a su casa”.

 

 

Coro: Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.

 

 

Tono 2º

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

Por las oraciones de los profetas, oh Misericordioso, borra la multitud de nuestros pecados.

 

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Por las oraciones de la Theotokos, oh Misericordiosos, borra la multitud de nuestros pecados.

 

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa.

 

Tono 6º

 

Las profecías de los profetas se han cumplido ahora, pues nuestro Dios nacerá de la Virgen María según las antiguas escrituras, y sin embargo, permanecerá tal y como era antes de su nacimiento. Los magos vienen trayendo regalos, los pastores yacen en los campos, y nosotros también cantamos con todos ellos: “Oh Señor, nacido de una Virgen, gloria a Ti”.

 

 

Oda VII

 

Irmos: El mandato profano de un tirano ilícito avivó la llama del horno en gran manera, pero Cristo vertió el rocío del Espíritu sobre los jóvenes que temían a Dios y clamaban: ‘Bendito sea Él, y exaltado por encima de todo”.

 

Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.

 

Que las nubes dejen caer agua desde lo alto; el que hace de las nubes, en gloria, Su carruaje, viene sobre una nube, que es la Virgen. La Luz que no conoce ocaso, resplandece sobre los que están en la oscuridad y en el peligro.

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

Oh huestes de los ángeles divinos, preparaos para cantar las alabanzas de la inefable condescendencia del Señor. Oh vosotros, magos, venid con premura; oh pastores, apresuraos. Cristo viene, Él, que es la Esperanza profetizada de las naciones y Su Liberación.

 

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 

“¿Qué es esta gran y asombrosa maravilla? ¿Cómo puedo llevarte en mis brazos, a Ti, que sostienes al mundo por Tu palabra? ¡Oh Hijo mío, que eres sin principio, Tu nacimiento está más allá de toda palabra!”. Así habló la Toda Pura, sosteniendo temerosamente a Cristo en sus brazos.

 

 

Oda VIII

 

Irmos: En la antigua Babilonia, por el mandato de Dios, el horno de fuego obró de forma contraria: quemando a los caldeos, refrescó a los tres jóvenes mientras cantaban: ¡Obras todas del Señor, bendecid al Señor!.

 

Gloria a Ti Señor, gloria a Ti.

 

La purísima Señora se asombró por la grandeza del misterio que cubría el cielo con conocimiento, y dijo: “El trono celestial que te aposenta está colmado por llamas radiantes; así pues, ¿cómo es que puedo llevarte en mí, oh Hijo mío?”.

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

“Tienes la semejanza de Tu Padre, oh Hijo mío. Por eso, ¿cómo es que te haces pobres y tomas sobre ti la semejanza de un siervo? ¿Cómo te he de colocar en un pesebre de bestias sin razón, Tú que libras a todos los hombres de la sin razón?. Canto alabanzas a Tu gran compasión”.

 

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Regocíjate, oh toda la tierra; he aquí que Cristo se acerca para nacer en Belén. Alégrate, oh mar; danza de alegría, tú, congregación de los profetas, viendo el cumplimiento de tus obras; alegraos, todos los justos.

 

 

Oda IX

 

Irmos: El Hijo del Padre sin principio se nos ha manifestado, Dios el Señor hecho carne de la Virgen, para dar la luz a los que están en la oscuridad, y para reunir a los dispersos. Por eso, magnificamos a la gloriosa Theotokos.

 

Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti.

 

Que los reyes de la tierra canten de alegría, y que todas las naciones exulten de regocijo. Montañas, colinas y valles, ríos y mares, y toda la creación, magnifique al Señor que ha nacido hoy.

 

Gloria a ti Señor, gloria a Ti.

 

Hasta donde era justo, fuiste visto por los profetas. Hecho hombre en los últimos tiempos, apareciste a todos en Belén, ciudad de Judá, y una estrella Te mostró a los astrónomos y magos, oh Tú, que sobrepasas toda interpretación.

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

He aquí que el santísimo Logos viene a Su propio y santo cuerpo que no es suyo. Por un asombroso nacimiento hace suyo al mundo que le era ajeno. Cantémosle himnos de alabanza a Él, que se hizo pobre por nosotros.

 

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 

“Oh dulcísimo Hijo, ¿cómo te alimentaré, a Ti, que das alimento a todos? ¿Cómo te sostendré, a Ti, que lo sostienes todo con tu poder? ¿Cómo te envolveré en pañales, a Ti, que envuelves la tierra con las nubes?”. Así clamó la Toda Pura Señora, a la que con fe, magnificamos.

 

 

 

En verdad es digno y justo, a ti alabarte Theotokos, siempre santa e inmaculada, Madre de Nuestro Señor. Más venerable que los querubines, e incomparablemente más gloriosa que los serafines, que sin mancha engendraste al Verbo Dios. A Ti verdadera Theotokos, te ensalzamos.

 

 

Megalimnario, tono 8º

 

Eres más grande que los cielos, y más pura que el resplandor del sol, pues nos has redimido de la maldición que pesaba sobre nosotros, oh Reina de la creación. Por eso, con himnos te veneramos.

 

Por la abundancia de mis pecados, estoy enfermo en el cuerpo y también en el alma. A Ti te tengo como refugio. Por eso, ayúdame Tú, oh esperanza de los desesperados, pues eres llena de gracia.

 

Oh Señora y Madre de Cristo nuestro Dios, recibe nuestras oraciones, pobres pecadores, pues te pedimos para que supliques Al que nació de ti. Oh Señora de la creación, ruega a Dios por nosotros.

 

Hoy te cantamos con admiración, con esta oda jubilosa, oh alabadísima Madre de nuestro Dios. Junto con el Bautista y todos los santos coros implora, oh Theotokos, para que podamos encontrar clemencia.

 

Purifiquemos nuestros cuerpos y nuestras almas del pecado, para que con una conciencia pura recibamos en Belén a Cristo, el Rey de la gloria que nació de la Virgen pura y sin pecado. ¡Venid y adorémosle!.

 

Tú, humilde pesebre, prepárate. Apresuraos, oh pastores, pues el nacimiento de Cristo está a punto. Apresuraos, oh magos, y reunios, todos los ángeles, y clamad: ¡A ti sea la gloria, pues por nosotros has nacido!.

 

¡Gloria a Dios que ha nacido hoy de la Virgen Madre, en la ciudad de Belén! Y así, que clamen los hombres y los ángeles con voces unidas, adorando la santa natividad del Salvador.

 

Ejércitos celestiales, Precursor del Señor, Apóstoles bienaventurados, y todos los santos, suplicad junto a la Madre de Dios, por nuestra liberación y salvación.

 

 

Lector: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros. (tres veces)

 

Gloria al Padre … Ahora y siempre …

 

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Soberano, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias por tu nombre.

 

Señor, ten piedad. (tres veces)

 

Gloria al Padre … Ahora y siempre …

 

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre. Venga a nosotros tu Realeza, hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan sobreesencial dánosle hoy; perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del maligno.

 

Sacerdote: Porque tuyo es el Reino, el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Tropario, tono 4

 

Prepárate, oh Belén, pues el Edén ha sido abierto para todos. Prepárate, oh Efrata, pues el Árbol de la Vida ha florecido de la Virgen en la cueva. Pues su vientre apareció como un paraíso escogido en el que fue plantada esta santa viña. Si comemos de ella, viviremos y no moriremos, como el antiguo Adán. Cristo nacerá, levantando la imagen que cayó en el principio.

 

 

Letanía

 

Sacerdote: Ten piedad de nosotros, oh Señor, según tu gran misericordia, te suplicamos que nos escuches y tengas piedad.

 

Coro: Señor, ten piedad (tres veces)

 

  1. También rogamos por todos los fieles cristianos ortodoxos.

 

  1. De nuevo rogamos por nuestro padre y Obispo N. y por toda nuestra hermandad en Cristo.

 

  1. Roguemos también para que obtengamos misericordia, vida, paz, salud, protección, perdón y remisión de los pecados de los siervos de Dios N. N., por los miembros de nuestra parroquia, y por los benefactores de este santo lugar.

 

  1. Roguemos también por los que hacen el bien en esta santa y venerable iglesia, por todos los que trabajan y cantan y por todo el pueblo aquí presente que espera de ti una grande y abundante misericordia.

 

  1. De nuevo pidamos para que libre a esta santa iglesia, a esta ciudad, a todas las ciudades y campos del hambre, la ira, las plagas y terremotos, de las inundaciones, de los incendios, de la espada, de las invasiones extranjeras, de la guerra civil y de la muerte súbita; que nuestro Dios, amante de la humanidad, sea misericordioso y se nos muestre favorable y nos libre de toda violencia y enfermedad y del justo castigo que merecen nuestros pecados y tenga misericordia de nosotros.

 

  1. Señor, ten piedad. (cuarenta veces)

 

  1. Roguemos también para que el Señor, y aunque somos pecadores, escuche nuestra súplica y tenga piedad de nosotros.

 

  1. Señor, ten piedad. (tres veces)

 

Sacerdote: Escúchanos, oh Dios Salvador nuestro, Esperanza de los que se encuentras en los confines de la tierra y de los que navegan por el mar; sé misericordioso, oh Señor, sé misericordioso, perdona nuestros pecados y ten piedad de nosotros. Porque eres un Dios compasivo y amante de la humanidad y a ti te damos gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

A la Theotokos

 

Oh Señora nuestra, recibe las oraciones de tus siervos y líbranos de todas las adversidades.

Toda nuestra esperanza está depositada en ti, oh Theotokos, protégenos con tu sagrado velo.

 

 

Lector: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Señor ten piedad. (tres veces). Bendice, padre.

 

El sacerdote, en las puertas reales y cara al pueblo dice la despedida:

 

Despedida

 

Que Cristo nuestro Dios, por intercesión de su purísima e inmaculada Madre, por el poder de la santa, poderosa y vivificante Cruz, por la protección de los honorables poderes celestiales, por la súplica del honorable, glorioso Profeta y Precursor, Juan el Bautista y de todos los santos profetas, de los santos, célebres e ilustres Apóstoles, de los santos Mártires, gloriosos y triunfadores, de los santos ancestros de Dios, San Joaquín y Santa Ana, de (N. santos del día) cuya memoria hoy celebramos; de (N., patrón de la iglesia) y de todos los santos, ten piedad de nosotros y sálvanos, pues eres bueno y amas a la humanidad.

 

Entonces, el sacerdote vuelto hacia el icono de Cristo que está en el iconostasio dice:

 

Sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros y sálvanos.

 

Lector: Amén.

 

Traducido por psaltir Nektario

Noviembre de 2015

para cristoesortodoxo.com

 

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Categorías:Paráclesis y cánones

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