Veneración ortodoxa de la Toda Santa Theotokos. Parte 3

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Los intentos de los Judíos y herejes por deshonrar  la Perpetua virginidad de María

Los judíos calumniadores se convencieron pronto de que era casi imposible deshonrar la  Madre de Jesús, y basándose en la información que poseían, era mucho más fácil de probar que la vida de María era digna de elogio. Por lo tanto, abandonaron esta calumnia, que ya había sido cogida por los paganos (Orígenes, Contra Celso, I), y se esforzaron por demostrar al menos que María no era virgen cuando dio a luz a Cristo. Incluso dijeron que las profecías referentes al nacimiento del Mesías por medio de una virgen nunca existieron, y que por lo tanto era totalmente en vano que los cristianos quisieran exaltar a Jesús por el hecho de que una supuesta profecía se estuviera cumpliendo en Él.

Se encontraron judíos traductores (Aquila, Símaco, Teodoción) que realizaron nuevas traducciones del Antiguo Testamento al Griego, y en estas traducciones, la conocida profecía de Isaías (Is. 7:14) la tradujeron de la siguiente forma: He aquí que la mujer joven concebirá. Afirmando que la palabra hebrea Aalma significaba “mujer joven” y no “virgen“, como se puso en la Sagrada traducción de los Setenta Traductores [Septuaginta], donde este pasaje había sido traducido como “He aquí que la virgen concebirá”.

Por esta nueva traducción querían demostrar que los cristianos, sobre la base de una traducción incorrecta de la palabra Aalma, pensaron atribuir a María algo completamente imposible, un nacimiento sin mediar un hombre, mientras que en realidad el nacimiento de Cristo no había sido en nada diferente al de otros nacimientos humanos.

Sin embargo, la maléfica intención de los nuevos traductores se reveló con claridad porque al comparar varios pasajes de la Biblia se hizo evidente que la palabra Aalma significaba precisamente “virgen“. Y, de hecho, no sólo los judíos, sino también los paganos, sobre la base de sus propias tradiciones y diversas profecías, esperaban que el Redentor del mundo naciera de una Virgen. Los Evangelios afirmaron claramente que el Señor Jesús había nacido de una Virgen.

¿Cómo será eso, pues no conozco varón? preguntó María, que había dado la promesa de su virginidad, al Arcángel Gabriel, que le había informado del nacimiento de Cristo.

Y el ángel respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá; por eso el santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios (Lucas 1:34-35).

Más tarde, el ángel se apareció también al justo José, que quería echar a María de su casa, al ver que Ella había concebido sin entrar en convivencia conyugal con él. A José, el Arcángel Gabriel le dijo: No temas recibir a María tu esposa, porque su concepción es del Espíritu Santo, y el ángel le recordó la profecía de Isaías sobre que una virgen concebiría (Mateo 1:18 -25).

La vara de Aarón que germinó, la roca arrancada del monte sin manos, vista por Nabucodonosor en un sueño e interpretado por el Profeta Daniel, la puerta cerrada vista por el Profeta Ezequiel, y muchas otras cosas en el Antiguo Testamento que prefiguran el nacimiento de la Virgen. Al igual que Adán fue creado por el Logos de Dios desde la tierra virgen y sin labrar, así también el Logos de Dios creó carne para sí de un vientre virgen cuando el Hijo de Dios se convirtió en el nuevo Adán a fin de enmendar la caída en el pecado del primer Adán (San Ireneo de Lyon, libro III).

El nacimiento sin semilla de Cristo puede y pudo ser negado sólo por aquellos que niegan el Evangelio, mientras que la Iglesia de Cristo desde el principio confiesa que Cristo “se encarnó del Espíritu Santo y de la Virgen María”. Sin embargo, el nacimiento de Dios de la Siempre Virgen fue una obstáculo para los que querían llamarse a sí mismos cristianos pero no querían humillarse en su mente y aceptar con celo la pureza de la vida. La vida pura de María fue un reproche para todos aquellos que eran impuros incluso en sus pensamientos. De manera que con el fin de mostrarse a sí mismos como cristianos, no se atrevieron a negar que Cristo nació de una Virgen, pero comenzaron a afirmar que María permaneció virgen sólo hasta que dio a luz a su hijo primogénito, y llamó su nombre Jesús (Mateo 1:25).
“Después del nacimiento de Jesús”, dijo el falso maestro Helvidio en el siglo IV, al igual que otros muchos dijeron antes y después de él, “María entró en la vida conyugal con José y tuvo de él (José) niños, que son llamados en los Evangelios los hermanos y hermanas de Cristo”. Pero la palabra “hasta” no significa que María permaneciera virgen sólo hasta un momento determinado. La palabra “hasta”, así como otras  palabras similares, a menudo significan “eternidad”. En la Sagrada Escritura se dice de Cristo: En sus días florecerá la justicia y abundancia de paz hasta que no haya luna (Sal. 71:7), pero esto no quiere decir que cuando no haya luna en el fin del mundo, cesará la justicia de Dios; más bien, será precisamente entonces cuando la justicia de Dios triunfará. Y ¿qué quiere decir cuando dice: Porque es necesario que Él reine hasta que ponga a todos los enemigos bajo sus pies? (I Cor. 15:25). ¡¿Es que el Señor reinará sólo durante el tiempo hasta que Sus enemigos estén bajo sus pies?! Y David, en el cuarto Salmo de la Ascensión dice: Como los ojos de los siervos están fijos en las manos de sus señores; como los ojos de la sierva en las manos de su señora, así nuestros ojos están fijos en el Señor nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros (Sal. 122:2), por lo tanto, el Profeta tendrá sus ojos puestos en el Señor, hasta que obtenga la misericordia, pero después de haberla obtenido, va a dirigirla a la tierra? (San Jerónimo “Sobre la Perpetua Virginidad de Santa María”). El Salvador en el Evangelio dice a los apóstoles (Mateo 28:20): “Y mirad que yo con vosotros estoy todos los días, hasta la consumación del siglo.” ¿Acaso el Señor, después de que el mundo llegue a su fin, abandonará a sus discípulos, y luego, cuando han de juzgar a las doce tribus de Israel sobre doce tronos, estarán privados de la comunión prometida con el Señor? (Bendito Jerónimo, op. Cit.)

Asimismo, es incorrecto pensar que los hermanos y hermanas de Cristo eran los hijos de Su Santísima Madre. Los nombres de “hermanos” y “hermanas” tienen varios significados. Estas palabras quieren dar a entender que hay un cierto parentesco entre las personas o una cercanía espiritual; se utilizan a veces en un sentido amplio, y otras veces en un sentido más estricto. En cualquier caso,  a la gente se le llama hermanos o hermanas si tienen un padre y una madre comunes, o si sólo tienen en común un padre o una madre; o incluso si tienen diferentes padres y madres, si sus padres (habiendo enviudado) han entrado en un matrimonio (hermanastros); o si sus padres están ligados por un cercano grado de parentesco.

En el Evangelio no se puede ver en ninguna parte que los que son llamados hermanos de Jesús fueran o se les pudiera considerar como hijos de su Madre. Por el contrario, se sabía que Santiago y otros fueron los hijos de José, el desposado con María, que era un viudo con hijos de su primera esposa. (San Epifanio de Chipre, Panarion, 78.) De igual manera, la hermana de Su madre, María, mujer de Cleofás, que estuvo con ella al pie de la Cruz del Señor (Juan 19:25), también tuvo hijos, que a la vista de tal parentesco cercano con pleno derecho podrían llamarse también hermanos del Señor. Que los llamados hermanos del Señor no eran los hijos de su madre es claramente evidente por el hecho de que el Señor confió a Su madre antes de Su muerte a su amado discípulo Juan. ¿Por qué habría de hacerlo si Ella tuviera otros hijos aparte de Él? Ellos mismos se habrían ocupado de ella. Los hijos de José, el supuesto padre de Jesús, no se consideraban obligados a hacerse cargo de alguien que consideran como su madrastra, o al menos no tenían para Ella tanto amor como los hijos de sangre tienen por sus padres, y eso es lo que el Juan adoptado tenía por Ella.
Por lo tanto, un cuidadoso estudio de la Sagrada Escritura revela con toda claridad la insustancialidad de las objeciones contra la Siempre Virginidad de María y ponen en evidencia a los que enseñan de manera diferente.

Traducido por hipodiácono Miguel P.

en 2014®

para cristoesortodoxo.com

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Categorías:San Juan Maximovicht, theotokos

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