Viaje al cielo, parte 2, capítulo 1: El evangelio de salvación.

0813tikhonzadonsk

Viaje al cielo

Parte II

EL CAMINO DE SALVACIÓN

Capítulo 1. El Evangelio de Salvación

¡Amados cristianos! Nada es más agradable, más hermoso y más dulce para nosotros como el Evangelio. Más deseado que el pan para el hambriento, o la bebida para el sediento, o la libertad para los cautivos que están en prisión, es el Evangelio para los pecadores que comprenden su desgracia. “Vino el Hijo del hombre a buscar y salvar lo perdido” (Lucas 19:10). Esta es la extremadamente dulce voz del Evangelio. ¿Quién es este Hijo del hombre? Es el Hijo de Dios, el Rey del cielo, enviado por Su Padre celestial, Quien por nosotros quiso ser llamado el Hijo del hombre. ¿Para qué vino?. Para buscar y salvar a los que estamos perdidos y llevarnos a Su Reino eterno. ¿Qué podría ser más deseable y estimable para los que estamos perdidos?. Pero veamos qué es el Evangelio, qué requiere de nosotros, y a quién es justamente predicado.

  1. Por su propio nombre, el Evangelio es la más alegre de todas las noticias. A todo el mundo se predica a Cristo, el Salvador del mundo, que vino a buscar y salvar a los perdidos. ¡Escuchad todos vosotros, pecadores perdidos; escuchad la extremadamente dulce voz del Evangelio! Nos clama: “Vino el Hijo del hombre a buscar y salvar lo perdido”.

Para nosotros es algo temible encontrarnos en pecado ante Dios. El Evangelio predica que nuestros pecados son perdonados por el nombre de Cristo, y que Cristo es nuestra justificación ante Dios. En Ti, mi Salvador, Jesús Cristo, el Hijo de Dios, yo soy justificado. Tú eres mi verdad e iluminación.

Para nosotros es algo temible hallarnos en enemistad con Dios. El Evangelio predica que Cristo nos ha reconciliado con Dios, y habiendo venido, predicó la paz a todos, tanto cerca como lejos. Para nosotros es algo temible la maldición de la Ley, pues todos somos pecadores; esta somete al pecador tanto al castigo temporal como eterno. El Evangelio predica que Cristo nos redimió de la maldición de la Ley habiéndose convertido esta en maldición para nosotros. Para nosotros es algo temible la muerte. El Evangelio predica que Cristo es nuestra resurrección y vida.

Para nosotros es algo temible la Gehena y el infierno. El Evangelio predica que Cristo nos liberó del infierno y de sus calamidades. Para nosotros es algo temible el estar separados de Dios. El Evangelio predica que estaremos siempre con el Señor en Su Reino eterno.

Esta, oh benditos cristianos, es la voz más dulce del Evangelio: “Gustad y ved cuán bueno es Dios” (Salmos 33:9). “Porque así amó Dios al mundo: hasta dar su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque no envió Dios su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo por Él sea salvo. Quien cree en Él, no es juzgado” (Juan 3:16-18). “Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, al suscitarnos un poderoso Salvador, en la casa de David, su siervo” (Lucas 1:68-69).

  1. A los cristianos se nos pide que recibamos estas dulces y celestiales noticias con agradecimiento, pues son enviadas desde el cielo, pues siempre damos gracias a Dios nuestro Benefactor con un corazón puro, pues libremente tuvo misericordia de nosotros, y así le mostramos santa obediencia y sumisión con toda gratitud. Pues la misma conciencia nos instruye y nos convence para que seamos agradecidos a nuestro Benefactor. Él nos amó, tan indignos como somos. Amémosle también, pues es digno de todo amor. Dios es ofendido por todo pecado. Alejémonos de todo pecado y obremos Su santa Voluntad para que no Le ofendamos, pues es nuestro Padre y Benefactor compasivo. “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:9-10).

  1. ¿A quién se predica el Evangelio? Cristo nos responde: “El Espíritu del Señor está sobre Mí, porque me ha ungido; Él me envió a dar la Buena Nueva a los pobres, a anunciar a los cautivos la liberación” (Lucas 4:18). En otras palabras, a aquella gente que, reconociendo sus pecados, ve su pobreza, su desgracia y su miseria, y tiene un corazón contrito con temor por el Juicio de Dios y pena; el Evangelio es justamente predicado a ellos así como un ungüento sanador es aplicado a una herida corporal. ¡Escuchad vosotros, almas apenadas y contritas, escuchad la dulce voz del Evangelio!. “Vino el Hijo del hombre a buscar y salvar lo perdido”; Él os busca y os salva, porque sois de aquellos a quienes vino a buscar. Aceptad y confesad ante Dios, que sois pecadores. Vuestros pecados también son perdonados por Cristo. Arrepentios de vuestros pecados y lamentaos ante Dios, pues la salvación también está preparada por Dios, para vosotros.

Es un dicho fiel, y digno de toda aceptación: “que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales el primero soy yo” (1ª Timoteo 1:15). El Espíritu Santo os habla mediante Su siervo: “Mi sacrificio, oh Dios, es el espíritu compungido; Tú no despreciarás, Señor, un corazón contrito y humillado” (Salmos 50:19). Este sacrificio es ofrecido a Dios por un corazón contrito y arrepentido, y Le es más aceptable que cualquier otro ofrecimiento. Dios mira con misericordia tal sacrificio y hace descender Su gracia sobre él.

Y así veis, oh cristianos, que el Evangelio no está destinado para aquellos cristianos que viven aturdidamente y en impiedad, y no reconocen sus pecados, pobreza y desgracia, y no tienen un corazón contrito. ¿Pues qué utilidad tiene el aceite para una roca? Un ungüento es aplicado a una herida, y se da la sanación al que reconoce y admite su debilidad. A tal gente se dice: “Sentid vuestra miseria, lamentaos y llorad. Truéquese vuestra risa en llanto y vuestro regocijo en pesadumbre. Abajaos delante del Señor y Él os levantará” (Santiago 4:9-10).  Y de nuevo: “Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles: y todo árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego” (Mateo 3:10).

¡Pecadores! Temamos el juicio de Dios y esforcémonos por tener un corazón contrito y humillado, para que también podamos sacar del Evangelio, como de una fuente de agua viva, el refresco y el consuelo, y para que podamos refrescar y lavar nuestras almas, y recibir así la vida eterna en Cristo Jesús nuestro Señor, a quien sea la gloria junto con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Traducido por psaltir Nektario B.

© Enero 2016

para cristoesortodoxo.com

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Categorías:San Tikon de Zandonsk

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