Akacisto por el descanso de los que se han dormido en el Señor

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  1. Bendito sea nuestro Dios ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Si no hay sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.

Gloria a Ti, Dios Nuestro, Gloria a Ti.

Rey del Cielo, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todo lugar, y que todo lo llenas, Tesoro de bienes y Dador de la Vida, ven y haz de nosotros tu morada, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (tres veces)

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras enfermedades, por tu nombre.

Señor, ten piedad (tres veces)

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre. Venga a nosotros tu Majestad, hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan sobreesencial dánosle hoy; perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos introduzcas en la tentación, mas líbranos del maligno.

  1. Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

El coro canta estos Troparios, tono 6º. En los días de fiesta y los domingos, se omiten.

 

Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros, porque aunque pecadores y privados de toda defensa, te ofrecemos como a nuestro Dueño esta súplica: Ten piedad de nosotros.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 

Señor, ten piedad de nosotros, pues hemos esperado en ti; no estés airado contra nosotros, ni te acuerdes de nuestras transgresiones, mas vuélvete hacia nosotros, oh Bondadoso, y líbranos de nuestros enemigos, porque eres nuestro Dios, y nosotros tu pueblo, la obra de tus manos, y clamamos a tu nombre.

Ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ábrenos las puertas de la misericordia, oh bienaventurada Madre de Dios, porque hemos esperado en ti; no permitas que perezcamos, sino que por ti seamos librados de las adversidades, porque eres la salvación del pueblo cristiano.

Señor, ten piedad (doce veces)

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Salmo 50

Ten compasión de mí, oh Dios, en la medida de tu misericordia; según la grandeza de tus bondades, borra mi iniquidad. Lávame a fondo de mi culpa, límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mi maldad y tengo siempre delante mi delito. He pecado contra Ti, contra Ti solo, he obrado lo que es desagradable a tus ojos, de modo que se manifieste la justicia de tu juicio y tengas razón en condenarme. Es que soy nacido en la iniquidad, y ya mi madre me concibió en pecado. Mas he aquí que Tú te complaces en la sinceridad del corazón, y en lo íntimo del mío me haces conocer la sabiduría. Rocíame, pues, con hisopo, y seré limpio; lávame Tú, y quedaré más blanco que la nieve. Hazme oír tu palabra de gozo y de alegría, y saltarán de felicidad estos huesos que has quebrantado. Aparta tu rostro de mis pecados, y borra todas mis culpas. Crea en mí, oh dios, un corazón sencillo, y renueva en mi interior un espíritu recto. No me rechaces de tu presencia, y no me quites el espíritu de tu santidad. Devuélveme la alegría de tu salud; confírmame en un espíritu de príncipe. Enseñaré a los malos tus caminos; y los pecadores se convertirán a Ti. Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios Salvador mío, y vibre mi lengua de exultación por tu justicia. Abre Tú mis labios, oh Señor, y mi boca publicará tus alabanzas, pues los sacrificios no te agradan, y si te ofreciera un holocausto no lo aceptarías. Mi sacrificio, oh Dios, es el espíritu compungido; Tú no despreciarás, Señor, un corazón contrito y humillado. Por tu misericordia, Señor, obra benignamente con Sión; reconstruye los muros de Jerusalén. Entonces te agradarán los sacrificios legales, las oblaciones y los holocaustos; entonces se ofrecerán becerros sobre tu altar.

Salmo 69

 

Ven a librarme, Dios mío, apresúrate, Señor, a socorrerme. Confundidos y sonrojados queden los que buscan mi vida; vuelvan la espalda cubiertos de vergüenza los que se gozan de mis males. Retrocedan llenos de confusión los que me dicen: “¡ajá! ¡ajá!”. Mas alégrense en Ti y regocíjense todos los que te buscan; y los que aman tu auxilio digan siempre: “Dios es grande”. Yo soy miserable y doliente; mas Tú, oh Dios, ven en mi socorro. Mi amparo y libertador eres Tú, oh Dios, no tardes.

Salmo 142

 

Señor, escucha mi oración, presta oído a mi súplica según tu fidelidad; óyeme por tu justicia, y no entres en juicio con tu siervo, porque ningún viviente es justo delante de Ti. El enemigo persigue mi alma, ha postrado en tierra mi vida; me ha encerrado en las tinieblas, como los ya difuntos. El espíritu ha desfallecido en mí, y mi corazón está helado en mi pecho. Me acuerdo de los días antiguos, medito en todas tus obras, contemplo las hazañas de tus manos, y extiendo hacia Ti las mías; como tierra falta de agua, mi alma tiene sed de Ti. Escúchame pronto, Señor, porque mi espíritu languidece. No quieras esconder de mí tu rostro: sería yo como los que bajaron a la tumba. Hazme sentir al punto tu misericordia, pues en Ti coloco mi confianza. Muéstrame el camino que debo seguir, ya que hacia Ti levanto mi alma. Líbrame de mis enemigos, Señor; a Ti me entrego. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi Dios. Tu Espíritu es bueno; guíame, pues, por camino llano. Por tu Nombre, Señor, guarda mi vida; por tu clemencia saca mi alma de la angustia. Y por tu gracia acaba con mis enemigos, y disipa a cuantos atribulan mi alma, porque soy siervo tuyo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Aleluya, aleluya, aleluya, gloria a ti oh Dios. (tres veces)

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un Solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, consustancial al Padre, por quien todo fue hecho, que por nosotros los hombres y para nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen, y se hizo hombre, y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado y resucitó al tercer día según las escrituras y subió al cielo y está sentado a la diestra del Padre y de nuevo volverá en gloria para juzgar a los vivos y a los muertos y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia. Que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para la remisión de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

Contaquio I

Oh Tú, que por Tu inescrutable Providencia preparaste al mundo para la bienaventuranza eterna y que señalaste los tiempos y las estaciones y el modo de nuestro fin: perdona, oh Señor, a los que han muerto en tiempos pasados en todos sus pecados; recíbelos en el reino de la luz y del gozo, apresúrate a abrirles tus paternales brazos, y escucha a los que celebramos su memoria y cantamos: ¡Oh Señor de indecible amor, recuerda a Tus siervos que se han dormido!.

Ikos I

Oh Tú, que salvas a Adán y a toda la raza humana de la perdición eterna, que enviaste a Tu Hijo al mundo, oh Buen Dios, y que por Su Cruz y Resurrección nos concedes también la vida eterna. Confiando en tu infinita misericordia, buscamos el reino inmortal de Tu gloria, te imploramos que se lo concedas a los que se han dormido y rezamos:

Alegra, oh Señor, las almas cansadas por las tormentas de la vida, para que las penas terrenales y los cánticos no los entierren en el olvido.

Escúchalos, oh Señor, en Tu seno, como una madre responde a sus hijos, y diles: vuestros pecados son perdonados.

Recíbelos, oh Señor, en Tu refugio tranquilo y bendito para que puedan regocijarse en Tu gloria divina.

Oh Señor de indecible amor, recuerda a Tus siervos que se han dormido.

Contaquio II

Iluminado por la luz de lo Alto, San Macario escuchó una voz de un cráneo pagano: “Cuando rezas por los que sufren en el infierno, hay alivio para los paganos”. Oh maravilloso poder de la oración cristiana, por la que incluso las regiones infernales son iluminadas. Tanto creyentes como incrédulos reciben consuelo cuando clamamos por todo el mundo: ¡Aleluya!

Ikos II

San Isaac el Sirio dijo una vez: “Un corazón misericordioso es el que arde de amor por los hombres y animales y por toda la creación, y en todo tiempo ofrece oraciones con lágrimas para que puedan ser purificados y protegidos”. Del mismo modo, nosotros valientemente suplicamos al Señor que ayude a los muertos desde el principio del tiempo y clamamos:

Envíanos, oh Señor, el don de la oración ferviente por los muertos.

Recuerda, oh Señor, a todos los que nos han pedido, indignos como somos, que recemos por ellos, y perdonas los pecados que han olvidado.

Recuerda, oh Señor, a los que han sido enterrados sin oraciones.

Recibe, oh Señor, en Tus moradas, a todos los que han muerto de pena o júbilo por una muerte repentina o prematura.

Oh Señor de indecible amor, recuerda a Tus siervos que se han dormido.

Contaquio III

Somos culpables de las calamidades del mundo, del sufrimiento de las criaturas irracionales, de las enfermedades y tormentos de los niños inocentes, pues por causa de la caída del hombre, ha sido afectada la bienaventuranza y la belleza de toda la creación. ¡Oh Cristo nuestro Dios, el más grande de todos los sufrientes!. Sólo tú puedes perdonarnos a todos. Así pues, perdona a todos y todo, y concede al mundo su prosperidad primera, para que los vivos y los muertos puedan regocijarse y clamar: ¡Aleluya!.

Ikos III

Oh Gozosa Luz, Redentor del mundo, abraza a todo el universo con Tu amor, pues he aquí, se escucha Tu clamor desde la Cruz por Tus enemigos: “Padre, perdónalos”. En nombre de Tu amor perdonador nos atrevemos a rezar a Tu Padre Eterno por el descanso eterno de Tus enemigos y de los nuestros.

Perdona, oh Señor, a los que han vertido sangre inocente, a los que han sembrado el camino de nuestra vida con penas, a los que han caminado en la prosperidad por medio de las lágrimas de sus prójimos.

No condenes, oh Señor, a los que nos persiguen con calumnias y maldad.

Paga con misericordia a los que hemos perjudicado u ofendido por ignorancia, y concede que nuestra oración por ellos sea santa por el sacramento de la reconciliación.

Oh Señor de indecible amor, recuerda a Tus siervos que se han dormido.

Contaquio IV

Salva, oh Señor, a los que han muerto en graves sufrimientos, a los que han sido asesinados, a los que fueron enterrados vivos, a los que fueron ahogados o quemados, a los que fueron devorados por bestias salvajes, a los que murieron de hambre o frío, a los que estaban expuestos en las tempestades, a los que cayeron desde grandes alturas, y concédeles a todos el descanso eterno por la pena de su muerte. Que el tiempo de su sufrimiento sea bendecido como un día de redención, para que puedan cantar: ¡Aleluya!.

Ikos IV

Recompensa con la compasión de Tu infinito amor, oh Señor, a los que han muerto en la flor de su juventud, que recibieron en la tierra la corona de espinas del sufrimiento y nunca experimentaron el gozo terrenal. Concede la recompensa a los que murieron a causa de excesivo trabajo, por explotación o trabajo agotador.

Recibe, oh Señor, en las salas nupciales del paraíso a los chicos y chicas, y concédeles el gozo en el banquete de bodas de Tu Hijo.

Conforta y consuela el dolor de los padres por sus hijos muertos.

Da descanso, oh Señor, a los que no tienen a nadie que Te ofrezca oraciones por ellos, a Ti su creador, para que sus pecados sean borrados en la deslumbrante luz de Tu perdón.

Oh Señor de indecible amor, recuerda a Tus siervos que se han dormido.

Contaquio V

Nos has dado la muerte como último prodigio para devolvernos a nuestros sentidos y al arrepentimiento, oh Señor. En esta luz terrible, la vanidad terrenal queda expuesta, y las pasiones carnales y los sufrimientos se vuelven tenues, y se humilla la razón sumisa. La justicia eterna y la rectitud se abren ante nuestros ojos y así, los incrédulos y los sobrecargados de pecados confiesan en su lecho de muerte Tu existencia real y eterna y claman a Tu misericordia: ¡Aleluya!

Ikos V

Oh Padre de todo consuelo y alivio. Tú resplandeces con el sol, T deleitas en tus frutos y Te alegras con la belleza del mundo, tanto con tus amigos como con tus enemigos.

Y creemos que incluso más allá de la tumba, Tu bondadoso amor, que es misericordioso incluso con los pecadores rechazados, no falla.

Nos afligimos por los blasfemos malvados y empedernidos de Tu Santidad.

Que Tu salvífica y graciosa Voluntad esté sobre ellos.

Perdona, oh Señor, a los que han muerto sin arrepentimiento.

Salva a los que han cometido suicidio en la oscuridad de su mente, para que la llama de su pecado se extinga en el océano de Tu gracia.

Oh Señor de indecible amor, recuerda a Tus siervos que se han dormido.

Contaquio VI

Terrible es la oscuridad de un alma separada de Dios, el tormento de su conciencia, el rechinar de sus dientes, el inextinguible fuego y el gusano que no muere. Tiemblo por el pensamiento de este hecho, y rezo por los que sufren en el infierno, así como por mí mismo. Que nuestros himnos desciendan sobre ellos como rocío refrescante mientras cantamos: ¡Aleluya!

Ikos VI

Tu luz, oh Cristo nuestro Dios, ha resplandecido sobre los que moran en la oscuridad y en la sombra de la muerte y sobre los que están en el infierno y no pueden clamarte. Desciende a las regiones infernales de la tierra, oh Señor, y lleva el gozo de Tu gracia a Tus hijos que se han separado de Ti por el pecado, pero que no Te han rechazado.

Pues sufren cruelmente. Ten misericordia de ellos.

Pues pecaron contra el cielo y ante Ti, y sus pecados son infinitamente graves, pero Tu misericordia es infinita.

Visita la amarga miseria de las almas separadas de Ti.

Ten piedad, oh Señor, de los que odiaron la verdad por ignorancia.

Que Tu amor esté sobre ellos, no como fuego consumidor, sino como frescura del Paraíso.

Oh Señor de indecible amor, recuerda a Tus siervos que se han dormido.

Contaquio VII

Queriendo ayudar por Tu poderoso poder a Tus siervos que se han dormido, apareciste a tus amados, oh Señor en sueños misteriosos, inspirándoles claramente que rezaran, para que pudieran recordar a los difuntos, y que hicieran buenas obras y trabajo, con fe y amor por ellos, clamando: ¡Aleluya!

Ikos VII

La Iglesia universal de Cristo ofrece incesantemente oraciones a toda hora por los difuntos de todo el mundo, para que los pecados del mundo sean lavados por la purísima Sangre de Tu divina corona, y para que las almas de los que se han dormido sean llevadas de la muerte a la vida y de la tierra al cielo por el poder de las oraciones ofrecidas por ellos en los altares de Dios.

Que la intercesión de la Iglesia por los muertos, oh Señor, sea una escalera al cielo.

Ten piedad de ellos, oh Señor, por la intercesión de la santísima Theotokos y de todos los santos.

Perdónales sus pecados por Tus siervos que Te claman día y noche.

Por los hijos inocentes, oh Señor, ten piedad de sus padres, y por las lágrimas de sus madres, perdona los pecados de sus hijos.

Por las oraciones de los inocentes que sufren y por la sangre de los mártires, perdona y ten piedad de los pecadores.

Recibe, oh Señor, nuestras oraciones como recuerdo de sus virtudes.

Oh Señor de indecible amor, recuerda a Tus siervos que se han dormido.

Contaquio VIII

El mundo entero es un cementerio sagrado y común, pues en todo lugar está el polvo de nuestros padres y hermanos. Oh Cristo nuestro Dios, que nos amas invariablemente, perdona a todos los que han muerto desde el principio hasta ahora, para que puedan cantarte con infinito amor: ¡Aleluya!

Ikos VIII

Viene el día, como horno incandescente, el día grande y terrible del Juicio Final, cuando los secretos de los hombres sean revelados y los libros de la conciencia sean expuestos.

“Reconciliaos con Dios”, clama San Pablo.

“Reconciliados antes de aquel día terrible”.

Ayúdanos, oh Señor, a cubrir con las lágrimas de los vivos aquello que estaba ausente en los muertos.

Que el sonido de la trompeta del ángel, oh Señor, sea para ellos el anuncio alegre de su salvación y la gozosa manumisión de su libertad en la hora de Tu juicio.

Corona con gloria a los que han sufrido por Ti, oh Señor, y cubre los pecados de los débiles con Tu bondad.

Oh Señor, que conoces a todos por su nombre, recuerda a los que buscaron la salvación en la vida monástica.

Recuerda a los bienaventurados pastores con sus hijos espirituales.

Oh Señor de indecible amor, recuerda a Tus siervos que se han dormido.

Contaquio IX

Bendice el paso ligero del tiempo. Pues toda hora y todo momento, trae cercana a la eternidad. Una nueva pena, un nuevo cabello gris son los heraldos del mundo venidero, testigos de la corrupción terrenal, pues todo pasa (ellos nos lo dice), y el reino eterno está cercano, donde no hay pena, ni suspiro, ni lágrimas, sino canto gozoso: ¡Aleluya!

Ikos IX

Así como un árbol pierde sus hojas pasado un tiempo, sí nuestros días, tras un cierto número de años, llegan a su fin.

El festival de la juventud se va, la lámpara del gozo huye, la locura y la despojo de los años se acerca.

Amigos y parientes mueren. ¿Dónde estás, joven que disfrutabas de tu juventud?.

Sus tumbas están en silencio, pero sus almas están en Tu mano.

Pensemos cómo nos miran desde el mundo espiritual.

Oh Señor, Sol resplandeciente, ilumina y calienta las moradas de los que se han dormido.

Que el tiempo de nuestra amarga separación pase para siempre.

Concede que todos sean uno contigo, oh Señor.

Restaura en los fallecidos, oh Señor, la pureza de la niñez y el espíritu genial de la juventud, y que la vida eterna sea para ellos una fiesta Pascual.

Oh Señor de indecible amor, recuerda a Tus siervos que se han dormido.

Contaquio X

Vertiendo lágrimas en las tumbas de nuestros familiares, rezamos con esperanza y clamamos con expectación: Dinos, oh Señor, que sus pecados son perdonados. Da a nuestro espíritu una seguridad secreta de ello, para que podamos cantar: ¡Aleluya!

Ikos X

Mirando a tras, veo nuestra vida pasada. ¡Que vasta multitud de gente ha fallecido desde el primer día hasta ahora!. Y muchos de ellos me han hecho bondades. Con gratitud por lo que les debo, con amor Te clamo:

Concede la gloria celestial, oh Señor, a mis parientes y a mis queridos y cercanos familiares que me vieron desde mi cuna en la niñez, y me criaron y me educaron.

Glorifica, oh Señor, en la presencia de los santos ángeles, a los que me contaron las alegres nuevas de salvación y me enseñaron lo que es justo y bueno, lo justo y verdadero, por el santo ejemplo de sus vidas.

Llena con regocijo, oh Señor, a los que me alimentaron con el maná oculto en los días de mi pena y aflicción.

Recompensa y salva a todos los benefactores y a los que ayudaron a otros personalmente y con la oración.

Oh Señor de indecible amor, recuerda a Tus siervos que se han dormido.

Contaquio XI

¿Oh muerte, dónde está tu aguijón?. ¿Dónde está la oscuridad y el terror que reinaba en el pasado?. Desde ahora eres el ansia para la unión inseparable con Dios. ¡Oh gran paz del Sábado místico!. Queremos morir y estar con Cristo, clama el apóstol. Por eso, también miramos la muerte como la puerta hacia la vida eterna, y clamamos: ¡Aleluya!

Ikos XI

Los muertos se levantarán y los que están en las tumbas se pondrán en pie, y los que estén vivos en la tierra exultarán de gozo cuando estén con sus cuerpos espirituales, radiantes de gloria e incorrupción.

Huesos secos, escuchad la palabra del Señor: “Dispondré sobre vosotros un espíritu de vida, y pondré tendones sobre vosotros, y os revestiré de carne, y os cubriré con piel”.

Levantaos, los antiguos, pues sois redimidos por la sangre del Hijo de Dios, restaurados a la vida por Su muerte, pues la luz de la Resurrección ha amanecido sobre vosotros.

Ábreles ahora, oh Señor, el abismo de Tus perfecciones.

Tú has hecho brillar sobre ellos la luz del sol y de la luna, para que puedan ver la gloria de los coros radiantes de los ángeles.

Los has deleitado con la magnificencia de las luces celestiales del oriente y del occidente, para que también puedan ver la luz sin ocaso de Tu Divinidad.

Oh Señor de indecible amor, recuerda a Tus siervos que se han dormido.

Contaquio XII

La carne y la sangre no heredarán el reino de Dios. Mientras vivimos en la carne, estamos separados de Cristo. Y si morimos, viviremos eternamente. Pues nuestro cuerpo corruptible debe revestirse de incorrupción, y esta naturaleza mortal debe resplandecer con la inmortalidad, para que en la luz del día eterno podamos cantar: ¡Aleluya!.

Ikos XII

Esperamos el encuentro con el Señor, esperamos el alba clara de la Resurrección, esperamos la resurrección de sus tumbas de nuestros parientes muertos y de nuestros allegados, y su restauración a la santa belleza de vida.

Y nos regocijamos en la próxima transfiguración de toda la creación y clamamos a nuestro Creador: “Oh Señor, que creaste al mundo para el triunfo del gozo y la bondad, que nos has restaurado de los abismos del pecado a la santidad, concede que los muertos puedan reinar en la nueva creación y resplandezcan como luces celestiales en el día de su gloria.

Que el Divino Cordero sea su luz perpetua.

Concede, oh Señor, que también nosotros podamos celebrar con ellos la Pascua inmortal.

Une a los muertos y a los vivos en un gozo interminable.

Oh Señor de indecible amor, recuerda a Tus siervos que se han dormido.

Contaquio XIII

Oh misericordioso y eterno padre, cuya voluntad es que todos se salven, que enviaste a Tu Hijo a los perdidos y derramaste Tu vivificador Espíritu: Ten piedad de nuestros familiares y nuestros allegados que se han dormido, y de todos los que han muerto desde todos los tiempos; perdónalos y sálvalos, y por su intercesión visítanos, para que con ellos, podamos clamarte, oh nuestro Dios y Salvador, el himno de victoria: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

(Este contaquio se repite tres veces)

 

(Se repite el ikos y el contaquio I)

Oración por los que se han dormido

Oh Dios de los espíritus y de toda carne, que has pisoteado la muerte, derrotado al maligno y dado vida a Tu mundo:

Da descanso, oh Señor, a las almas de Tus siervos que se han dormido: patriarcas, metropolitas, arzobispos, obispos, sacerdotes, diáconos, hipodiáconos, monjes y monjas, y a todos los que Te han servido en Tu iglesia, a los fundadores de todas las iglesias y monasterios, y a todos los antepasados ortodoxos, padres, hermanos y hermanas que han muerto aquí y en todo lugar, oficiales, soldados y los ejércitos de tierra, mar y aire que han entregado sus vidas por su fe y país, a todos los fieles asesinados en las guerras civiles, a los que se han ahogado, quemado, congelado hasta la muerte, devorados por bestias salvajes, y los que han muerto repentinamente sin arrepentimiento y no tuvieron tiempo de reconciliarse con la Iglesia y con sus enemigos, a los que arrebataron sus vidas en un momento de trastorno mental, a los que pidieron que rezáramos por ellos, a los que no tienen a nadie que rece por ellos, a los que murieron sin un entierro cristiano, (NOMBRES), en la morada de la luz, en la morada de delicia, en la morada de descanso, donde no ha sufrimiento, ni pena, ni dolor. Perdona todos sus pecados de pensamiento, palabra y obra, porque Tú eres un Dios bondadoso y Amante de los hombres. Pues no hay nadie que viva sin pecado. Tú eres el único sin pecado, y Tu justicia es la justicia eterna, y Tu Palabra es la Verdad.

Pues Tú eres la Resurrección, la Vida y el Descanso de Tus siervos que se han dormido (NOMBRES), oh Cristo Dios nuestro, y a Ti te rendimos gloria, junto con Tu Padre Eterno, y Tu santísimo, bueno y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

  1. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros. (tres veces)

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias por tu nombre.

Señor, ten piedad. (tres veces)

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre. Venga a nosotros tu Majestad, hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan sobreesencial dánosle hoy; perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos introduzcas en la tentación, mas líbranos del maligno.

  1. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

  1. Bendice, padre.

  1. Aquél, que es bendito os bendiga, Cristo, Dios nuestro, en todo tiempo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

  1. Amén. Oh Cristo nuestro Dios, fortalece en la santa y verdadera fe a todos los cristianos piadosos y ortodoxos, así como a esta santa asamblea por los siglos de los siglos.

  1. ¡Santísima Madre de Dios, sálvanos!

  1. Tú más venerable que los querubines, e incomparablemente más gloriosa que los serafines, que sin mancha engendraste a Dios el Verbo, a Ti verdadera Madre de Dios, te magnificamos.

  1. ¡Gloria a Ti, Cristo Dios nuestro, esperanza nuestra, gloria a Ti!

  1. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén. Señor ten piedad (tres veces). Padre, bendice.

  1. Que Cristo, nuestro verdadero Dios, por las plegarias de su Madre Santísima, toda pura e inmaculada, de los santos gloriosos Apóstoles, de los santos y justos antepasados del Señor, Joaquín y Ana y de todos los Santos, dé el descanso a todos sus siervos difuntos, tenga piedad de nosotros y nos salve, porque él es bueno y amante de la humanidad.

  1. Amén.

 

 

Traducido por psaltir Nektario B.

© Abril 2016

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