“He visto a un hombre santo”. Sobre el día de la dormición del archimandrita Juan Krestiankin

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El 5 de febrero de 2006, el staretz conocido en toda Rusia, el archimandrita Juan (Krestiankin), se durmió en el Señor. Sucedió que aquel mismo día de 2006 era la víspera de la celebración de los Nuevos Santos Mártires de Rusia, y muchos vieron en la dormición del bendito staretz la culminación de una era de confesores de la fe ortodoxa en la sufriente tierra rusa. El padre Juan había sido encarcelado y torturado por su firme confesión de la fe, e incluso tras su liberación vivió una vida bajo constante vigilancia por parte de las autoridades soviéticas. No fue un tiempo sencillo, y se requería una gran sabiduría y espiritualidad para guiar a sus hijos espirituales a través de esta vida. El padre Juan viene a la memoria de la gente que tiene estos dones en abundancia.

Lo siguiente procede del recuerdo de uno de sus hijos espirituales, el higumeno Savatty (Rudakov). El padre Savatty es también el constructor y el padre confesor de un monasterio femenino, que fue establecido con la bendición del padre Juan.

El padre Savatty fue educado en una piadosa familia ortodoxa, y respondió a la llamada de convertirse en sacerdote. Pero el deseo de su corazón era encontrar un padre espiritual, incluso aunque todos le dijeran que ya no había staretzs como los antiguos, que pudieran conducir a una persona a través de la vida. El padre Savatty rezó y esperó, y finalmente Dios le condujo al padre Juan en el monasterio de las Cuevas Pskov.

La escritora Olga Rozhneva habla con el padre Savatty sobre su amado padre espiritual, el archimandrita Juan (Krestiankin).

* * *

¡Ahí está!

Dicen que un instructor viene cuando el discípulo está listo para escucharlo…

El padre Savatty recuerda su primer encuentro con su futuro padre espiritual tan claramente como si hubiera sucedido ayer. Pero realmente sucedió hace mucho tiempo, en 1988. El padre Juan tenía 78 años en aquel tiempo. El joven sacerdote vino al monasterio de las Cuevas Pskov y llegó a los oficios de la gran catedral de San Miguel. Antes de que comenzaran los oficios, fue invitado, como sacerdote, al altar.

Esperó con temor y temblor encontrarse con el staretz. Un joven sacerdote estaba de pie junto a él, y también había venido a allí por primera vez. Este había visto al menos al padre Juan antes, pero el padre Savatty no tenía ni la más remota idea de cómo era el staretz. No había fotografías en aquel tiempo, y las revistas y los periódicos ortodoxos eran pocos y distantes entre sí.

Entonces, se abrió la puerta del altar y entró un staretz hieromonje. ¿O era un higumeno? El padre Savatty pensó: ¿Quizá este es el staretz? No, probablemente no es él…”.

Así, entró otro, un poco más mayor y completamente canoso. “¿Será este? Oh, no es él…”. Entraron muchos más hieromonjes en el altar, pero su corazón se quedó en silencio: “No creo que no haya ningún padre espiritual aquí… Sólo entonces, entró un sacerdote staretz, canoso, y el corazón del padre Savatty comenzó a palpitar, con el sentimiento que uno tiene cuando va a un día de fiesta en la iglesia. “¡Ahí está!”.

“Sentí que no podía estar equivocado”, señala el padre Savatty. “El hombre que andaba allí resplandecía con una gran luz interior!. Con tranquilidad pregunté al diácono: “¿Es este el padre Juan Krestiankin?”, y el diácono respondió: “Por supuesto que es el padre Juan Krestiankin. ¿No lo conoce?”.

Pero el joven sacerdote no se ofendió por esta crítica. El diácono estaba en lo cierto; es imposible no reconocer al padre Juan. No podía confundirse con nadie más. Y su corazón le decía: “Aquí está mi padre espiritual”.

Palabras sencillas

Toda la vida del sacerdote dio la vuelta tras conocer al staretz. El padre Savatty se acercó a él y sintió que no tenía palabras, nada que preguntar. Sólo quería estar cerca de él y sentir el amor radiante que surgía de este hombre. Era como una fuerza celestial que procedía de su alma. El padre Juan vertía su amor celestial en todos los que había a su alrededor, y al principio, no pudo entender: “¿Cómo podía amar el padre Juan a todos? Aquí hay un hombre maligno, allí hay un hombre con manos impuras, mientras que otro se avergüenza de sí mismo por todos los pecados que hay en su alma. Pero el staretz los amaba a todos así como una madre ama a sus hijos enfermos. Este era el amor de Cristo.

Así, el padre Savatty permaneció cerca del staretz en silencio. Entonces, el padre Juan le preguntó en voz baja: “¿Y quién eres tú?”.

“Soy un sacerdote…”.

“¿Eres un hieromonje o un sacerdote casado?”.

“Soy un sacerdote soltero”.

“No existe tal cosa en la tradición rusa. Dile a tu obispo que te tonsure como monje”.

El staretz señaló una fecha para encontrarse con el padre Savatty. El joven sacerdote se preparó durante mucho tiempo para este encuentro. Se preparó para preguntar (según su opinión) preguntas importantes y complicadas. Pero cuando comenzó la discusión sintió que era un hijo espiritual. El padre Juan no respondía a las preguntas que hacía el padre Savatty, como si ni siquiera las escuchara. Empezó con palabras sencillas, pero estas sencillas palabras eran, sin embargo, extraordinarias. Un abismo espiritual se revelaba con cada palabra, y se podía pensar y reflexionar en cada una de ellas.

El higumeno Savatty sonríe: “Le pregunto sobre Harry y el me cuenta sobre Larry. ¿Entiendes? Era un médico espiritual, un profesor espiritual. Te quejas ante él sobre una enfermedad espiritual, como un grano que brota sobre tu nariz. Pero él ya ha penetrado en tu corazón como un rayo x y ha visto la razón principal de tu enfermedad espiritual. Y tu debilidad, y tus pasiones…., como un médico que ve lo que el paciente no ve. El padre Juan hablaba la verdad de Dios, pero la decía muy dulce y cuidadosamente. Así como una madre amorosa que alimenta a sus hijos, sopla en las gachas de avena, y las enfría para que el niño no se queme, así es como el staretz alimentaba a sus hijos espirituales. Pero la verdad de Dios no es siempre fácil de digerir para un hijo… Nunca dejaba que sus hijos espirituales se fueran sin darles algún dulce, algún chocolate, y los amaba como a sus hijos. A menudo decía: “¡Mis bienes!”.

“Pero si el padre Juan veía un vicio muy arraigado o una pasión destructiva era como si tuviera que hacer una operación espiritual, y rezaba por esa persona. Tú volvías a casa sintiendo una pena leve, y el staretz te estaba sanando y abría una herida espiritual. Así pues, la incisión duele porque está sanando. Cauterizaba tu dolencia espiritual, pero lo hacía tan sutil y gentilmente que no sentías cómo había tenido lugar la operación”.

“Cuando regresé a casa tras encontrarme con el staretz sentí que era un hombre con suerte. Había encontrado un padre espiritual. Y estaba feliz simplemente porque existía en el mundo. Sentí su amor y sus oraciones desde la distancia, porque me recibió como a uno de sus hijos espirituales e inmediatamente comenzó a rezar. Conocía y recordaba a miles de personas por su nombre”.

“El padre Juan era una ventana al Reino del cielo. Vi al Señor a través de él, porque reflejaba a Dios en sí mismo. Nuestra alma es Adán, que ha perdido a Dios. Y lo busca y no se conforma con cualquier otra cosa. Ni poder, ni riquezas, ni ninguna clase de delicias espirituales pueden saciar este anhelo de Dios o dar la paz al alma. Así fue como comprendí lo que debieron sentir los apóstoles cuando estaban cerca de Cristo, o cómo les bastaba con decir: “Es bueno que estés con nosotros aquí”. No había otras palabras, solo felicidad.

“Algún tiempo después, cuando ya estaba en casa, un trabajador del monasterio leyó en alguna parte que el padre Juan había muerto. Me lo contó. Me sentí como un niño pequeño que había perdido tanto a su padre como a su madre, y lloré desconsoladamente. En aquel momento, perderlo habría significado la muerte para mí.

“Entonces el trabajador me dijo que se había equivocado”.

Una dirección en la vida

“El padre Juan dio a sus hijos espirituales la recta dirección en la vida”, continúa el padre Savatty, “se la daba como si fuera un ‘mapa’. Y esto es muy importante: después de todo, si tú no conoces el camino, puedes perecer. Pero luego, el staretz nos instruía para caminar con nuestras propias piernas. No podías “sentarte” sobre el staretz.

Toda la vida del padre Savatty tras encontrarse con el padre Juan y durante dieciocho años hasta la muerte del padre Juan, estuvo bajo la guía del staretz. Recibió la tonsura monástica y se convirtió en monje. Más tarde, con la bendición del padre Juan, fundó un monasterio. Fue el constructor, el padre espiritual y el líder del monasterio de San Trifón de Kazan, que ahora (en 2010), tiene quince años.

El padre Savatty también recuerda:

“Acudía al staretz cuando tenía que decidir cuestiones importantes en mi vida. Al igual que en el camino, había llegado a una bifurcación y no sabía qué camino tomar. Y el staretz me mostraba el camino. Una vez, le pregunté: “¿Qué haremos cuando nos abandones? ¿A quién acudiremos?”. El padre Juan respondió: “Ten fue en la Providencia de Dios”. Sí, este es ahora nuestro camino. El Señor se llevó a nuestro Moisés espiritual al cielo, y ahora tenemos que caminar por nosotros mismos.

“El staretz nos mandó no separarnos de la Iglesia. Su testamento espiritual no fue en defensa del número de identificación personal, sino que estaba contra el cisma. Dijo: “Temed la división y el cisma en la Iglesia. Temed alejaos de la Madre Iglesia: sólo ella retiene la lava del libertinaje anticristiano del mundo de hoy”. Amaba y se compadecía de la gente y entendía que sin la Madre Iglesia, la gente perecería. Y luchó contra la ira de todos los demonios que tanto deseaban alejar a le gente de la Iglesia, de la Liturgia, de la Comunión. Con humildad, soportó los golpes de los que lo criticaban por esto”.

Los demonios urdieron una cruel venganza contra el staretz. El padre Savatty recuerda una tentación:

“Durante sus años finales, el padre Juan estuvo muy enfermo: su edad se hacía notar, junto con las difíciles labores pastorales y las pruebas en la prisión. En 1950, fue arrestado por su servicio pastoral y sentenciado a siete años en un campo de trabajo. El interrogador, Iván Mikhailovich Zhukov, que interrogó al staretz, se destacó por su crueldad. El encarcelamiento del padre Juan le dejó cicatrices físicas: le rompieron los dedos de su mano izquierda y los arreglaron de cualquier forma. Pero las cicatrices emocionales eran incluso peor. Dos meses en la prisión de Lubyanka, dos meses en confinamiento solitario en la prisión de Lefortovo, luego en una celda con criminales en la prisión de Butyrka, un régimen estricto en un campo de concentración, trabajos forzados en los bosques, excediendo sus fuerzas, el hambre… Al padre Juan no le gustaba recordar los horrores de su encarcelamiento; tan sólo decía lacónicamente: “Bueno, en prisión, hice verdadera oración, y por eso cada día estaba al borde de la destrucción”.

Toda su vida, así como en sus años finales, el staretz descansaba muy raramente. Cuando sus fuerzas le fallaban por completo, viajaba a Estonia, a una tranquila localidad rural, a visitar a un arcipreste que conocía. Allí, rezaba en soledad. Y en uno de aquellos días de corto descanso, cuando el staretz enfermo dormía, un oficial de alto rango de la policía vino a él. Con él venía un importante jefe que no estaba acostumbrado al rechazo o a esperar. Dejando de lado la celda del padre Juan, este alto cargo caminó sin ceremonia por la habitación del padre Juan y comenzó a despertarlo dándole una palmada en el hombro. El padre Juan recordó después que cuando abrió sus ojos vio el pasado: a su alrededor, un campo de concentración, guardias brutales, y quizá incluso a su interrogador. El staretz se volvió pálido y perdió su capacidad de hablar. Corriendo por la habitación, el morador de la celda levantó sus manos y gritó: ¿Qué estáis haciendo? ¡Vais a matar al padre!. El padre Juan estuvo enfermo durante una semana después de aquello. Así es como se vengaron los demonios del staretz por medio de la gente.

En los últimos años de su vida, el staretz alcanzó tal grado espiritual que creció en él cierto sentimiento: sólo estaba corporalmente en la tierra, pero su espíritu estaba en el cielo. El padre Savatty recuerda un oficio del domingo de los ancestros del Antiguo Testamento:

“En este oficio se conmemoraban a todos los antepasados del Antiguo Testamento: Abraham e Isaac, Jacob y José… Entonces salimos para la Litia. El padre Juan presidía el oficio. Cuando conmemoró a todos los antepasados del Antiguo Testamento, nombrándolos a todos por su nombre, se tuvo la sensación de que miraba como si los estuviera viendo a todos. Estaban allí, pasando ante él. Se hacía la señal de la cruz sobre si mismo y se inclinaba ante cada uno de ellos, como si ellos también lo bendijeran. Era un poco pavoroso este hecho, como si se llenara la iglesia, como si la iglesia se estuviera llenando con los padres del Antiguo Testamento y estuvieran justo a nuestro lado”.

“¿Quizá era así como se sentía la gente que estaba presente cuando San Sergio de Radonezh y San Esteban de Pern se inclinaron uno frente a otro desde una distancia de una docena de kilómetros? ¿O aquellos que estaban presentes en los oficios de San Juan de Kronstadt, que rezaban con gran denuedo, como si estuviera ante nuestro Maestro y Señor, pidiendo Su misericordia?”.

“Y sentí que el padre Juan ya se estaba comunicando en espíritu con los antepasados. Cuando llegue a mi celda, comencé a tener dudas: ¿quizá sólo hacía el tonto? ¿Podría ser su “prelest” (engaño espiritual)? Pero cuando hablé con los demás padres del monasterio, me aseguraron que habían experimentado lo mismo.

Cuando el padre Juan murió en 2006, todos sus hijos espirituales sintieron una enorme tristeza. El padre Savatty recuerda que cuando subió al tren en la estación de Leningrado, en Moscú, estaba lleno de gente que viajaba al funeral del padre Juan. Incluso la conductora del tren sintió su pérdida y cubrió su cabeza con el velo mientras conducía, los vagones estaban llenos de hombres barbudos llevando casacas, y las mujeres, bufandas y faldas largas. Era un tren fraternal ortodoxo. El padre Savatty pensó durante un momento y entonces terminó su historia:

“En el funeral, se dejó la tristeza y en su lugar se produjo un tranquilo regocijo. El padre había ido a Dios, y una parte de nuestras almas se había ido con él. Incluso ahora está muy cercano. Lo siento en mi corazón. Siento su oración. El padre tenía muchos dones espirituales: el don del amor, de profecía, de salud corporal y espiritual, de palabras e instrucción. Fue un ferviente intercesor por toda la tierra rusa. Estoy seguro de que será canonizado. Bueno, sólo puedo tratar de compartir lo que siento cuando lo recuerdo: he visto a un hombre santo, y estoy feliz”.

 

Fuente: http://www.pravoslavie.ru/english/77068.htm

 

Traducido por psaltir Nektario B.

 

© Febrero 2015

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Categorías:paternidad espiritual, Staretz archimandrita Juan Krestiankin

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