Akathisto a San Juan Crisóstomo, Arzobispo de Constantinopla

Mosaico de San Juan Crisóstomo en Santa Sofía (Constantinopla)

Mosaico de San Juan Crisóstomo en Santa Sofía (Constantinopla)

Cuya fiesta se celebra el 13/26 de Noviembre

Kondakio I

Oh Juan, líder elegido de la iglesia de Cristo y maestro de brillante elocuencia, que te adornaste desde tu juventud con la virtud, y trabajaste arduamente. Y habiendo sufrido persecución por causa de Cristo, llegaste al final de tu vida en el exilio. Por lo cual, has recibido doblemente glorificación en el cielo, oh tú que estableciste sabiamente los ritos de la Iglesia. Por tanto, con compunción te veneramos, clamándote: Alégrate, oh San Juan Crisóstomo, gran y santo jerarca.

Ikos I

Angélico en imagen, viviste en la carne como uno de los seres incorpóreos, oh Juan; acometiendo muchos trabajos por la salvación de tus hermanos, glorificaste al Padre con las buenas obras. Por eso te cantamos:

Alégrate, adorno de la Iglesia Ortodoxa.

Alégrate, hijo bendito de padres eminentes.

Alégrate, tú que, desde tu niñez, fuiste educado por tu madre en el amor a la palabra de Dios.

Alégrate, tú que, desde tu juventud, cargaste tu mente con el yugo de Cristo.

Alégrate, tú que, con diligencia, serviste a Dios.

Alégrate, maestro del mundo entero.

Alégrate, instructor en la oración para los cristianos de todos los tiempos.

Alégrate, tú que restauraste la vida monástica en la ciudad imperial.

Alégrate, tú que iluminaste a los godos y los escitas.

Alégrate, amante de la justicia fortalecida por Dios.

Alégrate, tú que has entrado en el gozo del Señor.

Alégrate, intercesor ardiente por nosotros.

Alégrate, oh San Juan Crisóstomo, gran y santo jerarca.

Kondakio II

Viendo la vida pura de tus padres, Secundo y Antusa, Cristo se complació en glorificarte, oh Juan, entregándote a ellos para su consuelo, para que los fieles, conscientes de tus virtudes, pudieran exaltar en gran manera a los justos padres que te engendraron, e imitándolos, puedieran cantar a Dios: ¡Aleluya!

Ikos II

Habiendo formado tu mente sabia en el conocimiento, y habiendo crecido desde la infancia en la piedad sincera, oh Juan, fuiste una gran alegría y consuelo para tu madre cuando ella fue despojada de su marido y de su hija. Por eso, en alta voz, te cantamos:

Alégrate, estrella de moralidad para los jóvenes.

Alégrate, alegría para tu ángel guardián.

Alégrate, tú que nunca le causaste dolor.

Alégrate, tú que amaste a tus amigos.

Alégrate, tú que sobresaliste en el aprendizaje, por lo que asombras a los sabios del mundo.

Alégrate, pues, siendo aún joven, amonestaste a Antimio, el blasfemo de Dios, y lo avergonzaste.

Alégrate, tú que contemplaste las amargas lágrimas de los que se agolpaban en las cortes.

Alégrate, tú que evitaste a los que cometían iniquidades.

Alégrate, tú que buscaste el camino que salva la inocencia.

Alégrate, tú que te retiraste al desierto tras la muerte de tu madre.

Alégrate, tú que oraste fervientemente a Dios por tus difuntos padres.

Alégrate, pues ellos, unidos hoy con los coros angélicos y con la Reina del cielo, son glorificados y alabados por los mortales.

Alégrate, oh San Juan Crisóstomo, gran y santo jerarca.

Kondakio III

Al igual que tu homónimo, el Precursor, adquiriste en el desierto la fuerza para trabajar, oh Juan, de palabra y obra por Cristo; por eso, habiendo mortificado tus pasiones carnales por el ayuno, proveíste tu espíritu con las alas de la oración, y como un guerrero te ataviaste con la completa armadura de Dios para la batalla contra el príncipe de este mundo, cantando con esperanza a nuestro poderoso Dios: ¡Aleluya!

 

Ikos III

Vistiendo cilicio y correa de cuero alrededor de tus lomos, oh imitador del Bautista de Cristo, comiste hierbas en el desierto, oh Juan, de donde, lleno de poder, predicaste en adelante como hombre. Por tanto, nosotros te clamamos:

Alégrate, tú que fuiste semejante al profeta Elías en la abstinencia.

Alégrate, imitador de la pobreza de Cristo.

Alégrate, tú que fortificaste la debilidad de tu cuerpo con la castidad.

Alégrate, tú que disipaste el desaliento con la contemplación de Dios.

Alégrate, tú que mantuviste tu corazón puro recordando la omnisciencia de Dios.

Alégrate, tú que, poniendo a prueba las asechanzas del maligno, lo avergonzaste por tus vigilias de oración.

Alégrate, tú que superaste las tentaciones y más tarde enseñaste a otros a hacerlo.

Alégrate, fortalecedor sabio de los que luchan en el camino espiritual.

Alégrate, tú que contuviste a tu amigo Teodoro de caer en el pecado.

Alégrate, tú que afirmaste a tu amigo, el obispo Basilio, en su ministerio.

Alégrate, tú que te manifestaste como un refugio tranquilo para los expulsados del mundo.

Alégrate, defensor de la vida monástica.

Alégrate, oh San Juan Crisóstomo, gran y santo jerarca.

Kondakio IV

Superaste una nueva tormenta de tentaciones, oh Juan, cuando habitaste sólo en una cueva; y habiendo salido del desierto de Antioquía, a causa de la enfermedad, fuiste ordenado diácono por San Melecio y te comprometiste celosamente a cuidar de los pobres. Viendo esto, con alegría, los fieles cantan a Dios: ¡Aleluya!

Ikos IV

Escuchando, de los fieles, palabras de alabanza sobre ti, San Flaviano hizo descender la gracia del sacerdocio sobre ti como digno, oh Juan. Por eso, el pueblo de Antioquía se regocija, y con justicia honran tus trabajos, magnificándote así:

Alégrate, tú que declinaste todo cuidado de ti mismo.

Alégrate, protección de los pobres.

Alégrate, refugio amoroso para los huérfanos.

Alégrate, alivio de dolores.

Alégrate, tú que con melodiosa voz bendijiste la vida virginal.

Alégrate, tú que te lamentaste por la ignorancia de la gente.

Alégrate, tú que iluminaste a muchos judíos.

Alégrate, tú que, con la doctrina ortodoxa, catequizaste a los que buscaban la salvación.

Alégrate, tú que no deshonraste esta enseñanza por tu manera de vivir.

Alégrate, tú que compartiste los caminos de los apóstoles.

Alégrate, pues se te entregó justamente una multitud de almas a tu cuidado pastoral.

Alégrate, oh San Juan Crisóstomo, gran y santo jerarca.

Kondakio V

Estimando la divina sangre derramada de la eterna muerte redentora cuando recibiste el rango sacerdotal, con vigilancia desempeñaste bien el trabajo de evangelista, censurando, prohibiendo, suplicando con toda paciencia, enseñando y cantando hacia Dios: ¡Aleluya!

Ikos V

Viendo el desorden en la ciudad, y lamentándote por ello, no te permitiste descansar, oh Juan. Enseñando a los incrédulos con el Evangelio, santificando a los creyentes con los sacramentos de la Iglesia y enseñándoles los misterios de la Fe, como es conocido, adquiriste el sobrenombre de “Boca de Oro”, oyendo de ellos toda clase de alabanzas:

Alégrate, buen pastor.

Alégrate, tú que engendraste muchos hijos para la Iglesia de Cristo por medio del santo Bautismo.

Alégrate, tú que les diste el sello del don del Espíritu Santo a través de la unción con el santo crisma.

Alégrate, tú que estuviste de pie con compunción ante la santísima mesa.

Alégrate, tú que alimentaste a tus hijos con el alimento de incorrupción.

Alégrate, tú que limpiaste los corazones de los hombres con el arrepentimiento.

Alégrate, tú que uniste a los cónyuges junto al Señor.

Alégrate, tú que sanaste a muchos por la unción con aceite.

Alégrate, verdadero intérprete de la Palabra de Dios.

Alégrate, poderoso denunciador de las herejías.

Alégrate, manantial profundo de verdadera teología.

Alégrate, tú que ganaste el corazón de tu rebaño, que estaba lleno de amor por ti.

Alégrate, oh San Juan Crisóstomo, gran y santo jerarca.

Kondakio VI

Demostraste estar por encima de todo como predicador del arrepentimiento, oh Juan, cuando el pueblo de Antioquía, habiendo derribado la estatua del emperador, incurrió merecidamente en su ira. Asegurándoles la misericordia de Dios, por tu predicación indujiste a todos a enmendar sus vidas, para que pudieran cantar a Dios con un corazón puro: ¡Aleluya!

Ikos VI

Antioquía brillaba con alegría cuando, después de haber llorado por sus iniquidades, recibió el perdón del emperador. Sin embargo, pronto fue arrojada a la oscuridad de la tristeza, viéndose obligada a separarse de ti, pues fuiste llamado a convertirte en arzobispo de la ciudad imperial, oh Juan. Por eso te clamamos:

Alégrate, tú que, igual que Isaías, fuiste afligido con el dolor por las tribulaciones de tu ciudad natal.

Regocíjate, tú que, igual que Jeremías, lamentaste el perverso camino del pueblo.

Alégrate, tú que, igual que Ezequiel, llamaste a los inicuos a cambiar sus caminos.

Alégrate, relámpago que brillaste orgullosamente humilde.

Alégrate, trueno que llenó de terror a los que vivieron inicuamente.

Alégrate, denunciador de la avaricia.

Alégrate, tú que mostraste lo pernicioso de la vanagloria.

Alégrate, tú que avergonzaste el politeísmo vil de los griegos.

Alégrate, tú que calmaste los corazones inquietos.

Alégrate, asistente del obispo Flaviano, el anciano justo.

Alégrate, tú que con los habitantes del desierto, condujiste a los administradores del emperador a la misericordia.

Alégrate, igual a Jonás, que salvó a Nínive.

Alégrate, oh San Juan Crisóstomo, gran y santo jerarca.

Kondakio VII

Deseando adornar adecuadamente la Iglesia de Constantinopla como esposa de Cristo, oh Juan, tú lo soportaste todo con esplendor. Con vigilias nocturnas tú atrajiste a los fieles fuera de las asambleas de los arrianos y sabiamente estableciste el rito de la Divina Liturgia, derramando así oraciones como mirra perfumada, y edificados, pues, cantamos a Dios por ti: ¡Aleluya!

Ikos VII

Un nuevo signo de la misericordia de Dios se manifestó en ti, oh santo jerarca, pues a través de tus súplicas los fieles de todos los tiempos, conversando con Dios, son hechos sabios para la salvación. Acepta, pues, de nosotros estas alabanzas:

Alégrate, tú que, igual que David, has enriquecido la Iglesia de Dios con las palabras de tus oraciones.

Alégrate, tú que, igual que Santiago, el hermano del Señor, estableciste el rito de la Divina Liturgia.

Alégrate, tú que imitaste igualmente al gran Basilio.

Alégrate, templo del Espíritu Santo.

Alégrate, pues, a través de ti, el Espíritu Santo escribió palabras de salvación.

Alégrate, pues, levantándonos del sueño, damos gracias al Padre con tus oraciones.

Alégrate, pues, implorando al Hijo de Dios a través de tu boca, podemos recibir la comunión de los Divinos Misterios sin condenación.

Alégrate, oh siervo de Dios, que invitaste a los oprimidos al banquete de Cristo.

Alégrate, predicador de Aquel que fue crucificado en la cruz por la vida y por la salvación del mundo.

Alégrate, pues en tus palabras estaban engalanados los misterios de la fe, como con vestimenta de oro.

Alégrate, compositor de himnos y orador maravilloso.

Alégrate, oh San Juan Crisóstomo, gran y santo jerarca.

Kondakio VIII

Como un peregrino en este valle terrenal, tú te mostraste como modelo de humildad, abstinencia y pureza, oh Juan, por tu vida en la ciudad imperial; pues tú restauraste y construiste monasterios en ese lugar y proveíste vírgenes sin mancha, con normas para la vida monástica. De esta forma, como el incienso perfumado de olor grato, el gran himno de alabanza es elevado a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VIII

Trabajando para Cristo con toda tu alma, no deseaste agradar a los hombres, oh Juan; prohibiendo la práctica de preparar sucesivamente banquetes para los prominentes, aumentaste en número las comidas servidas a los pobres, y fundaste hospederías y hospitales gratuitos para los enfermos, que fueron conmovidos a cantarte:

Alégrate, imitador de Nicolás, el santo jerarca de Myra en Licia.

Alégrate, tú que ganaste las alturas a través de la humildad.

Alégrate, tú que adquiriste la riqueza a través de la pobreza.

Alégrate, tú que, con tus virtudes, fuiste un modelo para los monjes.

Alégrate, alimento de los hambrientos.

Alégrate, tú que, igual que Abraham, mostraste tu hospitalidad con los extraños.

Alégrate, refugio de los huérfanos sin hogar.

Alégrate, tú que cuidaste de los ancianos desamparados.

Alégrate, tú que distribuiste tus propias posesiones entre los pobres.

Alégrate, tú que te mostraste como un ángel consolador para todos en las tribulaciones.

Alégrate, tú que transformaste las manos de los ricos para las obras de caridad.

Alégrate, pues la Madre de Dios se regocija desde lo profundo de su misericordia.

Alégrate, oh San Juan Crisóstomo, gran y santo jerarca.

Kondakio IX

Deseando salvar todas las naciones, oh Juan, enviaste desde Constantinopla predicadores del Evangelio a los escitas, antecesores de los eslavos; y en tu ciudad erigiste una iglesia dedicada al Apóstol Pablo para los godos, que, habiendo repudiado la herejía de Arrio, pudieran cantar a Dios con labios ortodoxos: ¡Aleluya!

Ikos IX

Habiendo enviado predicadores ortodoxos a los incrédulos, oh Juan, tú mismo visitaste las iglesias de Asia, y reprendiendo a los negligentes y alabando a los diligentes, tú pusiste orden entre ellos con atención pastoral. Por tanto, te glorificamos:

Alégrate, faro de la Ortodoxia.

Alégrate, buen pastor que cuidaste de la oveja perdida.

Alégrate, pues hoy tu nombre es glorificado en la tierra de los escitas.

Alégrate, pues las iglesias de Dios se han acrecentado en tu nombre.

Alégrate, tú que compartiste el ministerio de los Apóstoles.

Alégrate, tú que apacentaste el rebaño de Dios, según las palabras del apóstol Pedro.

Alégrate, tú que los visitaste, no con compulsión, sino de buena gana y consciente de Dios.

Alégrate, extractor firme del soborno.

Alégrate, observador imparcial de los cánones de la Iglesia.

Alégrate, tú que justamente expulsaste a los siervos perezosos.

Alégrate, pues aquellos que trabajaban por el bien fueron elogiados y reafirmados por ti.

Alégrate, hábil timonel de la Iglesia.

Alégrate, oh San Juan Crisóstomo, gran y santo jerarca.

Kondakio X

Tú no cesaste de ministrar por la salvación de tu rebaño, oh Juan, cuando regresaste de Asia a la ciudad imperial. Y cuando tú, sin miedo, comenzaste a denunciar la vida inmoral de la emperatriz y los nobles, cargaste sobre ti muchas tribulaciones; y aquellos que fueron reprobados por ti, incapaces de cerrar tu justa boca, urdieron planes secretos para destruirte, a ti que clamas a Dios con pureza: ¡Aleluya!

Ikos X

Te mostraste como un baluarte para los monjes que eran perseguidos injustamente, oh Juan, por lo que la gran malicia albergada por tus enemigos quedó al descubierto. Fuiste calumniado por el engañoso Teófilo, la impía emperatriz y el consejo, y te depusieron, sacando de sus mentes las obras que realizaste por el bien del reino. Pero nosotros te recordamos con gratitud diciendo:

Alégrate, tú que mostraste un maravilloso amor por tu patria terrenal.

Alégrate, tú que libraste a la ciudad imperial de la invasión de los bárbaros.

Alégrate, tú que sometiste a Ganas, el terrible líder de los godos.

Alégrate, tú que preservaste la dádiva entregada a la Iglesia por los emperadores de la antigüedad.

Alégrate, tú que no permitiste al poderoso Eutropio violar el santuario de la Iglesia.

Alégrate, tú que mansamente soportaste la injusticia del consejo por albergar a los monjes de Nitria.

Alégrate, pues por las palabras de la Escritura, “El amor es sufrido”, fueron justificados en ti.

Alégrate, tú que prohibiste a tus hermanos tomar las armas en tu defensa.

Alégrate, tú que no levantaste la espada contra tus enemigos.

Alégrate, tú que te sometiste a las autoridades y te entregaste en manos de los soldados por la noche.

Alégrate, tú que fuiste expulsado de tu tierra natal por el bien de la justicia.

Alégrate, oh San Juan Crisóstomo, gran y santo jerarca.

Kondakio XI

El lamento de tu rebaño fue cambiado con premura en himno jubiloso, oh valiente Atleta, pues cuando estabas siendo conducido al exilio, de repente, truenos golpearon el aire, iluminándolo todo a continuación, y los vientos gritaron y la tierra tembló. Y viendo estos sucesos y temblando, la emperatriz se arrepintió y te hizo volver con honor, humildemente clamando a Dios: ¡Aleluya!

Ikos XI

El odio de la emperatriz por ti, oh faro ardiente de la Ortodoxia, fue redoblado pronto cuando la reprobaste por colocar una estatua de sí misma cerca de la Iglesia; entonces, depuesto por segunda vez, fuiste exiliado a Cucusus, un remoto y pueblo pequeño de Armenia, oh Juan. Y ahora, acepta de nosotros, oh santo, estas alabanzas:

Alégrate, tú que cargaste el yugo de Dios, según las palabras de Jeremías.

Alégrate, tú que llevaste el arado espiritual para trabajar la tierra, como dijo Cristo.

Alégrate, tú que no regresaste antes del final.

Alégrate, tú que luchaste contra la emperatriz inmoral.

Alégrate, tú que fuiste odiado por ella, como el Bautista fue odiado por Herodías.

Alégrate, tú que fuiste salvado de los asesinos por un ángel invisible.

Alégrate, tú que preservaste en tu residencia a tu rebaño por amor.

Alégrate, tú que fuiste detenido por los esbirros de tus jueces injustos.

Alégrate, tú que fuiste al exilio con humildad y sin ninguna queja.

Alégrate, tú que fuiste herido y afligido por el bien de nuestro Señor crucificado.

Alégrate, pues los mártires y el precursor se unieron a los coros celestiales a causa de tu paciencia.

Alégrate, oh San Juan Crisóstomo, gran y santo jerarca.

 

Kondakio XII

La gracia de Dios te preservó en el exilio, oh Juan, pues, igual que San Pablo cuando estaba encadenado, tú proclamaste el Evangelio a los fenicios y a los persas, y consolaste a los creyentes con cartas. Y así, tú pastoreaste a la Iglesia de Dios hasta el día en que tu Boca de Oro pronunció sus últimas palabras: “Gloria a Dios por todas las cosas”, y tu alma fue arrebatada por los ángeles, que clamaron a tu encuentro: ¡Aleluya!

Ikos XII

Cantando con alegría, los creyentes llevaban tus reliquias a la ciudad imperial, oh Juan, desde donde tu gloria ha llegado hasta el último confín de la tierra y de todo el mundo, enseñando a todos a cantarte así:

Alégrate, oh peregrino que has entrado en la patria celestial.

Alégrate, tú que te preparabas para tu viaje con las oraciones de todas las iglesias.

Alégrate, tú que acabaste tu carrera en Comana, en el camino a Pytius.

Alégrate, pues el hieromártir Basilisco te predijo tu final.

Alégrate, pues tú oíste de él: “Hermano, mañana estaremos juntos”.

Alégrate, tú que te fortaleciste a ti mismo por el ascenso al paraíso participando de los Santos Misterios.

Alégrate, pues tu alma pacífica partió de tu cuerpo agotado.

Alégrate, pues la corrupción no tocó tus huesos.

Alégrate, pues en las iglesia, el sacrificio incruento es ofrecido hoy en día.

Alégrate, habitante del cielo, que estás iluminado con la luz que nunca se desvanece.

Alégrate, pues compareciendo con San Basilio el Grande y Gregorio el Teólogo, con ellos nos has enseñado a alabarte.

Alégrate, gloria de la Iglesia Universal.

Alégrate, oh San Juan Crisóstomo, gran y santo jerarca.

Kondakio XIII

Oh gran y santo jerarca Juan Crisóstomo: mira desde las alturas del cielo sobre nosotros pues estamos abatidos y, aceptando esta alabanza que te ofrecemos con amor, ruega al Señor y Dios, para que derrame sobre nosotros su gracia que sana a los afligidos, para que fortalezca a los cristianos ortodoxos, y lleve de nuevo al seno de la Iglesia a los que se han alejado de Él, cumpliendo el tiempo que les quede por Su propia compasión, y para que nos conceda que todos, contigo y todos los santos, podamos cantarle para siempre: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!.

(Este Kondakio se recita tres veces)

(Se repite el Kondakio y el Ikos I)

Oración a

Nuestro Padre entre los Santos

Juan Crisóstomo

Arzobispo de Constantinopla

 

Oh gran y santo jerarca Juan Crisóstomo, tú recibiste muchos y diversos dones del Señor, y como buen y fiel siervo acrecentaste estas gracias que te fueron entregadas; por eso, fuiste un verdadero maestro para el mundo, para la gente de cada lugar que fue llamada y enseñada por ti. Tú fuiste un modelo de obediencia para los hijos, un faro de castidad para los jóvenes, un instructor laborioso para el trabajo de los hombres, un maestro de candidez para los ancianos, una regla de abstinencia para los monjes, una guía inspirada por Dios para los que oran, un iluminador de la mente para los que buscan sabiduría, un manantial inagotable de palabras de vida para los oradores de elocuencia recta, una dulce estrella brillante para los caritativos, una imagen de gobierno racional para los que gobiernan, una inspiración audaz para los amantes de la justicia, un instructor en la paciencia para aquellos que son perseguidos por causa de la justicia: tú fuiste todo para todos los hombres, para que pudieran salvarse. Para todos ellos tú adquiriste el amor, que es el vínculo de la perfección, y por tanto, con divino poder, uniste todos los dones espirituales en una sola persona; y con el mismo amor, que reconcilia las cosas que están separadas, tú predicaste a los creyentes con la interpretación de las palabras de los Apóstoles. Pero nosotros pecadores, cada uno dotado con su propio don, no poseemos la unidad del espíritu con el vínculo de la paz, porque hemos llegado a ser jactanciosos, provocando envidias unos a otros. Por esta causa, los dones distribuidos entre nosotros no moran en la paz y la salvación, sino en la enemistad y la condenación. Por eso, aunque golpeados por la desunión, caemos ante ti, oh santo jerarca de Dios, y con contrición de corazón te pedimos: por tus súplicas dirige nuestros corazones fuera de todo orgullo y envidia que nos divide, que el cuerpo de la Iglesia pueda establecerse por muchos miembros, y que, como tú has dicho en tu oración, podamos amarnos los unos a los otros y con unidad de mente podamos confesar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, Trinidad consubstancial e indivisible, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

Traducido para Gloria de Dios

por psaltir Nektario B. (c) Noviembre 2014

¡Gran y Santo  Jerarca Juan Crisóstomo ruega a Dios por nosotros!

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Categorías:Akathistos

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