Oraciones de San Nectario de Egina a la Theotokos

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A la Santa Theotokos

 

Alégrate, exaltación, orgullo y buena herencia de las primicias de la creación.

Alégrate, gozo eterno y duradero de los ancestros.

Alégrate, gloria de Abraham y promesa de Dios.

Alégrate, bendición y doncella divina de todas las naciones.

Alégrate, vara de Aarón

Alégrate, puerta cerrada.

Alégrate, doncella llena de gracia, receptáculo del maná.

Alégrate, trono santificado y sin mancilla del Señor.

Alégrate, Virgen inmaculada que es vista con Dios.

Alégrate, madre gloriosa de la luz sin ocaso.

Alégrate, montaña. Alégrate, zarza ardiente. Alégrate, santa mesa.

Alégrate, mi Señora santísima, llena de gracia.

 

Alégrate, gloria de los monjes y esplendor de los justos.

Alégrate, muro y fundamento de la belleza de las vírgenes.

Alégrate, guía segura de los que viajan por el mar.

Alégrate, oh santísima paz de los que son atacados.

Alégrate, único consuelo poderoso de los que lloran.

Alégrate, camino seguro de los que viajan por tierra.

Alégrate, oh Theotokos, calma de los que están angustiados.

Alégrate, gozo, deleite y doncella de los afligidos.

 

Por ti, nuestra raza fue redimida de la maldición.

Por ti, fue hecha digna de las delicias del paraíso.

Por ti, se renovó toda la naturaleza humana.

Por ti, fue rejuvenecida la naturaleza corrompida en el pasado.

Por ti, la raza de Adán fue magnificada.

Por ti, fue digna de recibir la gracia, la gloria y la fortaleza.

Por ti, oh Madre y Virgen, se reconcilió con la Divinidad.

Por ti, oh Tú que diste a luz a Dios, fue liberada de la tiranía.

Por ti, fue digna de la bendición de Dios.

Por ti, el indigno e incurable sería sanado.

Por ti, disfrutó de la filiación y la salvación.

Por ti, disfrutó de la herencia celestial.

 

 

A la incorruptible doncella

 

Oh Theotokos, Virgen María, es un hecho temible y un misterio inefable lo que se ha obrado en ti. Pues diste a luz al Verbo que es causa de todas las cosas, el cual se encarnó por el Espíritu Santo, más allá de cualquier causa o razón. Pues de ti, que permaneciste inmutable, recibió la carne en su naturaleza divina inalterada e inmutable.

Puesto que en Él coexistieron las dos naturalezas, la humana y la divina, en una hipóstasis, fue de naturaleza dual: un hombre perfecto y un Dios perfecto, mostrando la perfecta plenitud y teniendo las energías y características de ambas.

Como mortal fue crucificado voluntariamente en la carne, pero como Dios, durante su pasión, superó su pasión. Murió como mortal, pero resucitó como Dios. Como mortal fue depositado en la tumba, pero como Dios estuvo en el hades, derrotando el poder de la muerte y salvando a los hombres.

A Él, oh Virgen María, purísima Theotokos, al Salvador y Redentor de la raza humana, suplícale incesantemente por nosotros, tus siervos, para que haga descender sobre nosotros el gozo y la paz.

De ti nació Cristo, oh santísima Virgen, el cual es Dios eternamente, más apareció como hombre. Él guardó en sí, en una unión divina y sin confusión, las propiedades de ambas naturalezas. Mostró en la unión divina y sin confusión, las propiedades de ambas naturalezas. Mostró lo divino con obras maravillosas y probó la naturaleza humana con sus sufrimientos.

Por eso, aunque era uno en una hipóstasis humana y divina, murió en la carne como hombre, pero resucitó de entre los muertos como Dios. Oh Virgen María, purísima Theotokos, con tu audacia maternal, suplícale para que sea compasivo y salve de la condenación a los que te alaban incesantemente. Amén.

A la purísima Virgen

Aleja de mí, oh Theotokos, las cadenas del pecado, de mis concupiscencias y mis transgresiones: el terrible descuido y la sobreprotección, la curiosidad maligna y la locuacidad, la soberbia y la incontinencia inútil, la negligencia, la embriaguez y la falta de misericordia, los malos deseos, la terrible impureza, la extravagancia, las tinieblas y la gran insensibilidad.

Aleja de mi la tendencia a hablar vanamente, al disfrute y a la prodigalidad, la risa por la inmoralidad y toda maldad.

Concédeme, oh doncella, el ayuno, el cuidado, la vigilancia y la perfecta obediencia. Concede el esmero en todo, y un discernimiento agudo, el silencio, orden y santa paciencia.

Concédeme, oh señora, el afán por trabajar y alcanzar mi perfección, el celo por las virtudes y el ejercicio.

Mantén, oh Santísima, mi alma, mi corazón y mi mente en la santidad, y presérvalos en la virginidad. Amén.

Fuente:

Traducido por psaltir Nektario B.

 

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