Akathisto al Santo Archiestratega Miguel Arcángel

 

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8/21 de Noviembre

 

Contaquio I

Capitán elegido de las huestes celestiales y socorro del género humano, nosotros, que somos librados por ti de las tribulaciones te ofrecemos este himno de acción de gracias y puesto que estás ante el trono del Rey de la gloria, líbranos de todas las aflicciones para que podamos aclamarte con fe y amor diciendo: ¡Alégrate con las huestes del cielo, oh gran Archiestratega Miguel!

Ikos I

Es justo alabarte con la lengua de los ángeles, oh San Miguel, tú, el primero entre los coros exaltados de los ángeles. Pero hasta que por ti aprendamos a hablar como los poderes incorporales, escucha de nuestros labios humanos, aunque agradecidos, estas alabanzas:

Alégrate, primera estrella creada del mundo.

Alégrate, lámpara de la verdad y la justicia que brilla como el oro.

Alégrate, primero entre los coros angélicos en recibir los rayos de la luz increada.

Alégrate, príncipe de los ángeles y los arcángeles.

Alégrate, tú, en quien resplandece la gloria de la diestra del Creador.

Alégrate, pues por ti, las asambleas de los seres incorporales se vuelve hermosa.

Alégrate con las huestes del cielo, oh gran Archiestratega Miguel.

Contaquio II

Contemplando el esplendor de tu belleza espiritual y el poder de tu mano diestra, oh arcángel de Dios, nosotros, como criaturas terrestres atrapadas en la carne de esta tierra, nos llenamos de maravilla, júbilo y gratitud hacia el Creador de todos, exclamando con todos los poderes celestiales: ¡Aleluya!

Ikos II

Oh maravilloso San Miguel, jefe de las huestes celestiales, pide para nosotros un entendimiento claro, libre de pasiones, para que elevándonos en espíritu de lo terrenal a lo celestial, podamos cantar así este himno de alabanza:

Alégrate, tú que eres el más próximo contemplador de la inefable belleza y bondad de Dios.

Alégrate, cercano participante en los misterios de los bondadosos consejos de la Trinidad.

Alégrate, cumplimiento fiel de los juicios pre-eternos de la Trinidad.

Alégrate, tú a quien las huestes celestiales admiran con amor.

Alégrate, tú, a quien glorifican con fe los que viven en la tierra.

Alégrate, tú, ante quien tiemblan los poderes del infierno.

Alégrate con las huestes del cielo, oh gran Archiestratega Miguel.

Contaquio III

Oh Arcángel San Miguel, manifiestas en ti el invencible poder del celo por la gloria de Dios. Y estando al frente de los coros de los ángeles resististe al orgulloso lucifer, la estrella diurna, y exhalador del mal, oh San Miguel, y cuando este y sus negros siervos fueron precipitados desde lo alto del cielo a las regiones inferiores, las huestes de los cielos que tu conducías gloriosamente exclamaron con júbilo y a una sola voz ante el trono de Dios: ¡Aleluya!

Ikos III

Todo el pueblo cristiano te considera, oh San Miguel, como un gran socorro y una ayuda milagrosa en la lucha contra el adversario. Por eso, queriendo ser socorridos por tu maravillosa protección, te decimos en el día solemne de tu fiesta:

Alégrate, tú, por quien Satanás fue precipitado como el rayo desde el cielo.

Alégrate, tú, por quien la humanidad preservada asciende al cielo.

Alégrate, maravilloso ornamento del mundo de lo alto.

Alégrate, glorioso defensor del mundo caído aquí en la tierra.

Alégrate, tú que no fuiste vencido por el poder del maligno.

Alégrate, pues fuiste establecido para siempre, por la gracia divina en la verdad y la justicia con todos los ángeles de Dios.

Alégrate con las huestes del cielo, oh gran Archiestratega Miguel.

Contaquio IV

Oh Capitán de los ángeles, líbranos de la tempestad de las tentaciones y de las pruebas a los que celebramos tu luminosa fiesta con amor y júbilo, pues eres un gran socorro en la desgracia, un protector y una ayuda contra los malos espíritus en la hora de la muerte, para todos los que exclaman a nuestro Señor Dios y a nuestra Señora: ¡Aleluya!

Ikos IV

Contemplando tu audacia contra las legiones del maligno, todas las huestes angélicas te siguieron jubilosamente en la batalla por el Nombre y la Gloria de su Maestro, diciendo: ¿Quién es como nuestro Dios? Y nosotros, viendo al maligno pisoteado bajo tus pies, te clamamos como vencedor:

Alégrate, tú, por quien la paz y la tranquilidad regresaron al cielo.

Alégrate, tú, por quien el espíritus del maligno fue precipitado hasta el infierno.

Alégrate, tú, que diriges a las huestes angélicas y a los poderes del mundo invisible hacia la destrucción del maligno.

Alégrate, tú, que calmas invisiblemente la lucha y la agitación de los elementos del mundo visible.

Alégrate, maravilloso defensor de los que luchan contra los espíritus del maligno.

Alégrate, ayuda fuerte de los que son asediados por las tentaciones y los peligros del mundo.

Alégrate con las huestes del cielo, oh gran Archiestratega Miguel.

Contaquio V

Apareciste en la Iglesia de Conae (Colosas) como una fuente de la que manan divinamente grandes milagros, pues no solamente la gran y terrible serpiente que permanecía en este lugar fue destruida por tu poder, sino que surgió agua de las rocas para sanar todas las enfermedades del cuerpo, a fin de que todos pudieran exclamar con fe al Maestro de los ángeles que te glorifican: ¡Aleluya!

Ikos V

Escuchando y sabiendo que tú eres una gran luminaria radiante de luz entre los coros angélicos, oh maravilloso San Miguel, acudimos a ti después de a Dios y su Purísima Madre. Por los rayos de tu luz ilumina a los que exclamamos a ti:

Alégrate, mediador exaltado de la ley que fue dada por la mano de Moisés en el Sinaí.

Alégrate, tú, en quien los jueces y guías de Israel encontraron fuerza y protección.

Alégrate, tú, por quien los profetas y los grandes sacerdotes de los judíos recibieron el don del conocimiento del Dios omnisciente.

Alégrate, tú que dotas de una secreta sabiduría a los legisladores que tienen temor de Dios.

Alégrate, tú, que pones el bien y la misericordia en el corazón de los que administran la justicia y la rectitud.

Alégrate con las huestes del cielo, oh gran Archiestratega Miguel.

Contaquio VI

Anunciaste de antemano los juicios de Dios cuando, en los días antiguos, por tu visión, Manué fue asediado por el temor y la perplejidad, pensando que ya no viviría más en esta tierra. Pero advertido por su esposa de la benignidad de tu aparición y la dulzura de tus palabras y alegre pues debía nacer su hijo Sansón según tu palabra, exclamó con reconocimiento a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VI

Con gloria brillaste maravillosamente, oh San Miguel, cuando te situaste ante Josué, hijo de Nun, con apariencia de hombre, diciendo: “Desata la sandalia de tu pie. Yo soy el jefe supremo de las huestes del Señor”. Maravillados por tal aparición te cantamos:

Alégrate, guardián vigilante de los líderes, regentes y gobernantes.

Alégrate, fuerte impedimento de los que se oponen a la autoridad como oponiéndose al mandato divino.

Alégrate, tú que apaciguas la agitación del pueblo.

Alégrate, destructor invisible de las costumbres malignas.

Alégrate, pues a la hora de la dolorosa perplejidad tu iluminas a los que dudan.

Alégrate, pues libras a los que son probados con alucinaciones funestas.

Alégrate con las huestes celestiales, gran Archiestratega Miguel.

Contaquio VII

El Maestro de todos, deseando mostrarnos que la suerte de los hijos de los hombres no es accidental, sino que está siempre en Su diestra, te entregó a los reinos de la tierra como ayuda y protección para que pudieses preparar a las tribus y a las naciones para el eterno Reino de Dios. Por eso, conscientes de tu gran ministerio por la salvación de la humanidad, exclamamos con acciones de gracias a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VII

El Maestro y Creador de todas las maravillas nos mostró por ti un nuevo milagro en la tierra, oh supremo Archiestratega, cuando salvaste el templo dedicado a tu nombre de la inundación de las aguas del río, ordenando a las olas del torrente que fueran absorbidas por la tierra. Viendo esto el bienaventurado Arquipo y sus hijos espirituales, exclamaron con gratitud hacia ti:

Alégrate, muralla indestructible de la Santa Iglesia de Dios.

Alégrate, tú, a quien los elementos se someten.

Alégrate, tú, por quien fracasan todos los ardides del maligno.

Alégrate, tú que trajiste el júbilo a los fieles desde el trono del Todopoderoso Dios.

Alégrate, tú que conduces a los incrédulos al sendero de la rectitud y la verdad.

Alégrate con las huestes del cielo, oh gran Archiestratega Miguel.

Contaquio VIII

Habacuc, el profeta, vio un extraño milagro de tu poder, cuando por un mandato de Dios tú lo trasladaste vivamente de Judea a Babilonia, a fin de que pudiese alimentar a Daniel que estaba prisionero en el foso de los leones. Por eso, maravillado ante la manifestación de tu poder, exclamó con fe: ¡Aleluya!

Ikos VIII

Aunque tú siempre estás en lo alto ante el trono del Rey de la gloria, oh San Miguel, no estás alejado de los que están en la tierra, combatiendo siempre contra los enemigos de la salvación de la humanidad. Por eso, todos los que quieren alcanzar la patria celestial deseada ardientemente te exclaman:

Alégrate, líder del himno angélico tres veces santo.

Alégrate, intercesor y protector siempre presto de los que están en la tierra.

Alégrate, tú que derribaste de forma maravillosa al orgulloso faraón y a los incrédulos egipcios.

Alégrate, tú que guiase gloriosamente a los judíos en su camino por el desierto.

Alégrate, pues por ti se apagaron las llamas del horno de Babilonia para los tres jóvenes.

Alégrate con las huestes del cielo, oh gran Archiestratega Miguel.

Contaquio IX

Todos los monjes de la santa montaña del Athos fueron sobrecogidos por un tembloroso júbilo viendo que tú salvaste al joven hombre temeroso de Dios que había sido precipitado en las profundidades del mar con una piedra atada al cuello por hombres impíos y avariciosos. Por eso, el monasterio que lo acogió fue adornado con tu nombre, oh San Miguel, y exclama con acciones de gracias a Dios: ¡Aleluya!

Ikos IX

Las palabras de los sabios y los pensamientos de los filósofos no bastan para relatar tu poder, oh San Miguel, y cómo en una noche abatiste a ciento ochenta mil guerreros de Senaquerib, rey de Siria, para que aprendiera en adelante a no blasfemar contra el Nombre del Señor. Y nosotros, honrando tu celo santo por la gloria del verdadero Dios, te clamamos con júbilo:

Alégrate, invencible archiestratega de las huestes ortodoxas.

Alégrate, temor y ruina de las fuerzas de los impíos.

Alégrate, pues estableces la fe ortodoxa y la adoración de Dios.

Alégrate, pues desenraízas las herejías y los cismas perjudiciales para el alma.

Alégrate, pues reafirmaste a los piadosos macabeos en el campo de batalla.

Alégrate, pues abatiste en el templo a Heliodoro, el capitán del maligno rey Antíoco.

Alégrate con las huestes del cielo, oh gran Archiestratega Miguel.

Contaquio X

Sé una firme ayuda para los que queremos ser salvados, oh supremo archiestratega de Dios, y libéranos y presérvanos de las pruebas y las tentaciones, y más aún de nuestros malignos hábitos y de nuestros pecados, para que creciendo en la fe, esperanza y amor a Dios, podamos exclamar al Maestro de los ángeles y los hombres por tu poderosa defensa: ¡Aleluya!

Ikos X

Eres una muralla para los creyentes y una columna firme en nuestras batallas contra el enemigo visible e invisible, oh supremo archiestratega de Dios. Por eso, te clamamos con un corazón y unos labios agradecidos:

Alégrate, adversario invencible de los enemigos de la fe y de los adversarios de la Santa Iglesia.

Alégrate, infatigable compañero de los humildes predicadores del Evangelio.

Alégrate, pues iluminas con la luz de la fe en Cristo a los que estaban atrapados por las tinieblas de la impiedad.

Alégrate, pues guías a los que estaban locos por la falsa sabiduría al camino de la verdad y del arrepentimiento.

Alégrate, justiciero temible de los que juran en vano contra el Nombre de Dios.

Alégrate, pues castigas con el rayo a los que se burlan locamente de los misterios de la Santa Fe.

Alégrate con las huestes del cielo, oh gran Archiestratega Miguel.

Contaquio XI

Todos los himnos son impotentes para dar a conocer la multitud de tus milagros que llevas a cabo no solo en el cielo y en la tierra, sino incluso en las negras sombras del mundo inferior, donde ataste a la serpiente del abismo con las ataduras del poder del Señor, oh supremo archiestratega de Dios, para que los que son librados del maligno puedan bendecir al Maestro del cielo y de la tierra clamando: ¡Aleluya!

Ikos XI

Oh supremo archiestratega, te mostraste verdaderamente como el siervo portador de la luz de la verdad y de la pureza de la adoración a Dios cuando, previendo las argucias del espíritu de las tinieblas le prohibiste en el Nombre de Dios revelar el cuerpo oculto de Moisés, gobernante de Israel, a fin de que no fuera adorado por los hijos sensuales de Israel. Por eso, honrando ahora tu asamblea radiante, exclamamos con reconocimiento:

Alégrate, pues en los días del Antiguo Testamento preservaste la pureza del conocimiento de Dios entre los judíos.

Alégrate, pues muchas veces desenraizaste la embriaguez y el error en los días del Nuevo Testamento.

Alégrate, destructor de los profetas y de los ídolos de los paganos.

Alégrate, pues reafirmas a los cristianos que luchan y a los que sufren.

Alégrate, pues llenas a los débiles con el poder de la gracia de Dios.

Alégrate, pues revistes a los que son débiles en la carne con la armadura de la fe.

Alégrate con las huestes del cielo, oh gran Archiestratega Miguel.

Contaquio XII

Pide para nosotros a Dios la gracia del cielo, pues cantamos la gloria de tu nombre honorabilísimo, oh San Miguel, a fin de que amparados bajo tu ayuda podamos vivir con toda piedad y pureza hasta el tiempo en el que, librados de las ataduras de la carne, por la muerte, podamos vernos recompensados estando ante el trono radiante del Rey de la gloria y exclamar con los coros angélicos: ¡Aleluya!

Ikos XII

Cantando con himnos los múltiples milagros cumplidos por nuestra salvación, oh San Miguel, suplicamos al Señor y Maestro de todos que el espíritu de celo por la gloria de Dios, que es el tuyo, no se enturbie en nosotros, que te clamamos:

Alégrate, pues estableces divinamente en la grandeza del poder a los siervos de Dios en tiempo de necesidad.

Alégrate, pues derribas invisiblemente a los arrogantes y a los que son indignos de las alturas del poder y la gloria.

Alégrate, pues en el último día reunirás a los elegidos de los cuatro puntos de la tierra.

Alégrate, pues por ti, por un mandato de Dios, los pecadores serán entregados como la embriaguez al fuego eterno.

Alégrate, pues por ti, el maligno y sus ángeles serán lanzados por toda la eternidad en el lago de fuego.

Alégrate, pues contigo morarán los justos gloriosamente en las moradas del Padre Eterno.

Alégrate con las huestes del cielo, oh gran Archiestratega Miguel.

Contaquio XIII

Oh maravilloso capitán de los arcángeles y los ángeles, por tu maravilloso servicio por la salvación del género humano, acepta los himnos de alabanza y acciones de gracias que te ofrecemos, y puesto que estás revestido con el poder de Dios, protégenos con tus alas inmateriales de todos los enemigos visibles e invisibles para que podamos clamar siempre al Señor, que es glorificado en todo, y que te ha glorificado: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

(Este contaquio se repite tres veces)

 

(Se repite el contaquio y el ikos I)

Oraciones al Arcángel San Miguel

 

 

Primera oración

Oh San Miguel, gran arcángel de Dios, primero entre los ángeles, tú que estás ante la inefable y trascendente Trinidad, servidor y protector del género humano, que con tus huestes aplastaste la cabeza del orgulloso Lucifer en el cielo, y que cubriste para siempre de vergüenza su malicia y sus designios, a ti acudimos con fe y te pedimos con amor que seas un escudo indestructible y una muralla firme para tu Santa Iglesia y para nuestra patria, protegiéndolas de todos los enemigos visibles e invisibles con tu espada resplandeciente. Sé un guía y un ángel guardián para nuestras autoridades civiles, concediéndoles la iluminación y el poder, el júbilo y la paz y el consuelo que viene del trono del Rey de Reyes. Sé un gobernante y un compañero invencible para nuestras fuerzas armadas, amigas de Cristo, coronándolas de gloria y victoria sobre el enemigo para que todos los que se oponen a nosotros sepan que Dios y sus santos ángeles están con nosotros. No nos prives de tu ayuda y asistencia, pues glorificamos tu santo nombre en este día, oh arcángel de Dios, pues aunque seamos grandes pecadores no queremos perecer en nuestras iniquidades, sino volvernos hacia Dios y ser vivificados por Él para cumplir buenas obras. Por eso te suplicamos que ilumines nuestra inteligencia con la luz del Rostro de Dios que brilla siempre frente a ti como el rayo, para que podamos comprender que la voluntad de Dios es para nosotros buena y perfecta y para que sepamos lo que debemos hacer y lo que debemos desdeñar y huir. Por la gracia del Señor da fuerza a nuestra débil voluntad para que, reafirmados en la Ley del Señor, podamos así dejar de ser sacudidos por los pensamientos terrestres y por los combates de la carne, que dejemos de ser distraídos como los niños sin razón por las bellezas perecederas de este mundo, olvidando en nuestra locura las cosas eternas y celestiales, por amor a lo que es corruptible y terrestre. Y por encima de todo pide para nosotros un verdadero espíritu de arrepentimiento venido de lo alto, una tristeza en Dios que no sea fingida y la contrición por nuestros pecados, a fin de que podamos pasar el número de los días que nos quedan en esta vida transitoria, no en los placeres de nuestros sentidos y en la esclavitud de nuestras pasiones, sino borrando más bien por nuestras lágrimas de fe y contrición de corazón, con nuestros combates por la pureza y las santas acciones de misericordia, las malas acciones que hemos llevado a cabo. Y cuando se aproxime la hora de nuestro reposo y de nuestra liberación de las ataduras del cuerpo, oh santo arcángel de Dios, no nos dejes sin defensa contra los espíritus malignos en los lugares elevados, espíritus que quieren impedir la ascensión del alma humana al cielo. Que, protegidos por ti, alcancemos sin trabas las gloriosas moradas del Paraíso, donde no hay pena ni suspiros, sino la Vida Eterna, y que nos sea concedido el contemplar el Rostro radiante de nuestro Maestro Benefactor y Señor, y rendirle gloria junto con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda oración

 

Oh santo arcángel Miguel, jefe luminoso y terrible del Rey celeste. Libérame antes del temible juicio, para que me arrepienta de mis pecados. Libra mi alma de las trampas de sus perseguidores, y condúcela hacia el Dios que la creó, Él, que se sienta sobre los querubines, y ora por ella con ardor, para que por tu intercesión la establezca en un lugar de quietud, oh temible archiestratega de las huestes celestiales, intercesor por nosotros ante el trono de Cristo, nuestro Maestro. Protector seguro de los hombres, guerrero vivo, poderoso jefe del Rey celestial, ten piedad de mi pecador, que necesito de tu ayuda. Protégeme de todos los enemigos visibles e invisibles y más aún, fortifícame contra el miedo a la muerte y contra la turbación de los demonios, y concédeme presentarme sin vergüenza en la hora de tu temible y justo juicio, oh gran archiestratega y santísimo Miguel. No desdeñes al pecador que te suplica que le concedas tu ayuda en este mundo y en el venidero, mas concédeme glorificar contigo al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Tercera oración

 

San Miguel, archiestratega del Señor, viva presencia de la protección divina, muralla celeste invisible y perfecta en el tiempo de la adversidad. Tú que siempre combatiste el buen combate, ven a nuestro lado en la lucha que llevamos por sobrevivir, en este mundo en el que Dios ya no tiene el primer lugar. Apoya nuestra debilidad y sé nuestra poderosa protección en la adversidad, el escudo que nos preserva de los asaltos del maligno. Camina con nosotros en las pruebas a fin de que alcancemos el refugio de paz. Levántanos cuando estemos en tierra bajo el peso de nuestros pecados y transgresiones. Reafirma nuestro coraje cuando vacilemos a causa de la debilidad de nuestras resoluciones. Líbranos por tu poderosa intercesión de la mentira, de la hipocresía y de la vanagloria. Traspasa con tu espada de fuego las raíces profundas que nuestras iniquidades han plantado en nuestras almas. Sé el guardián sempiterno y presente de nuestra vida, a fin de que, protegidos por tu santa guardia, y santificados por la sombra luminosa de tus alas, lleguemos al Reino del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, a quienes pertenece todo honor y gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Tropario y Contaquio a San Miguel

Tropario, tono 4

Arcángeles de las huestes celestiales, nosotros los pecadores os suplicamos que por vuestras oraciones, nos cubráis bajo las alas de vuestra gloria inmaterial, para que guardándonos, os exclamemos: liberadnos de los apuros, ya que sois los primeros entre los rangos de las huestes celestiales.

Contaquio, tono 2

Arcángeles de Dios, servidores de la gloria divina, jefes de los ángeles y maestros de los hombres, pedid lo que es bueno para nosotros y la misericordia divina, ya que sois miembros de las huestes celestiales.

 

 

Traducido por psaltir Nektario.

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