Prólogos de Ohrid: 1 de septiembre / 19 de agosto

ohrid 01-09

El santo mártir Andrés Estratilates (tribuno y general)

Andrés fue un oficial y tribuno del ejército romano durante el reinado del emperador Maximiano. Era sirio de nacimiento y sirvió allí. Cuando los persas amenazaron al imperio romano con su ejército, a Andrés se le confió el ejército para que luchara contra el enemigo. En esta ocasión, Andrés fue ascendido a general (Estratilates). Cristiano en secreto, aunque sin bautizar, Andrés confió en el Dios vivo y, de entre muchos soldados, sólo eligió a los mejores y entró en combate. Le dijo a sus soldados, antes de la batalla, que si pedían ayuda al único y verdadero Dios, Cristo el Señor, sus enemigos se dispersarían como el polvo ante ellos. Ciertamente, todos los soldados se llenaron de entusiasmo, y junto con Andrés, invocaron a Cristo para que les ayudara e hizo un asalto. El ejército persa fue destruido completamente. Cuando el victorioso Andrés regresó a Antioquía, algunos envidiosos lo acusaron de ser cristiano y el gobernador imperial lo convocó a la corte. Andrés confesó abiertamente su inquebrantable fe en Cristo. Tras amargas torturas, el gobernador mandó a Andrés a la prisión y escribió al emperador en Roma. Conociendo el respeto de Andrés entre la gente y entre el ejército, el emperador ordenó al gobernador liberar a Andrés y buscar otra oportunidad y otra razón (no su fe) y matarlo. Por revelación de Dios, Andrés supo del mandato del emperador, y tomando consigo a sus fieles soldados, unos 2593, partió con ellos de Tarso a Cilicia, y allí fueron todos bautizados por el obispo Pedro. Perseguidos incluso allí por las autoridades imperiales, Andrés, con su destacamento, se alejó a la montaña armenia de Tavros. Allí, mientras oraban en un barranco, el ejército romano los atrapó y hasta el último de ellos fue decapitado. Ninguno de ellos quiso defenderse sino que todos desearon el martirio por Cristo. En este lugar, donde fluía la sangre de los mártires, surgió una fuente de agua que sanaba a muchos de sus enfermedades. El obispo Pedro vino secretamente con su pueblo, y en el mismo lugar, enterraron honorablemente los cuerpos de los mártires. Muriendo con honor, todos fueron coronados con la corona de la gloria y recibieron su morada en el reino de Cristo nuestro Señor.

El venerable Teófanes

Teófanes nació en Ioannia y, siendo joven, lo abandonó todo y fue al Monte Athos, donde fue tonsurado en la comunidad de Dochiarou. Fue un ejemplo para todos los monjes en el ayuno, la oración, las vigilas nocturnas y privándose de todo lo innecesario. Con el tiempo, y a causa de esto, fue elegido como higumeno. Más tarde, por algún problema con los monjes, abandonó el Monte Athos, y con su sobrino, fue a Berea, Macedonia, donde estableció un monasterio en honor a la Santa Theotokos. Cuando este monasterio floreció con la vida espiritual, Teófanes lo confió a su sobrino y fue a Nausa, donde estableció otro monasterio en honor a los Santos Arcángeles. Teófanes murió pacíficamente en el siglo XV. Sus milagrosas reliquias reposan aún en Nausa y manifiestan el gran poder de Dios.

Los santos mártires Timoteo, Agapio y Tecla

Los tres fueron martirizados por Cristo durante el reinado del malvado emperador Diocleciano. Timoteo fue quemado vivo, y Agapio y Tecla fueron echados a las fieras.

 

Himno de Alabanza

 

El santo mártir Andrés Estratilates

El sonido de la naturaleza en medio del monte Tavros

Se hizo eco sin la respuesta de una voz humana.

Hasta que un día, la montaña tembló,

Algunos nuevos ecos, de ella surgieron;

Y la montaña su eco eterno detuvo

Para escuchar el nuevo sonido, que no tuvo en años.

Allí tuvo lugar el fin del destacamento de Andrés,

Allí, los lobos, a las inocentes ovejas devoraron.

Andrés, de los persas, salvó al Imperio Romano,

Y ahora, contra Andrés, el ejército romano ruge.

Con dos mil compañeros, Andrés se arrodilló en tierra,

Y a sus compañeros les dio un buen consejo:

Hoy es la hora complaciente, hoy es el día de salvación,

De la separación de nuestra vida terrenal.

De rodillas, humildemente ante Dios, postrémonos

Y para mayor bien, con gozo démosle gracias,

Y sobre todo, oh hermanos, por la muerte en el martirio,

Sin odio y sin clamor contra la mano asesina.

Así habló Andrés. De rodillas calleron,

Y dos mil hombres empezaron a rezar:

Espadas punzantes de amargos perseguidores

En lo alto de la montaña sonaron los coros de los ángeles.

Las puertas del paraíso se abrieron en el cielo

Para Andrés el santo, el glorioso estratilates

Y su ejército, que venció el mal

Y por Cristo, vertió su honorable sangre.

Reflexión

Cuando una desgracia inesperada sucede a los que son inocentes, no se debería lamentarse inmediatamente sino que se debería intentar ver en esto la Providencia de Dios, que mediante esta desgracia, está preparando algo nuevo y beneficioso para ellos. Un día, llegaron noticias inesperadas al bendito Teófanes, el higumeno de Dochiarou, y es que los turcos habían secuestrado al hijo de su hermana, lo habían forzado a abrazar el Islam y lo habían conducido a Constantinopla. Teófanes viajó inmediatamente a Constantinopla, y con la ayuda de Dios, tuvo éxito encontrando a su sobrino y sacándolo secretamente de Constantinopla, y después, llevándolo consigo al monasterio del Monte Athos. Allí, recibió nuevamente a su sobrino en la fe cristiana, y después, lo tonsuró como monje. Sin embargo, los hermanos comenzaron a quejarse de su higumeno y su sobrino por temor a los turcos, y temían que los turcos lo encontraran y vinieran a destruir el monasterio. Sin saber qué hacer, San Teófanes tomó a su sobrino, y con él, se alejó, no sólo de Dochiarou, sino de la Santa Montaña y fue a Berea. Las últimas actividades de Teófanes en Berea y en Nausa probaron cuán beneficiosa fue para la Iglesia esta desgracia. Y así, fundó dos nuevos monasterios donde, tiempo después, muchos monjes serían salvados y donde incontables hombres encontrarían consuelo para sí mismos. Además de esto, sus santas reliquias se convirtieron en una fuente de curaciones y de fortalecimiento de la fe entre el pueblo cristiano, entre muchos incrédulos y los hombres de poca fe. Así, Dios dirige sabiamente el destino de los hombres mediante inesperadas desgracias, que momentáneamente les parecen a los hombres que les conduzcan a la destrucción final.

Contemplación

Contemplemos la maravillosa Providencia de Dios en la vida de David (1º Samuel // 1º Reyes 16):

1. Cómo el Espíritu de Dios se alejó de Saúl a causa de su pecado;

2. Cómo un espíritu maligno poseyó a Saúl para que buscara a un arpista que lo consolara;

3. Cómo los siervos del rey encontraron precisamente a David y lo condujeron ante el rey para calmarlo con el arpa.

Homilía

 

Sobre el poder de Dios y la debilidad de los ídolos

 

“Ved cómo Dios montado sobre nube ligera entra en Egipto. Tiemblan ante él los ídolos de Egipto” (Isaías 19:1).

Huyendo del rey Herodes, el faraón de Jerusalén, el Señor fue a Egipto. El verdadero Israel no se cuenta según el lugar, sino según el espíritu y las obras. En el tiempo del nacimiento del Señor, un gran mal (Herodes) reinaba en Jerusalén, mayor que el que nunca había reinado en el Egipto de los faraones, como sucede a menudo, cuando los creyentes se alejan de la fe, y se vuelven peores que los incrédulos que nunca han conocido la verdadera fe. Tal es el caso en nuestros días con los gobernantes de Rusia[i], que han apostatado de Cristo. En aquel tiempo, Egipto era un lugar más apacible y hospitalario para el Salvador del mundo que Jerusalén. Comparemos las palabras del profeta con las palabras del ángel en el sueño en el que se le apareció al justo José: “Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto” (Mateo 2:13), e inmediatamente os convenceréis de esto incluso mucho más cuando escuchéis las palabras de otro profeta que dice: “Y de Egipto llamé a mi hijo” (Oseas 11:1).

 

¿Qué significa la “nube ligera” sobre la que el Señor vendrá a Egipto? Esto representa el cuerpo del Señor en el que revestirá su divinidad, pues el cuerpo de un hombre es como una nube densa en la que reside el alma. Así pues, esta es la visión profética del Señor encarnado. Algunos intérpretes también piensan que la “nube ligera” representa a la purísima Theotokos que, tras un largo ayuno, oración, y otras mortificaciones, hizo de su cuerpo algo ligero como una nube. Era especialmente una “nube ligera” el cuerpo de la Deípara de Dios, a causa de la ausencia de pasiones con las que se carga el cuerpo humano.

 

 

Oh misericordioso Señor, que deseas la salvación de toda la humanidad y que no miras quién es judío y quien es egipcio, sálvanos y ten piedad de nosotros, pues continuamente esperamos en Tu Nombre.

 

[i] Se refiere a los gobernantes de la época comunista en la que vivió San Nicolás Velimirovic.

 

Traducido por psaltir Nektario B. (P.A.B)

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Categorías:prólogos de Ohrid

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