Prólogos de Ohrid: 31 de agosto / 18 de agosto

ohrid 31-08

 

 

El venerable Juan de Rila

 

Este gran asceta y santo de la Iglesia Ortodoxa nació cerca de Sofía, Bulgaria, en la ciudad de Skrino, durante el reinado del rey Boris. Era de padres pobres pero honorables. Tras la muerte de sus padres, Juan fue tonsurado como monje y se retiró a una montaña en el desierto y empezó a vivir una vida de estricto ascetismo en una cueva. Allí, sufrió muchos asaltos, tanto de los demonios como de los hombres, bien de los ladrones, bien de sus parientes. Después de esto, se trasladó a la montaña de Rila y se estableció en un árbol hueco. Se alimentaba solamente con hierbas y con habas que, según la Providencia de Dios, empezaron a crecer en los alrededores. Durante muchos años, no vio el rostro de ningún hombre hasta entonces, pero por la Providencia de Dios, fue descubierto por pastores que estaban buscando a una oveja perdida. Así, la gente empezó a escuchar del santo y empezaron a venir a él buscando ayuda en la enfermedad y en el sufrimiento. El mismo rey búlgaro Pedro visitó a Juan y buscó consejo en él. Muchos celosos de la vida espiritual se establecieron cerca de Juan. Allí se construyó muy pronto una iglesia y un monasterio. San Juan durmió en el Señor pacíficamente el 18 de agosto del 946, a la edad de setenta años. Tras su muerte, se apareció a sus discípulos. Al principio, sus reliquias fueron trasladadas a Sofía, más tarde a Hungría, a Trnovo y finalmente al monasterio de Rila donde reposan hasta hoy. A través de los siglos, el monasterio de Rila fue un faro de luz, un lugar de poder milagroso y consuelo espiritual para el pueblo cristiano de Bulgaria, especialmente durante los tiempos de difícil sumisión bajo los turcos.

 

 

Los santos mártires Floro y Lauro

 

Floro y Lauro eran hermanos en la carne, en espíritu y en vocación. Ambos eran celosos cristianos, y de ocupación, picapedreros. Vivian en Iliria. Un príncipe pagano los contrató para construir un templo a los ídolos. Durante la construcción, sucedió que un trono de piedra cayó y golpeó el ojo del hijo del sacerdote pagano que estaba observando el trabajo de los constructores con curiosidad. Viendo a su hijo ciego y ensangrentado, el sacerdote pagano comenzó a gritar a Floro y a Lauro y quiso golpearles. Entonces, los santos hermanos le dijeron que si creyera en el Dios en el que creían ellos, su hijo se sanaría. El sacerdote aceptó. Floro y Lauro rezaron con lágrimas al Único, Vivo y Señor Dios y trazaron la señal de la cruz sobre el ojo lesionado del hijo. Este se sanó inmediatamente y su ojo volvió a estar como estaba antes. Entonces el sacerdote pagano Merencio y su hijo fueron bautizados y, poco después, ambos sufrieron por Cristo en el fuego. Cuando completaron el templo, Floro y Lauro pusieron una cruz en él, convocaron a todos los cristianos y lo consagraron en nombre del Señor Jesucristo con una vigilia nocturna y cantando himnos. Escuchando esto, el gobernador de Iliria quemó a muchos cristianos y echó a Floro y a Lauro vivos en un pozo y luego lo llenó de tierra. Después, sus reliquias fueron encontradas y llevadas a Constantinopla. Estos dos maravillosos hermanos sufrieron y fueron martirizados por Cristo y fueron glorificados, en el siglo II.

 

 

El sacerdote y mártir Emiliano, obispo de Trevi

 

Emiliano nació en Armenia. Según sus deseos y buscando el martirio, viajó a Italia a predicar a Cristo durante el reinado de Diocleciano. Fue elegido obispo de Trevi. Como resultado de sus muchos milagros durante su tortura, aproximadamente unos mil paganos creyeron en Cristo. Fue asesinado por la espada junto con Hilarión, su padre espiritual, y dos hermanos, Dionisio y Hermipo.

 

 

Himno de Alabanza

 

Los santos mártires Floro y Lauro

 

A dos hermanos, dos santos, dio a luz una madre,

Bendita es tal madre que complace a Dios.

Los gloriosos Floro y Lauro tallan la piedra,

Y con esto, y con la cruz, corregían las almas de los hombres;

Lo que un cincel es a la piedra, la Cruz lo es para el alma,

Por la cruz cincelaban, y por la cruz perecieron.

El pagano sacerdote, vio el milagro invisible:

El ojo fue golpeado, el ojo fue sanado.

Un milagro increíble. Para él fue suficiente

Y con la Cruz fue bautizado y se convirtió en mártir.

Los gloriosos Floro y Lauro construyeron un templo de los ídolos,

Pero en su corazón, glorificaban a Cristo Dios.

Los hermanos, un nuevo templo pagano construyeron,

Pero en él, pusieron la cruz, y he aquí, un templo cristiano.

Aun así, con himnos de alabanza a Cristo, lo llenaron

Y con la belleza de las lámparas e incienso puro.

El hombre, al hombre se asemeja en la misma forma,

Pero uno es humilde y el otro es extravagante.

He aquí, son muy similares, en el cuerpo y en la vestimenta,

Pero muy diferentes en la mente y el espíritu.

En uno está Cristo y su santidad pura,

En el otro está el sufrimiento diabólico y el vacío.

Que Dios conceda a nuestro cuerpo

Ser templos del Dios vivo, el Espíritu

Mediante las poderosas oraciones de los elegidos de Dios,

Los hermanos Floro y Lauro, santos mártires.

 

 

Reflexión

 

No es algo extraño que, especialmente en nuestro tiempo, los padres se conviertan en los culpables de la muerte espiritual de sus hijos. Cada vez que un hijo tiene una inspiración hacia la vida espiritual, el ascetismo y el monasticismo, el padre cercena su aspiración en vez de alentarla, tal padre se convierte en el asesino de su hijo. Y tales hijos, como castigo a sus padres, a menudo se vuelven hacia el lado opuesto y se pervierten. Un chico llamado Lucas, el sobrino de San Juan de Rila, habiendo escuchado sobre su tío y conducido por el deseo de la vida espiritual, visitó a su tío en la montaña. Juan recibió a Lucas con amor y empezó a instruirlo y fortalecerlo en la mortificación del ascetismo. Sin embargo, un día, el padre de Lucas apareció en la cueva de Juan y furiosamente comenzó a increpar al santo por mantener a su hijo en aquel desierto. Las palabras de Juan y sus consejos fueron en vano. El padre arrastró a su hijo a su casa a la fuerza. Sin embargo, de camino a casa, una serpiente mordió al chico y Lucas murió. El cruel padre vio en esto el castigo de Dios y se arrepintió, pero ya era demasiado tarde. Regresó a Juan lamentándose y condenándose a sí mismo. Pero el santo sólo le dijo que enterrara al hijo y que regresara al lugar de donde había venido.

 

 

Contemplación

 

Contemplemos la maravillosa elección de Dios, que designó a David como rey (1º Samuel // 1º Reyes 16):

 

1. Cómo el Señor instruyó a Samuel para que fuera a la casa de Jesé y ungiera a uno de sus hijos como rey;

 

2. Cómo el Señor indicó a Samuel que ungiera a David, un pastor de ovejas, el octavo y más joven hijo de Jesé;

 

3. Cómo Samuel ungió a David y cómo el Espíritu de Dios descendió sobre David.

 

 

Homilía

 

Sobre la paz entre el lobo y el cordero

 

“Habitará el lobo con el cordero, y el leopardo se acostará junto al cabrito” (Isaías 11:6).

 

Así, el verdadero profeta anunció la verdad. Y más adelante añadió: “El ternero y el leoncillo andarán juntos, y un niño los guiará. La vaca pacerá con la osa y sus crías se echarán juntas; y el león comerá paja con el buey. El niño de pecho jugará junto al agujero del áspid, y el recién destetado meterá la mano en la madriguera del basilisco” (Isaías 11:6-8). Hermanos, ¿cuándo sucederá esta maravilla? Esto ya sucedió cuando Cristo apareció en la tierra. Es una realidad del paraíso, que fue restaurada entre los hombres con la venida del Salvador sobre la tierra. El profeta habla enigmáticamente pero, sin embargo, muy claramente; enigmáticamente, pues el profeta no habla sobre bestias salvajes, sino de hombres, y su profecía fue claramente cumplida en la Iglesia de Cristo. Los hombres, que por sus hábitos, eran lobos, gatos salvajes, leones, osos, bueyes, corderos, niños y serpientes, todos están ante el Niño de Belén igualados por la fe, domesticados por la gracia, iluminados por la esperanza y dulcificados por el amor.

 

Más adelante, el profeta anuncia porqué tendrá lugar esto: “Porque la tierra estará llena del conocimiento de Dios, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9). Cuando se ve físicamente, cada hombre es la tierra. El hombre que cree en Cristo y, verdaderamente lo sigue, se llena de conocimiento del Señor como el mar, que está cubierto de agua. Así eran muchos individuos. Tales eran incluso multitudes enteras de ascetas en Egipto, en la Santa Montaña del Athos, en Chipre, en Rusia, en Armenia y en otros lugares. Pero esto no es todo. El conocimiento del Señor se ha extendido hoy en día por toda la tierra. Las Santas Escrituras están distribuidas en todas las naciones. Hay pocos rincones de la tierra en los que no se lea el Evangelio de Cristo, donde el nombre de Dios no se conozca y donde el Sacrificio del Señor no sea ofrecido. Algunos niegan a Cristo, otros lo abrazan, algunos abandonan la verdadera fe y otros la abrazan. Y así continúa la lucha por todo el mundo con el nombre del Señor Jesús. Las aguas desbordantes se vierten sobre los valles vacíos; estos se llenan y se igualan en altura por el agua. No todo en el mundo brilla como lo desearíamos los cristianos, pero la profecía de Isaías se ha cumplido gloriosamente y se lleva a su término.

 

Oh, cuán maravillosa es la visión de Isaías, el hijo de Amós, el verdadero profeta.

 

 

Oh poderoso Señor, domestica la naturaleza salvaje de los hombres y de la gente que no está domada por el poder de tu amor. Que todos sean fructíferos por tu abundancia. Que todos sean gloriosos por tu Gloria y vivan, oh Señor, por tu vida inmortal.

 

Traducido por psaltir Nektario B (P.A.B)

 

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Categorías:prólogos de Ohrid

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