Prólogos de Ohrid: 22 de agosto / 9 de agosto

 ohrid 22-08

 

El santo apóstol Matías

 

Matías nació en Belén, de la tribu de Judá. Estudió con San Simeón “el receptor de Dios”, en Jerusalén. Cuando el Señor salió a predicar acerca del reino de Dios, entonces Matías se unió a los que amaban al Señor, pues él mismo lo amaba con todo su corazón y escuchaba con alegría sus palabras y testificaba sus obras. Al principio, Matías fue contado entre los Setenta discípulos menores de Cristo pero tras la resurrección del Señor, como el puesto de Judas estaba vacante, los apóstoles, por elección, escogieron a Matías en el lugar de Judas como uno de los doce grandes apóstoles. “Y propusieron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando dijeron: “Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra a quién de estos dos has elegido para que ocupe el puesto de este ministerio y apostolado del cual Judas se desvió para ir al lugar propio suyo. Y echándoles suertes, cayó la suerte sobre Matías, por lo cual este fue agregado a los once apóstoles” (Hechos 1:23-26). Al recibir el Espíritu Santo el día de Pentecostés, Matías se dispuso a predicar el Evangelio, primero en toda Judea y después en Etiopía, donde sufrió grandes torturas por Cristo. Se dice que predicó en Macedonia, donde quisieron cegarlo, aunque se volvió invisible a sus torturadores y así escapó del peligro. Estando en prisión, el Señor se le apareció, alentándolo y liberándolo. Finalmente, regresó de nuevo a su labor en Judea. Allí, fue acusado y conducido a los tribunales ante el sumo sacerdote Ananías, ante quien testificó sin temor el nombre de Cristo. Ananías, el mismo Ananías que antes de esto, mató al apóstol Santiago, condenó a muerte a Matías. Condujeron a Matías a las afueras, lo apedrearon hasta la muerte, y después de eso, lo decapitaron con un hacha (esta era la forma romana de matar a una persona que era sentenciada a muerte y los judíos hipócritas aplicaban este método sobre un hombre muerto para mostrar a los romanos que la persona asesinada era enemiga de Roma). Así, este gran apóstol de Cristo murió y tomó posesión de la morada celestial en el gozo eterno de su Señor.

 

 

El santo mártir Antonio

 

Antonio era ciudadano de Alejandría. Conducido ante el príncipe pagano, confesó libremente su fe y fue torturado, flagelado y golpeado, pero no negó a Cristo. Finalmente, fue arrojado al fuego y, en medio del fuego, habló a la gente: “Mis amados hermanos, no seáis esclavos del cuerpo sino preocuparos más por el alma que os concede Dios y el parentesco de Dios y de las huestes celestiales”. Y así, instruyendo a su pueblo y siendo quemado en el fuego, Antonio entregó su santa alma a Dios.

 

 

Los santos mártires Julián y Marciano y otros con ellos

 

Todos sufrieron a manos del malvado emperador León Isaurico defendiendo los iconos en el año 716, y fueron coronados con gloria inmarcesible.

 

 

Himno de Alabanza

 

San Matías, el apóstol

 

Matías, el apóstol, habló sobre Cristo

Y testificó abiertamente ante los judíos:

“Él es el Mesías, del que hablan las escrituras,

Él es el Hijo de Dios, que descendió de las alturas,

Él es el Verbo de Dios, divina Hipóstasis,

Del que los profetas hablaron claramente.

Moisés profetizó: un profeta como yo,

De Dios, brillará con esplendor entre vosotros.

Y el rey David dijo: todas las generaciones de la tierra,

Por Él serán gloriosas y bendecidas.

Isaías, con espíritu valiente, hacia el cielo mira

Y viendo, dijo: Una virgen concebirá

Y dará a luz a un Hijo y un nombre a Él le dará,

Emmanuel, será llamado, “Dios con nosotros”.

Incluso Jonás, fue el prototipo de su entierra,

Y como de su entierro, así también de su resurrección,

Cuando, en el vientre de la ballena, permaneció tres días,

Y nuevamente por Dios, fue hecho digno de la vida,

Las sombras han pasado y las profecías se han cumplido.

Las palabras prometidas, en carne se han tornado.

Pero, en vano habla el hombre despierto al que duerme,

Pues el que duerme durante todo el día, en el día no cree.

 

 

Reflexión

 

Tomar el pecado de alguien sobre sí mismo, es una forma de martirio y el signo de su gran amor por el prójimo. Así como la muerte es la consecuencia del pecado, el tomar el pecado de otro sobre uno mismo significa añadir a su propia muerte incluso otra muerte. “Y el pecado consumado engendra muerte” (Santiago 1:15). Sin embargo, Dios recompensa con la resurrección a los que, por amor, toman sobre sí la muerte de otros. Hay muchos ejemplos de cómo los santos tomaron sobre sí los pecados de sus prójimos. Así, se cuenta de San Amón: “un hermano cayó en el pecado y vino a Amón y le dijo que a causa del pecado que había cometido, debía abandonar el monasterio y regresar al mundo. Amón dijo al hermano que tomaría sobre sí  el pecado y le aconsejó al hermano permanecer en el monasterio. El hermano permaneció allí y el anciano Amón procedió a ofrecer arrepentimiento y oraciones a Dios. Después de un tiempo, el anciano recibió una revelación de Dios de que el pecado estaba perdonado a causa de su amor por el hermano”. Cuando San Macario, San Simeón el “loco por Cristo”, Santa Teodora y otros fueron acusados de promiscuidad, no se defendieron, sino que tomando los pecados de otros, recibieron el severo castigo por el pecado y lo sufrieron todo pacientemente hasta que Dios reveló su inocencia a los hombres.

 

 

Contemplación

 

Contemplemos el castigo de Dios sobre el pueblo de Israel por los pecados de los hijos de Elí, el juez y sumo sacerdote (1º Samuel / 1º Reyes 4):

 

1. Cómo los hijos del sacerdote (Ofni y Finees) pecaron abiertamente y en secreto en Silo, delante del arca de la alianza;

 

2. Cómo Dios concedió la victoria en la batalla a los filisteos sobre Israel, en la que muchos miles de israelitas fueron asesinados, junto con los hijos del sacerdote, y el arca de la alianza fue robada;

 

3. Cómo, a causa de los pecados de los ancianos del pueblo, Dios permite sufrir a toda una nación.

 

 

Homilía

 

Sobre la pequeñez del pecado ante la majestad de Dios

 

“Métete en la peña y escóndete en el polvo, ante el terror del Señor, y ante la gloria de su Majestad” (Isaías 2:10).

 

 

Esta es una amarga burla del profeta a su pueblo, un pueblo idólatra. El pueblo había rechazado la fe en el único y verdadero Dios, y empezó a adorar ídolos de piedra y barro. ¿Qué harás, oh pueblo impío, cuando “el terror del Señor” aparezca? ¿Dónde huirás cuando aparezca la “gloria de su majestad”? ¡Huye a las rocas con las que te has hecho un dios para ti mismo!. ¡Huye al barro, con el que te has creado un dios!. ¡Oh, cuán terrible es la burla de este profeta discerniente! ¿Quién puede entrar en una roca y esconderse? ¿Quién puede huir al barro y ocultarse del Altísimo?

 

Sin embargo, hermanos, abandonemos la idolatría de los judíos, por la cual fueron castigados en gran manera y, por un momento, miremos la idolatría entre los cristianos. ¿Qué es el oro amasado, sino un ídolo? ¿Qué son los campos cultivados, sino un ídolo de barro? ¿Qué son las vestiduras lujuriosas sino un ídolo hecho de pieles de animales? ¿Dónde se ocultarán los idólatras de nuestra generación cuando el “terror del Señor” aparezca y cuando la “gloria de su Majestad” aparezca? ¡Huid del oro, adoradores del oro! ¡Huid de la tierra, adoradores de la tierra! ¡Ocultaos en las pieles de animales y enterraos con las pieles de los zorros y las sedas de los gusanos muertos, oh idólatras! ¡Oh amarga ironía! Todo esto será arrasado en el Día del Señor, en aquel Día Temible. Pues el hombre estará frente a frente ante el Majestuoso y Eterno. Todos los ídolos de la humanidad serán destruidos por el fuego ante los hombres, y entonces el Juez Inmortal preguntará a los idólatras: “¿Dónde están tus dioses?”.

 

Isaías, el hijo de Amós, el profeta de Dios, vivió en la tierra hace mucho tiempo, pero esta visión, incluso hoy, es temible, beneficiosa y, nuevamente, temible.

 

¡A ti, el Único Señor vivo, te adoramos! Todo lo demás es polvo pasajero. Ayúdanos, Señor, ayúdanos para que nuestra mente y nuestro corazón no se adhiera al barro pasajero sino a Ti, sólo a Ti, el Único Vivo.

 

Traducido por psaltir Neltario B. (P.A.B)

 

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Categorías:prólogos de Ohrid

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