Prólogos de Ohrid: 21 de agosto / 8 de agosto

ohrid 21-08

San Emiliano el Confesor, obispo de Cícico

Emiliano sirvió como obispo de Cícico durante el reinado del nefasto emperador León el Armenio, el iconoclasta. Puesto que no quería someterse a los decretos del emperador con relación a la eliminación de los iconos en las iglesias, Emiliano y otros obispos ortodoxos fueron desterrados al exilio. Pasó cinco años en el exilio, sufriendo muchas penas y humillación por Cristo. Emiliano murió en el año 820, y tomó posesión de su morada entre los ciudadanos del cielo.

San Mirón, taumaturgo y obispo de Creta

Al principio, Mirón estaba casado y se dedicaba a la agricultura. Mirón, feliz y abundantemente distribuyó los frutos de su tierra entre los necesitados. Una vez, se encontró con unos ladrones desconocidos que robaban trigo de su sembrado. Sin decirles quién era, San Mirón ayudó a los ladrones a llenar los sacos, ayudándolos a cargarlos a la espalda y a escapar. A causa de sus virtudes excepcionales, Mirón fue ordenado como sacerdote y después consagrado como obispo. Fue un gran obrador de milagros e hizo muchas obras buenas y poderosas en nombre del Señor Jesucristo. Mirón murió alrededor del año 350, en el centenario de su vida.

El venerable Gregorio el Sinaita

Gregorio es llamado el Sinaita porque recibió la tonsura monástica en el Monte Sinaí. Durante el reinado del emperador Andrónico Paleólogo, alrededor del año 1330, llegó al Monte Athos para visitar los monasterios y recibir instrucción sobre la práctica de la oración mental y la contemplación. Sin embargo, estas dos formas de trabajo espiritual (ejercicios), en aquel tiempo eran prácticamente desconocidas para los santos athonitas. El único que conocía esto y lo practicaba era San Máximo de Kapsokalyvia. Gregorio extendió su enseñanza sobre la oración mental por todas las celdas y monasterios del Monte Athos. Su distinguido discípulo fue Calixto, patriarca de Constantinopla, que escribió la biografía de San Gregorio. Después, Gregorio viajó a Macedonia y a las demás regiones de Los Balcanes, y estableció comunidades en las que los monjes practicaban la oración mental. Así, ayudó a muchos a sumergirse en la oración y ser así salvados. Sus escritos sobre la oración mental y el ascetismo se pueden encontrar en el libro de La Filocalía. Entre otras cosas, escribió los estribillos a la Santa Trinidad: “Es digno y justo”, que se cantan en el oficio de medianoche de Resurrección. Gregorio se encuentra entre los más eminentes ascetas y maestros espirituales de Los Balcanes. Murió pacíficamente después de una larga y laboriosa vida y recibió su morada en el reino de Dios.

Los santos mártires Triandafilos y Spaso

Triandafilos nació en Zagora y Spaso nació en Radoviste, en la diócesis de Strumica. Ambos eran eslavos y simples jóvenes. Pero su amor por Cristo fue más preciado para ellos que este mundo o esta vida. Entregaron sus vidas y no traicionaron a Cristo. Sufrieron a manos de los turcos por causa de Cristo: Triandafilos en Constantinopla, en el año 1680, y Spaso en Tesalónica, en el año 1794.

El santo mártir Gormizdas

Gormizdas era un noble de la corte del emperador persa Yezdegeherd. Puesto que eligió no renegar de Cristo, el emperador entristeció a Gormizdas confiscándole su rango y propiedades y enviándolo a cuidar ganado. El emperador esperaba que Gormizdas volviera así a su antiguo rango y a sus propiedades y que adorara a los ídolos. Sin embargo, el rey se engañó. Gormizdas cuidó pacíficamente el ganado y mantuvo su fe. Por eso, el emperador lo sometió a crueles torturas, que sólo lograron agotar el cuerpo del mártir, pero que fueron incapaces de alterar su espíritu. Finalmente, Gormizdas fue asesinado en el año 418, inmediatamente después del martirio de San Abdus el obispo (31 de marzo). Gormizdas fue martirizado en la tierra y glorificado en el cielo.

Himno de Alabanza

 

San Gregorio el Sinaita

El sabio Sinaita enseñó a los monjes,

Y por su ejemplo, confirmó sus enseñanzas:

La impasibilidad es la tierra prometida,

Por el Espíritu, el alma sin pasiones se ilumina.

Sin ninguna enseñanza, se hace hombre

Cuando, con oración, su mente descansa en el corazón.

De todas las pasiones, los pensamientos son los precursores pecaminosos,

Que, con la autoridad maligna, atrapan el alma.

Somos gente enferma, y para nosotros el médico dispuso la medicina,

Para ser sanado, para estar saludable.

El Nombre de Jesús, habla en vuestro corazón,

Como el fuego, consumirá las pasiones.

Que este poderoso nombre, con celestial resplandor

Fluya en vuestro corazón, con la respiración.

Si en vuestro corazón no mora Jesús el Señor,

Las demás mortificaciones se estancan como el agua.

Sólo Jesús, dentro de mi, es capaz,

El agua de mi ser, en vino convertir.

Como en un nido, coloca tu mente en el corazón,

Y glorifica así a Jesús, por la oración incesante.

¡Oh Señor Jesús, ten piedad de mí pecador!

Que la oración sea tranquila, no con premura,

Pues el corazón, con la oración, en llamas estalla,

Y así la mente, al cielo ve sobre la tierra, y ya no mora en sí.

 

Reflexión

Moisés habló a los hijos de Israel: “Yo invoco hoy por testigos contra vosotros el cielo y la tierra, poniendo ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu posteridad” (Deuteronomio 30:19). Hay momentos decisivos en la vida de los hombres en los que, de hecho, queda en manos del hombre escoger entre la vida o la muerte. Judas, en un momento decisivo, fue corrompido por el dinero y eligió la muerte, es decir, el pecado de la avaricia (codicia). Cuando el general quiso elevar al soldado San Marino (7 de agosto) al rango de centurión, los hombres envidiosos lo acusaron de ser cristiano. El general le permitió sólo tres horas para contemplar y elegir entre la vida o la muerte, es decir, entre negar a Cristo o morir. Marino, escuchando estas palabras de su superior, acudió al obispo local, Teotecno, y le pidió consejo. El obispo llevó a Marino a la Iglesia, lo puso delante del Evangelio, y señalando con su mano, primero al Evangelio y luego a la espada que Marino blandía, le dijo: “Elige valiente hombre, uno de estos dos: o llevar la espada y servir al rey terrenal temporalmente y tras la muerte, estar perdido eternamente, o convertirte en un soldado del Rey Celestial y entregar tu vida por Su Santo Nombre que está escrito en este Libro y reinar con Él en la vida eterna”. Marino decidió inmediatamente, besó el libro del Santo Evangelio y partió para la muerte y a la vida eterna.

Contemplación

Contemplemos la milagrosa aparición de Dios al niño Samuel (1º Samuel / 1º Reyes 3):

1. Cómo una noche, mientras Samuel dormía, lo llamó el Señor tres veces por su nombre;

2. Cómo el Señor contó a Samuel la amenaza que pesaba sobre la casa de Elí, a causa de la corrupción de los hijos de Elí y la amenaza para todo Israel;

3. Cómo el Señor no quiso aparecerse a Elí, el gran sacerdote o a sus hijos, sino a Samuel, un inocente niño.

Homilía

 

Sobre el establecimiento de la paz de Cristo

“De sus espadas forjarán rejas de arado, y de sus lanzas hoces. No alzará ya espada pueblo contra pueblo, ni aprenderás más la guerra” (Isaías 2:4).

¡Cuán claramente ve el profeta a Cristo el Pacificador! Uno por uno, el profeta señala la dignidad del Salvador. En primer lugar, el profeta lo señala como el Dador de la nueva ley, una ley para todos los pueblos de la tierra. A continuación, el profeta señala su exaltación por encima de las alturas, terrenales e históricas. Y ahora, el profeta lo señala como el Pacificador, cuyo poder y amor forjarán arados de sus espadas y hoces de sus lanzas. ¿Se ha cumplido esta gran profecía sobre la paz? Sí, a pesar del hecho de que la guerra aún existe. He aquí, las guerras contra los pueblos cristianos no son las mismas que entre los paganos. Los paganos lucharon con orgullo mientras que los cristianos luchan con vergüenza. La fe pagana llenaba sus cielos sólo con guerreros, y la fe cristiana promete el cielo a los santos. Como cristianos, por debilidad, repetimos algunos pecados paganos, por lo cual también repetimos la lucha. Sin embargo, Dios examina el corazón y sabe con qué disposición pecan los paganos y con qué disposición pecan los cristianos. El fariseo negó a Cristo, y Pedro también lo negó. Pero el fariseo lo negó con malicia impenitente y Pedro lo negó con vergüenza, aunque nuevamente lo confesó con arrepentimiento.

Sin embargo, hermanos, ¿qué podemos decir con relación a las espadas y las lanzas de las pasiones por las que matamos nuestras almas y las almas de nuestros prójimos? ¡Oh, cuando conseguiremos convertir estas espadas en rejas de arado que aren profundamente las almas y las siembren con la noble semilla de Cristo en nosotros mismos! ¡Y cuando haremos hoces de las espadas para recoger la cizaña de nuestras almas y quemarla! Entonces la paz de Cristo morará en nuestras almas, así como habitó en las almas de los santos. Entonces, ¿quién pensará incluso en luchar contra su prójimo o contra sus pueblos vecinos?

¡Oh, cuán asombrosa es la visión de Isaías, el hijo de Amós, el profeta de Dios!

Oh Señor, transforma las armas de la guerra en instrumentos de paz por el fuego de tu palabra.

Traducido por psaltri Nektario B. (P.A.B)

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Categorías:prólogos de Ohrid

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