Prólogos de Ohrid: 20 de agosto / 7 de agosto

ohrid 20-08

El venerable mártir Domecio

Domecio nació en Persia siendo un pagano, durante el reinado del emperador Constantino. Conoció la fe de Cristo siendo joven, abandonó el paganismo y fue bautizado. Tanto amaba Domecio la verdadera fe que abandonó todo lo mundano y fue tonsurado monje en un monasterio cerca de la ciudad de Nisibis. Vivió durante algún tiempo entre los hermanos y luego llevó una vida de silencio para estar con cierto anciano archimandrita llamado Urbel, del que se decía que no había comido nada cocinado durante sesenta años. El anciano Urbel ordenó a Domecio como diácono y cuando quiso obligarlo a recibir el rango del sacerdocio, Domecio se alejó a una montaña aislada y se estableció en una cueva. Alcanzó tal grado de perfección mediante el ayuno, la oración, las vigilias nocturnas y los pensamientos piadosos que curaba a los enfermos. Cuando Juliano el Apóstata llegó a aquellas regiones, oyó hablar de Domecio y envió a algunos hombres para sellarlo vivo en la cueva en la que moraba junto con dos de sus discípulos. Así, este santo de Dios murió y tomó posesión de su morada en el reino de Dios, en el año 363.

El venerable Or, ermitaño de Tebaida

Or alcanzó una gran perfección por medio de grandes mortificaciones. Cuando se estableció firmemente y alcanzó la santidad en soledad, entonces fundó gradualmente varios monasterios y fue un gran líder espiritual y maestro de muchos monjes. Rufino, que lo visitaba, describe a Or de la siguiente forma: “Con su vestidura (hábito), parecía un ángel de Dios; un anciano de noventa años con una barba larga, blanca como la nieve; externamente era muy complaciente. Su mirada brillaba con algo sobrehumano”. Muchas veces, vio a los ángeles de Dios. Se esforzó especialmente por no decir nunca una mentira. Sufría grandes tentaciones de los demonios, pero las venció todas con sobriedad y valentía. Recibía la Santa Comunión diariamente. En una ocasión, uno de sus discípulos le recordó que la fiesta de la Resurrección llegaba y que se debería celebrar. Escuchando esto, Or levantó sus manos al cielo y estuvo tres días orando sin descanso. Así, explicó a su discípulo: “Para el monje, esta es la celebración de Cristo: elevar su mente y unirla con Dios”. Durmió en paz a una avanzada edad alrededor del año 390.

Los santos mártires Marino y Asterio

Marino fue un soldado y Asterio un senador romano. En el tiempo del emperador Galieno, San Marino sirvió como soldado en Cesarea, Palestina. Marino fue decapitado por causa de la fe en Cristo. Asterio, el senador, también cristiano, estuvo presente en su martirio. Se quitó su túnica y, con ella, envolvió el cuerpo del mártir, lo cargó a sus espaldas, llevándoselo y enterrándolo honorablemente. Viendo esto, los paganos también lo decapitaron. Ambos murieron honorablemente por Cristo en el año 260.

El venerable Pimen, el gran afligido

Pimen estuvo enfermo desde su juventud y desde ese tiempo deseaba la vida monástica. Llevado a la Laura de las Cuevas de Kiev para su curación, permaneció allí hasta su muerte. Pimen oraba a Dios, más por su enfermedad que por su salud. Una noche, los ángeles se le aparecieron y le tonsuraron como monje. En una ocasión, los ángeles le informaron de que estaría enfermo hasta el momento de su muerte, y justo antes de ella, se sanaría. Y así sucedió. Pimen estuvo postrado en cama durante veinte años. Obró milagros durante su vida y tuvo un discernimiento espiritual bastante inusual. Justo antes de su muerte, se levantó del lecho por completo e inmediatamente preparó una tumba para sí mismo. Descansó en el Señor en el año 1110.

El sacerdote y mártir Narciso, patriarca de Jerusalén

Narciso fue decapitado durante el reinado de Antonino, en el año 213, a la edad de ciento dieciséis años.

Himno de Alabanza

San Or, ermitaño de la Tebaida

Honor de los monjes, gloria de los monjes,

Líder de los monjes, Or, el sabio Abba,

Con gran trabajo, con muchos suspiros,

Alcanzó la perfección de un verdadero monje.

¡Enséñanos una lección!, le suplicaron una vez.

Nunca dijo una mentira, y sólo habló la verdad.

Conozco a un hombre que nunca juró,

Nunca mintió, nunca deseó mal a nadie.

Así, el anciano, después de su respuesta, permaneció en silencio.

Entonces, San Sisoes preguntó a Or:

Padre, dame una instrucción.

¡Vive como me ves!, le dijo.

Dime más claramente cómo debería verte.

¿Todos los hombres esconden secretos en su interior?

Nuevamente Or le dijo: Mira, a ti te hablo:

De todas las creaciones de Dios, yo me considero la peor.

Pablo, el discípulo, de Or aprendió de esta manera:

De todo pecado huirás fácilmente

Pero si huyes, sólo de la mala conversación

Pues de este mal, brota todo pecado

Y para el alma del hombre, la mala conversación es la muerte,

Toda buena semilla en su corazón se ahoga.

Algo más te diré y que sea suficiente,

Los pensamientos de la vanidad aléjalos,

Los deseos dementes, apártalos,

De lo material, distánciate,

Y así, hijo mío, alcanzarás lo espiritual.

Reflexión

No os preocupéis por los justos ni envidiéis a los pecadores. Recordad siempre que el Señor Jesucristo, por su resurrección, conquistó la vergonzosa muerte y que Herodes, Judas, Nerón, Julián el Apóstata, Valeriano, León el Armenio y otros opositores a Cristo, por una muerte vergonzosa, terminaron para siempre sus éxitos y victorias temporales. Los envidiosos calumniaron a San Narciso el patriarca por violar su castidad. El inocente Narciso se retiró al desierto y pasó muchos años en silencio y pacientemente esperó para que Dios hiciera su voluntad. Le sucedieron tres patriarcas (en el trono patriarcal) y sólo entonces los hombres se presentaron y probaron claramente su inocencia. Así, todos lo forzaron a regresar del desierto a su trono. Y por eso Dios justifica al justo. El sangriento emperador Valeriano, con pasión satánica, asesinó a muchos cristianos por todo el mundo (el Imperio Romano). ¿Cómo terminó? En la batalla contra los persas, fue vencido y esclavizado por el rey Sapor. Sapor no deseaba matarlo de inmediato, sino usarlo como estrado para subir a su caballo. Todos los días, los siervos del rey Sapor llevaban a Valerio junto con su caballo ante Sapor y este disfrutaba poniendo sus pies sobre el cuello del emperador romano para hacer más fácil su subida al caballo. El que siembra semilla de maldad, recoge una mala cosecha.

Contemplación

Contemplemos la misericordia de Dios sobre la estéril Ana, la madre de Samuel (1º Samuel/1º Reyes 1):

1. Cómo Ana estaba estéril y en su tristeza imploró a Dios para que diera a luz un hijo, prometiendo dedicarlo a Dios;

2. Cómo Dios escuchó las oraciones de Ana y esta dio a luz a un hijo y lo llamó Samuel (el que suplica a Dios);

3. Cómo Ana condujo a Samuel al templo y lo dedicó a Dios.

Homilía

Sobre la nueva ley de Sión

“Pues de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Dios” (Isaías 2:3).

 

El profeta habla de una nueva ley y de una nueva palabra. La antigua ley fue dada en el Sinaí y la nueva ley vendría de Sión. La antigua ley fue dada por medio de Moisés, y la nueva ley, la traería el mismo Señor Jesucristo. Esta (la antigua ley) estuvo destinada desde un principio sólo para los judíos, y esta otra (la nueva ley), estaría dirigida a todos los pueblos y a toda la humanidad. Sin embargo, aunque estas palabras del profeta son claras, los judíos no podían entenderlas ni las entienden hoy día. El sentido de estas palabras está oculto a ellos a causa de sus duros corazones. ¿A quién aplican (los judíos) estas palabras? A nadie. ¿Cómo interpretan (los judíos) estas palabras? No lo hacen. Pasan sobre estas palabras como un ciego pasa por una puerta abierta. Si hubieran sido capaces de comprender estas palabras, entonces ¿habrían obrado de la forma en la que obraron con el profeta y con el profetizado? ¿Habrían despedazado a Isaías y crucificado a Cristo en la Cruz?

Los judíos consideraban la ley de Moisés como la única ley final de Dios. Por eso eran incapaces de comprender el sentido de la profecía de la nueva ley de Sión, es decir, de la Casa de David, pues David glorificó Sión. Pero si los judíos no supieron comprender la nueva ley mediante la antigua, los cristianos sabemos que mediante la nueva ley comprendemos la antigua. Los judíos solo tenían un árbol sin frutos, pero nosotros tenemos el árbol y los frutos. Ellos sólo tienen una imagen sin realidad, pero nosotros tenemos la realidad y la imagen. Ellos se adhirieron sólo a las promesas, pero entendiéndolas incorrectamente, y nosotros tenemos las promesas y su cumplimiento.

Oh poderoso Señor, que nos enriqueciste con tu ley espiritual y tus vivificantes palabras. A Ti sólo te adoramos y a Ti sólo te oramos. Te suplicamos que nos concedas sabiduría y poder para vivir.

Traducido por psaltir Nektario B. (P.A.B)

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Categorías:prólogos de Ohrid

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