Prólogos de Ohrid: 18 de agosto / 5 de agosto

ohrid 18-08 

El santo mártir Eusignio

Eusignio sirvió como soldado en el ejército del emperador Maximiano, el emperador Constantino el Grande y con los hijos de Constantino. Estuvo presente durante la tortura de la santa mártir Basilisca (22 de mayo). Vio miles de ángeles y al mismo Señor Jesús cuando recibió el alma de la santa mártir, de manos de los ángeles. Eusignio luchó con el emperador Constantino y vio la cruz que se le apareció al emperador. Sirvió en el ejército durante sesenta años completos y durante el reinado de los hijos de Constantino dejó el servicio militar y se estableció en Antioquía, el lugar de su nacimiento. Allí, vivió una vida complaciente a Dios en ayuno, oración y buenas obras. Durante el tiempo de Julián el Apóstata, dos hombres que discutían en la calle le pidieron que fuera su juez. Dispensó la justicia al justo y el hombre injusto se llenó de ira y fue al emperador y acusó a Eusignio de ser un cristiano. El emperador convocó a Eusignio a la corte, pero este denunció al emperador por su apostasía de la fe y le reprendió con el insigne ejemplo de Constantino el Grande. El rabioso Julián ordenó que fuera decapitado. Eusignio fue martirizado a una avanzada edad, en el año 362, y recibió su morada en el reino del cielo.

El sacerdote y mártir Fabián, papa de Roma

Fabián era romano de nacimiento. Al principio, fue un sacerdote de pueblo y, luego, durante la elección del papa, descendiendo sobre él una paloma blanca y fue elegido papa. Fabián era manso y dulce. Con gran diligencia, reunió los cuerpos de los santos mártires y los enterró con honor, construyendo iglesias sobre sus tumbas. De la misma forma, construyó santuarios y capillas en las cuevas en las que los mártires se escondieron durante el tiempo de la amarga persecución. Bautizó al emperador Felipe y a su hijo Felipe, el heredero al trono, y con la ayuda del bautizado senador Poncio, destruyó muchos ídolos y templos idolátricos. Cuando el malvado Decio fue coronado emperador, comenzó una terrible persecución contra los cristianos, durante la cual San Fabián sufrió y fue decapitado en el año 250. Este santo Fabián estableció la costumbre de consagrar el Santo Miro el día del Santo y Gran Jueves.

El santo mártir Poncio, el senador

Poncio era el hijo del senador Marco y su mujer Julia. La estéril Julia concibió después de veintidós años de matrimonio y dio a luz a Poncio. Fue bautizado por el papa Ponciano junto con su amigo Valerio, su historiador, y logró convertir a su padre Marco, al emperador Felipe con su hijo y a otros muchos distinguidos romanos a la fe de Cristo. Como senador, protegió y asistió grandemente a la Iglesia y fue un buen amigo del papa San Fabián. Cuando comenzó la persecución contra los cristianos durante el reinado de Decio, Poncio escapó de Roma y se ocultó en las colinas de Los Alpes (Cimella Cimez, Francia). Durante los reinados de Valeriano y Galiana fue capturado y sometido a severas torturas durante lo cual se manifestaron muchos milagros de Dios y muchos se convirtieron a Cristo. Sucedió que había muchos judíos allí que gritaban al juez: “Mátalo, mátalo inmediatamente, pues es un mago”. A esto, San Poncio alzó sus manos al cielo y dijo: “Te doy gracias, Dios mío, de que los judíos incluso clamen contra mí, así como sus padres una vez clamaron contra Cristo: ‘Crucifícalo, crucifícalo’”. Poncio fue decapitado en el año 257 y fue enterrado por su amigo Valerio.

Santa Nona

Nona fue la madre de San Gregorio el Teólogo. Como cristiana, poseía una oración poderosa y obradora de milagros. Por su oración a Dios, convirtió a su marido de la estupidez pagana a la fe cristiana. Después, su marido Gregorio se convirtió en obispo de la ciudad de Nacianzo. Mediante la oración, Nona salvó a su hijo Gregorio el Teólogo de una tormenta. Murió en paz como diaconisa en el año 374.

Himno de Alabanza

 

El santo mártir Poncio

Poncio, con su compañero Valerio, andaba,

Pero, con tristeza, su corazón fue vencido.

Su padre, un senador, su madre también senadora.

Pero, un amargo enigma atormentaba su alma;

Toda la sabiduría mundana, a él le parecía una fábula,

Oh, ¿dónde está la verdad? Él preguntó por ella.

Así, caminando juntos, absortos en el pensamiento

Una tarde, junto a una iglesia cristiana vio,

Entró en ella y quedó asombrado,

Contemplando asombrado y escuchando cantar:

De plata y oro, son los dioses del pueblo,

Y son ciegos, pues tienen ojos cegados por el barro

Y tienen oídos pero no escuchan pues son piedra,

Y tienen bocas, pero están mudos.

Más débiles que uno mismo, a los débiles crearon,

Y por eso su creador, también es de su voluntad

Y todos ellos, ante estos se inclinan

Y locamente esperan en las cosas sin vida

Dos tristes jóvenes, dos esclavos de los ídolos

Escucharon estas palabras, y ambos temblaron.

Entonces, ante la imagen de Cristo se acercaron,

Y al honorable sacerdote confiaron sus corazones,

El sacerdote les dijo qué es la verdadera fe,

Y qué es el servicio idolátrico: vacuo y sangriento.

En la iglesia entraron los jóvenes nobles,

Renombrados y respetados en toda la ciudad de Roma,

En la iglesia entraron, tristes y apenados,

Mas de allí salieron, radiantes y jubilosos.

Reflexión

Así es como comienza Valerio la biografía de su compañero, San Poncio: “¿Quién puede creer, si Dios no lo concede? ¿Quién puede llevar una vida de ascetismo, si el Señor no ayuda? ¿Quién puede recibir la corona del martirio, si Cristo no la da?”. Dios puede hacerlo todo y desea todo lo que es bueno para la salvación de los hombres, sólo si los hombres le oran. Por medio de la oración, Santa Nona convirtió a su marido Gregorio y a su hijo, San Gregorio el Teólogo, al cristianismo. Por la oración, Santa Mónica hizo que Agustín abandonara una vida descarriada y viniera al camino de las buenas obras y la fe. Por la oración, San Basilio convirtió a su maestro Ebulio. Por la oración, Ezequías prolongó su vida durante quince años. Por la oración, San Simeón el Estilita hizo que los persas y los escitas no atacaran la tierra de Grecia con un ejército ya preparado. Y así, todas las estrellas del cielo se contarán más fácilmente entonces que todos los milagros obrados en la tierra por la oración.

Contemplación

Contemplemos la milagrosa fuerza de Sansón (Jueces 14):

1. Cómo el Espíritu del Señor descendió sobre él para que fuera capaz de despedazar al león con sus manos y romper las cadenas por las que estaba atado, matando a muchos filisteos;

2. Cómo el Espíritu del Señor se retiró de Sansón cuando confió el secreto de su fuerza a una mujer pagana (Dalila) y entonces murió (Jueces 16).

Homilía

Sobre cómo Dios purifica a los pecadores arrepentidos

“Aunque vuestros pecados fuesen como la grana, quedarán blancos como la nieve. Aunque fuesen rojos como el carmesí, vendrán a ser como lana” (Isaías 1:18).

¡Oh, cuán infinita es la misericordia de Dios! En su gran ira a causa del ingrato e infiel pueblo, este pueblo “cargado de culpa, raza de malvados, hijos corrompidos” (Isaías 1:4), como “príncipes de Sodoma” (Isaías 1:10), y este pueblo que se ha vuelto como el “pueblo de Gomorra” (Isaías 1:10), por tal ira, el Señor no abandona su misericordia con ellos, sino que además los llama al arrepentimiento. Sólo después de los terribles rayos, es cuando cae una lluvia dulce. Tal es el Señor paciente y lleno de misericordia, que “no está siempre acusando, ni guarda rencor para siempre” (Salmos 103:9). Sólo si los pecadores dejan de cometer maldades y aprenden a hacer el bien y se vuelven a Dios con humildad y arrepentimiento, se volverán “blancos como la nieve”. El Señor es poderoso y dispuesto. Nadie, excepto Él, es capaz de limpiar el alma pecadora de un hombre, del pecado y, al limpiarlo, también hacerlo blanco como la nieve. No importa la frecuencia con la que se lave la ropa con agua y jabón, no importa la frecuencia con la que se lave y se vuelva a lavar, pues no puede recibir la blancura hasta que sea expuesta a la luz del sol. Así, nuestra alma no puede ser blanca, y no importan cuán a menudo la limpiemos con nuestro propio esfuerzo y labor, incluso con la ayuda de todos los medios legales de la ley hasta que, al final, la pongamos a los pies de Dios, la extendamos y la abramos ampliamente para que la luz de Dios la ilumine y la haga blanca. El Señor perdona e incluso elogia todo nuestro trabajo y esfuerzo, es decir, quiere que bañemos nuestra alma en lágrimas por medio del arrepentimiento y constreñirla por los remordimientos de la conciencia y apremiarla, para revestirla con buenas obras y así, al final del tiempo, llamarnos a Él: “Venid, pues, discutamos juntos, dice el Señor” (Isaías 1:18). Esto es, te miraré y veré si estoy Yo en ti, y te mirarás en Mí como en un espejo y verás qué clase de persona eres.

Oh Señor, lento para la ira, ten misericordia de nosotros antes de la ira final de aquel Día Temible.

Traducido por psaltir Nektario B. (P.A.B)

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Categorías:prólogos de Ohrid

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