La Transfiguración de nuestro Señor por el hieromonje Seraphim Rose

Transfiguration, an early-15th century icon from the Tretyakov Gallery, attributed to Theophanes the Greek

Icono de la transfiguración. Principios del siglo XV, atribuido a Teófano el Griego

Cuarenta días antes de ser entregado a una muerte ignominiosa por nuestros pecados, nuestro Señor le reveló a tres de sus discípulos la gloria de su divinidad.

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan su hermano, y los llevó aparte, sobre un alto monte. Y se transfiguró delante de ellos: resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz “(Mateo 17: 1-2.). Este fue el caso del que se refería  nuestro Señor cuando dijo: “En verdad, os digo, algunos de los que están aquí no gustarán la muerte sin que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su Reino.” (Mat. 16:28). Por este medio, la fe de los discípulos fue fortalecida y preparada para la prueba que se acercaba sobre la pasión y muerte de nuestro Señor; y fueron capaces de ver en ella no un mero sufrimiento humano, sino la pasión totalmente voluntaria del Hijo de Dios.

Los discípulos vieron también a Moisés y a Elías, hablando con nuestro Señor, y de ese modo entendieron que Él (nuestro Señor) no era Elías u otro de los profetas, como algunos pensaban, sino alguien mucho mayor: Él podía recurrir a la Ley y los Profetas para ser sus testigos, dado que era el cumplimiento de ambos.

Las tres parábolas de la fiesta tratan sobre la aparición de Dios a Moisés y Elías en el Monte Sinaí; y ciertamente es apropiado que los mayores videntes de Dios del Antiguo Testamento deban estar presentes en la glorificación del Señor en Su Nuevo Testamento, viendo por primera vez Su humanidad, incluso si los discípulos estaban viendo por primera vez Su Divinidad.

La teología ortodoxa ve en la Transfiguración una prefiguración de la resurrección de nuestro Señor y Su Segunda Venida, y más que esto, ya que cada evento del calendario de la Iglesia tiene una aplicación en la vida espiritual individual en la que los cristianos deberán aparecer al final del mundo, y en cierta medida incluso antes de esa fecha. En el presagio de la gloria futura que se celebra en esta fiesta, la Santa Iglesia consuela a sus hijos, mostrándoles que después de las penas temporales y privaciones que llenan esta vida terrenal, la gloria de la bienaventuranza eterna brillará; y en él, incluso el cuerpo de los justos participará.

Es una piadosa costumbre ortodoxa el ofrecer frutas para ser bendecidas en esta fiesta; y esta ofrenda de acción de gracias a Dios contiene un signo espiritual también. Al igual que las frutas maduran y se transforman bajo la acción del sol de verano, así mismo es el hombre llamado a una transfiguración espiritual a través de la luz de la Palabra de Dios por medio de los sacramentos. Algunos santos, (por ejemplo – San Serafín de Sarov), bajo la acción de la gracia vivificadora, han brillado corporalmente delante de los hombres, incluso en vida con esta misma Luz increada de la gloria de Dios; y esa es otra señal que nos viene de lo alto, en la cual nosotros como cristianos estamos llamados, y es el estado que nos espera  de ser transformados en imagen de Aquel que fue transfigurado en el Monte Tabor.

Por el venerable hieromonje Seraphim Rose

Traducido por hipodiácono Miguel P. (H.M.P)

Mosaico de la Transfiguración del monasterio de Santa Catalina del Sinaí

Mosaico de la Transfiguración del monasterio de Santa Catalina del Sinaí

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Categorías:Padre Seraphim Rose

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