Extracto de la homilía sobre la Circuncisión de Cristo y San Basilio el Grande, por San Andrés de Creta

Doble icono de la Fiesta de la Circuncisión del Señor y San Basilio el Grande

Doble icono de la Fiesta de la Circuncisión del Señor y San Basilio el Grande

Fiesta que se celebra el 1/14 de Enero

¿Y qué más nos dice la circuncisión al octavo día? El octavo días es la finalización de la semana, y el comienzo de la nueva. El niño completa la semana, y es perfeccionado en el octavo día, siéndole concedido su nombre y se le numera con lo perfecto. El octavo día es el comienzo de la infancia, mientras que por medio del período de la semana era un bebé, y ahora el niño comienza a aprender. El octavo día trae consigo las cosas de la infancia: gatear y ponerse de pie, hablar y pensar. La semana llega a su culminación, y el octavo día significa la perfección. La circuncisión nuevamente significa el conceder el nombre, a la que el niño se somete en el octavo día.

Y no sin razón. Así, Abraham habitó entre los ídolos de su padre, Taré, siendo parte de su creación, hasta que el Creador le dio un signo de un pueblo reservado hasta su venida, para que la renovación pudiera ser concedida a los hombres. La circuncisión elimina una cubierta de la carne, y concede un signo al octavo día a los miembros. La circuncisión declaraba que la presencia de Cristo iba a llegar, y que Él concedería el renacimiento por el Espíritu. Por el sello de la circuncisión, al pueblo se le concedió la divina corrección de la idolatría, y el cese de la destrucción por medio de la ídolo-manía.

Las cosas anteriores eran un símbolo de lo nuevo. Así, Cristo era el octavo legislador desde Adán. Pues Adán fue el primero en recibir la ley, y después Noé, y Abraham en tercer lugar, y Moisés seguidamente, y David, con respecto al reino y al Tabernáculo de la Gloria, fue el quinto legislador. Y Esdras, siguiendo al cautiverio de Babilonia, dio por segunda vez la ley a las naciones que la habían trasgredido y fue el sexto. Juan el Bautista, que predicó un bautismo de arrepentimiento a la gente, y purificación por medio del agua, fue el séptimo legislador. Jesucristo fue el octavo.

Con respecto a este gran Legislador, Moisés dice: “El Señor, tu Dios, te suscitará un Profeta de en medio de ti, de entre tus hermanos como yo; a él escucharéis. Y si alguno no escuchare mis palabras que Él dirá en mi nombre, Yo le pediré cuenta de ello” (Deuteronomio 18:15, 19, Biblia Straubinger). Siendo el único capaz de cumplir esto, percibo que se está refiriendo al Señor y Creador, que obró obras divinas y noéticas entre nosotros. Y pasando el sábado en su carne según la ley, en el octavo día de la Resurrección, se convirtió en el Legislador para el mundo entero. Contemplo a Dios, no sólo el de los judíos, sino el de todas las naciones, que nació, ungido y perfeccionando todas las cosas en el Espíritu Santo, y llamando a su propio pueblo ungido. Y cortó nuestros deseos y pasiones carnales, y los convirtió en un sacrificio ardiente por medio de las buenas obras y acciones del reino del cielo. Es verdaderamente el “Ángel del Gran Consejo de Su Padre, Dios Todopoderoso, Consejero, Príncipe de Paz, Padre del siglo venidero”. (Isaías 9:6, traducción libre según original inglés de la Septuaginta).

Y entended esto bien, ¿por qué nos regocijamos en esta fiesta, y hacemos de esto una buena nueva, y vamos de fiesta en fiesta, y llegamos a conocer al siervo de Dios? Como si hablara de él, la Escritura dice: “Las almas de los justos están en la mano de Dios”, que es el Dios de todo. Y aquellos que se acercan a Él para ver claramente su icono divino, son capaces de hacerlo. ¿Quién es este al que alabamos? Es Basilio: el fundamento de la virtud, el anhelo de los capadocios, la jactancia orgullosa de todo el mundo, aquel que enseñó a la Iglesia con magníficas palabras y obras, por quien las Iglesias de los fieles se jactan. Pues, aunque hay muchos honestos y mistagógicos antes y después de él, sin embargo, por su estado, todas las filas se unen para ver una nueva maravilla. Así, la fiesta de este hombre es recibida con digno honor. Y si hablamos con respecto a él, los anteriores a nosotros, que fueron hombres de gran teología, también toman parte ensalzándolo con alabanzas.

Ofrezcamos así una palabra para esta fiesta, un honor que está entre las más grandes fiestas, y viajemos por el camino de la palabra, siendo fortalecidos por Dios, que nos fortalece en toda buena obra, y digamos lo siguiente: “Oh hombre de Dios, y sanador fiel, administrador de los misterios de Dios”, y “hombre de los deseos del Espíritu”. Así llama la Escritura a los que se dedican a los caminos exaltados y honestos. Te clamo como un dios para el Faraón, pues venciste todo el poder de los egipcios, y eres pilar y fundamento de la Iglesia, voluntad del Señor, y luz que hace resplandecer en el mundo la palabra de vida, el deseo de la fe y la morada del Espíritu…

Pero con estas divinas alabanzas, oh padre Basilio, tomas parte en las mansiones de los patriarcas, y en la mistagogia de los apóstoles y los profetas, y en las coronas de los mártires, y en los coros de los monjes, y en las recompensas de los divinos jerarcas y todos los justos. Recuérdanos, pues somos de la misma naturaleza que tú, y estamos atormentados, e intercede siempre por nosotros al Maestro común por la salvación de todos los cristianos.

Así, los reyes fomentan la rectitud y reverencia a Dios, llevando en su mente tus palabras, para que el Rey eterno gobierne en las alturas. Los dirigentes y gobernantes piadosos se hacen obedientes, junto con los que luchan en la guerra, y las demás personas recurren a la fe divina en armonía, y son pacíficos unos con otros. Los arciprestes son ungidos con la teología, y gobiernan bien la Iglesia de Dios que les ha sido confiada mediante tu profunda enseñanza. Los sacerdotes mantienen la piedad, para que puedan vivir complaciendo a Dios, ofreciéndole himnos, y ser coronado, junto con toda la ciudad de los fieles, como un pastor, por Aquel que se hizo pobre, aunque era rico, y tomó nuestra carne en el vientre (de la Theotokos), que está sentado en lo alto con el Padre, que fue puesto en una cueva y envuelto en pañales en un pesebre, que es alabado por los ángeles y magnificado por los pastores, que fue circuncidado al octavo día, y es llamado Jesús, que ofrece la pureza, y es alabado por Simeón y Ana, y que fue adorado por los Magos, que huyó a Egipto, y “que subyuga la mano de los egipcios”, que, en la era humana de la perfección, fue bautizado por un siervo, y sumergió los pecados del mundo en las aguas, que es revelado al mundo pero es odiado por los judíos, y que realizó obras asombrosas, que finalmente fue entregado para ser crucificado, y que fue entonces enterrado, para que pudiera conceder la resurrección a los que estaban encadenados en el infierno, y que después resucitó al tercer día, haciendo de este segundo octavo día verdaderamente el día de descanso, y que en el octavo día al final del mundo, volverá de nuevo, que se apareció a sus apóstoles, y que fue visto ascender al cielo, para elevarme a mí, humilde, que es conocido en dos naturalezas, y que es adorado con el Padre y el Espíritu, que tiene dos voluntades y energías, que sigue siendo alcanzable e intocable, escrito y no escrito, representado en lugares e iconos, y mediante ellos, así como por la carne y el espíritu, es adorado, que es el arquetipo de Sus teólogos y de todos los santos, que comparte todas las cosas con nosotros, y que es el arquetipo de la gloria que te es ofrecida, oh divino padre Basilio, que escribiste: “Pues el honor del icono asciende al prototipo”. Por lo tanto, con la ortodoxia, las naciones son golpeadas por el temor, y las islas de la redención son abiertas para la Iglesia. Por las enfermedades de los hombres, los iconos del otro mundo son entregados al sufrimiento, y somos amenazados por los agarenos. Estas islas de la Iglesia fueron vistas de antemano por Isaías, que dijo: “Sed renovadas, oh islas, para Dios”. Pues a Él, Cristo nuestro Dios, pertenece el honor, la gloria y la adoración, junto con el Padre bondadoso y el santísimo y vivificador Espíritu, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Traducido por P.A.B

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Categorías:homilía, San Andrés de Creta

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