Visiones fuera de la Iglesia

 

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Por el monje Gorazd

 

 Mucha gente ha escuchado que la Theotokos se ha aparecido supuestamente a los católicos romanos en varios lugares. No saben qué pensar sobre estos hechos. Algunos van más allá pensando que, puesto que la Theotokos se aparece a los católicos romanos, entonces la iglesia católica romana es una verdadera iglesia llena de gracia, sobre todo porque varios milagros y curaciones se han llevado a cabo en la localización de las visiones. Fátima, en particular, ha despertado gran interés entre los rusos que viven en el extranjero debido a la supuesta aparición que habla de Rusia en términos fuertemente anticomunistas, llevándolos a pasar por alto el contenido herético y anti-ortodoxo del mensaje en su conjunto. ¿Qué hacemos con estas apariciones y las afirmaciones hechas por ellas? ¿Qué criterio deberíamos utilizar para guiarnos probando la verdad de las visiones fuera de la Iglesia Ortodoxa? Es de esperar que lo que sigue nos ayudará en la comprensión de estos fenómenos.

Los santos padres, a sabiendas de que Satanás puede transformarse en un ángel de luz, nos aconsejan ser cautos y desconfiados con relación a todas las apariciones en el mundo visible. “Si estás silencioso en correcta forma, deseando estar con Dios”, dice San Gregorio el Sinaita, “no aceptes nunca ninguna aparición física o espiritual, ya sea fuera o dentro de ti mismo, incluso si pudiera ser una imagen de Cristo, o un ángel, o de cualquier santo, o si apareciera la luz, o se fijara en la mente… Sé atento, para que no llegues a creer cualquier cosa, incluso si es algo bueno, y no seas cautivado por esto sin consultar a los que tienen experiencia y son capaces de analizar el asunto, para que no sufras daño… Dios no se disgusta con la persona que está atenta a sí misma, incluso si esta, por miedo a la decepción, no acepta ni siquiera lo que es de Él, sin consultar y probar…”. Debemos añadir que el Señor Dios podría dar en todo momento seguridad plena a una persona, si Él se complace en ello, con relación a la verdad de una visión. Si tal precaución es necesaria con relación a las visiones dentro de la Iglesia Ortodoxa, ¡cuánto más atentos deberíamos estar con relación a las apariciones fuera de la única y verdadera Iglesia! El único criterio para el examen de estas visiones debe ser su Ortodoxia. Si en algún aspecto su ortodoxia es insuficiente, entonces deben ser rechazadas: incluso si el 99% del mensaje es ortodoxo y solo un 1% se desvía de las doctrinas establecidas por la Iglesia, entonces el conjunto debe ser rechazado. Dios no puede negarse a sí mismo y predicar el error incluso en lo más mínimo.

Examinemos tres casos bien conocidos que han ocurrido en nuestro propio siglo: en primer lugar, nos ocuparemos de Fátima, que tiene un interés especial, ya que la aparición habla sobre Rusia y su papel en el destino de la humanidad.

Hacia el final de la Primera Guerra Mundial, en Fátima (Portugal), entre mayo y octubre de 1917, tres niños pastores, dos niñas y un niño, tuvieron una serie de visiones de alguien que ellos decían era nuestra Señora, la bendita Virgen… Durante los seis meses de las apariciones, los mensajes que Lucía hizo públicos, en aquel tiempo o un poco después, se trataban en gran medida sobre la necesidad de fomentar la devoción al rosario y al corazón inmaculado de la Virgen, y sobre la necesidad de que la humanidad cambiara la dirección en la que se movía. El fracaso en hacer este cambio provocaría la ira de Dios… (de Studies in Comparative Religion. A Question Concerning the Second Vatican Council, por Verak).

En diciembre de 1940, la hermana Lucía (la única de los tres que aún vivía y que es ahora una monja de la orden carmelita) escrito al papa Pío XII diciendo: “En 1917 la Santísima Madre nos profetizó el final de la guerra que oscurecía la faz de Europa; profetizó otra guerra y dijo que volvería de nuevo. Insistió sobre la dedicación de Rusia a su sagrado corazón, prometiendo a cambio impedir la propagación de la falsa doctrina de Rusia y convirtiendo a Rusia” (De News About Fatima, the Greatest Miracle of Our Time, Bruselas, 1962, pág. 144). Es necesario recordar que los católicos entienden la “conversión de Rusia” con el sentido de su conversión al catolicismo romano. De nuevo leemos en el periódico The Fatima Crusader (nº 17, abril-mayo, 1985): “Así que bien puede ser que la conversión de unos pocos rusos al catolicismo sea ahora parte de la preparación de Dios para la conversión de Rusia, cuando el papa y los obispos obedezcan finalmente el mandato de nuestra Señora de Fátima de consagrar Rusia en la forma prescrita por Dios… La razón por la que Jesús ha dado este mandato específico al papa y los obispos es porque quiere que toda su Iglesia reconozca la consagración de Rusia como un triunfo del inmaculado corazón de María… La hermana Lucía escribe… en una carta fechada el 18 de mayo de 1936: “Íntimamente he hablado a nuestro Señor sobre el tema, y no hace mucho le pregunté porqué no convertía a Rusia sin la consagración del santo padre. Me respondió: ‘Porque quiero que toda mi Iglesia reconozca esta consagración como un triunfo del inmaculado corazón de María para que pueda extenderse su culto y situar la devoción al inmaculado corazón junto con la devoción a Mi Sagrado Corazón’”.

Aquí deberíamos decir algo sobre las formas no ortodoxas de devoción al sagrado corazón de Jesús y al inmaculado corazón de María que la aparición defiende.

Una monja católica romana, María Margarita Alacoque (que murió en 1690), supuestamente tuvo una visión de Jesucristo que le mostraba su corazón, ardiente de amor, y le pidió que extendiera su devoción. Las revelaciones que recibió fueron impresas por primera vez en un relato sobre su vida, del obispo jesuita Lanje, y causaron tal escándalo que la edición fue destruida. A causa de que estas “revelaciones” estuvieran tan expuestas al ojo público, fueron condenadas por el papa Cemente en 1772. No obstante, este culto continuó existiendo bajo los auspicios de los jesuitas, y finalmente en la corriente principal de la vida religiosa católica (Pastoral Theology, Part II, Archimandrita Constantino, Jordanville, 1961, p. 16). Las imágenes del sagrado corazón y las devociones se convirtieron en una parte importante de la espiritualidad católica, y los papas han añadido su respaldo en encíclicas, otorgando indulgencias por la observación de esta devoción. Para no ser menos, otros grupos, reclamando haber visto apariciones de María, propusieron la idea de la devoción al “Inmaculado Corazón de María”. El corazón de María a veces era representado junto al motivo del sagrado corazón de Jesús: un dibujo con dos corazones… y después, el dolorido corazón de María, con cinco o siete espadas atravesándolo, se hizo extremadamente popular… Sería difícil acusar al catolicismo romano de negar la divinidad de Cristo, a pesar de que se han separado de la totalidad de Cristo, enfatizando su naturaleza humana como una devoción separada, a veces de forma crudamente biológica. Esto viola un principio central de los Concilios, que la devoción debería ser dada a la devoción de Cristo, y no a una de sus naturalezas, o partes de su cuerpo. Así, fragmentando la totalidad del Hijo de Dios, desarrollan la tendencia nestorianista. Las partes del cuerpo de Cristo no deberían ser objetos de adoración como partes aisladas, y no se deberían representar pictográficamente (es decir, un corazón ardiente, o un corazón coronado con espinas que lo rodea) (De Comparative Religion, “Catolicismo Romano: algunas prácticas devocionales”, por el padre George Mitchell). Mencionamos estas devociones para ilustrar el abismo que se cierne entre la espiritualidad ortodoxa y la católica romana.

Sin embargo, otra serie de apariciones tuvieron lugar en un pequeño pueblo montañoso llamado San Sebastián de Garabandal, en el norte de España.

Estas apariciones tuvieron lugar entre junio de 1961 y noviembre de 1965. Las videntes fueron cuatro niñas. Repetimos algunos de los mensajes dados:

“La Virgen también nos recordaba muy a menudo el visitar al santísimo sacramento. Como cuestión de hecho, en su última aparición (13 de noviembre de 1965) la Virgen me dijo: ¡Conchita, ¿por qué no vas más a menudo a visitar a mi Hijo en el sagrario?’. Cuando vi a la Virgen, le dije como si hubiera un espía en el pueblo: “Sabes, aquí hay protestantes’. La Virgen respondió: ‘Todos son mis hijos’. El ángel vino y dijo: ‘Muchos cardenales, muchos obispos y muchos sacerdotes están en el camino de la perdición y arrastran muchas almas con ellos. Cada vez se da menos importancia a la Eucaristía’”.

Es interesante señalar que en 1967, Conchita González (una de las videntes) comenzó a tener dudas sobre las apariciones:

“Sí, en 1967, tiempo después de que las apariciones tuvieran lugar, tuve dudas. Sucedió repentinamente el 15 de agosto. Nunca lo olvidaré. Había mucha gene a mi alrededor y me sentí abrumada con la sensación de que no era honesta. Sentí que estaba engañando a todas esas personas y que debía confesarlo. Acudí a un sacerdote y le dije que era como una ilusión o un sueño, o que estaba viviendo una mentira, que nunca había visto a la Virgen y que había estado engañando a todo el mundo en todo momento… Estas dudas y negaciones de las apariciones de la Virgen duraron cinco o seis días. Desde entonces, hasta ahora, tengo una gran confusión y duda en mí” (del Milagro en Garabandal, por Conchita González con Harry Daley, Dubleday and Company, N. Y., 1983).

Mencionamos esta aparición aquí para mostrar que incluso en el caso de que la misma vidente está completamente insegura de la realidad de lo que vio, la historia todavía parece encontrar, aparentemente, serios creyentes. Ni siquiera están desalentados por hechos perturbadores como el siguiente, informado por una de las videntes:

“Tras comenzar las apariciones, nunca olvidamos un día de comunión. Cuando no había sacerdote en el pueblo, un ángel descendía a darnos la comunión… En un momento dado fuimos alentadas a preguntar a un sacerdote cómo era que, puesto que sólo un sacerdote puede consagrar las especies, nos administraba el ángel la comunión. Preguntamos, y la Virgen dijo que el ángel descendía y tomaba las especies ya consagradas de los sagrarios de la tierra”.

¡No podemos imaginar la consternación que se causaría en la iglesia de la que se cogieran estas especies! ¿Puede ser posible que los ángeles necesiten coger las especies de los sagrarios de las iglesias? En la vida ortodoxa de San Onofre, un ángel, de hecho, le da la Santa Comunión, pero es casi impensable que un ángel necesite coger los Santos Dones de un sagrario terrenal.

La tercera serie de visiones que mencionaremos empezaron el 24 de Junio de 1981, en la ciudad yugoslava de Medjugorje, donde un grupo de jóvenes empezó a tener visiones de la que consideraban era la Theotokos. La aparición afirmó que estas revelaciones serían las últimas en el mundo. En noviembre de 1982, la aparición dijo: ‘Cuando estas revelaciones terminen, solo habrá falsas revelaciones en el mundo’. La gente acudió a Medjugorje desde todas partes del mundo aun cuando el obispo católico romano local de Mostar, Pavao Zanic, que niega la veracidad de las apariciones, hizo una declaración pública en nombre de la conferencia de obispos yugoslavos sobre el hecho de que “no están permitido organizar peregrinaciones u otras manifestaciones que estén motivadas por el carácter supuestamente sobrenatural atribuido a los hechos de Medjugorje”.

Ya en 1981, los videntes decían: “Habrá un último signo visible en el monte de las apariciones; sucederá pronto, y lo veréis en poco tiempo. Esperad un poco más, sed pacientes”. Y de nuevo: “La señal sucederá en la fiesta de la Inmaculada Concepción, en 1981, luego en Navidad, a continuación en Año Nuevo, etc.”. No hace falta decir que no apareció, sin embargo, ninguna señal en el monte. Para un lector ortodoxo es suficiente conocer solamente  algunos de los mensajes ecuménicos dados por la aparición, sabiendo ciertamente que no es la Theotokos la que se apareció allí. Por ejemplo:

“Todas las religiones son iguales ante Dios. Dios gobierna en todas las religiones como un rey en su reino” (Counter-Reformation-Catholic, 201 Eng. Ed. Cf. Fr. Blaise, 500 Mensajes para vivir, p. 370, Montreal, 1986). “En Dios no cuentan ni las divisiones ni las religiones. Eres tú quien ha creado en el mundo las divisiones porque los creyentes se han separado unos de otros” (Aparición de la Virgen María en Medjugorje, Jan Urban [en checo]. The Catholic Counter-Reformation in the XX Century, sept-oct. 1987; nov.-dic. 1985).

Para los desinformados, este mensaje es una llamada seductora y está en consonancia con el pensamiento de un “único mundo”. Pero como cristianos ortodoxos sabemos que decir “todas las religiones son lo mismo ante Dios” es una negación a Cristo como a la única Verdad. ¿No es Él quien dice: “Soy Yo el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por Mi” (Juan 14:6)? ¡Por lo tanto, decir que todas las religiones son lo mismo es negar a Cristo!

Sin tratar de analizar muy profundamente el sentido de todos los mensajes es suficiente con darse cuenta de que cada una de estas apariciones, que afirma ser la Theotokos, acepta los sacramentos de la Iglesia católica romana (Santa Comunión, Sacerdocio, Confesión) como verdaderos misterios llenos de gracia. Esto solo hace que estas apariciones sean totalmente inaceptables para nosotros puesto que sabemos que los misterios llenos de gracia sólo pueden ser encontrados en la única y verdadera Iglesia de Cristo. Puesto que la Iglesia de occidente se separó de la verdadera Iglesia en el siglo XI no puede haber duda sobre la inexistencia de los verdaderos misterios en la Iglesia católica romana. “La Iglesia es una y solo ella tiene la plenitud de los dones llenos de gracia del Espíritu Santo. No importa quién, o de qué manera se ha alejado de la Iglesia, si por herejía, cisma, o asambleas anticanónicas, pues pierde la comunión de la gracia de Dios. Por lo tanto, los sacramentos celebrados fuera de la Iglesia no tienen ningún poder de la gracia” (Arzobispo Hilarion, There Is no Christianity Without the Church, p. 114, Sao Paolo, Brasil, 1954). Incluso la presencia de sanaciones no es una prueba de la verdad de las apariencias. Las sanaciones pueden ser de Dios, por causas naturales, o si Dios lo permite, del mismo demonio. Sozomeno, en su Historia de la Iglesia (Libro 2, c. 5), escribe: “El templo de Esculapio en Aegis, una ciudad de Cilicia, y el templo de Venus en Afaca, cerca del monte Líbano y del río Adonis, estaban socavados y completamente destruidos. Ambos templos eran honrados en gran medida y reverenciados por los antiguos… porque entre ellos, los que estaban enfermos corporalmente eran liberados de las enfermedades porque el demonio mismo se manifestaba por la noche y los sanaba”. En la Vita Patrorum, de San Gregorio de Tours leemos, en la vida de San Friardo el Recluso: “Y como persistían valientemente en la oración, el tentador aparecía por la noche al diácono Secundelo, tomando la forma del Señor y diciéndole: ‘Soy Cristo, a quien rezas cada día. Ya eres santo, y tu nombre ha sido escrito en el Libro de la vida. Así que sal de esta isla y lleva a cabo sanaciones entre el pueblo’. Secundelo, presa de este engaño, abandonó la isla… y tan pronto como ponía su mano sobre el enfermo en el nombre de Jesucristo, este era sanado”.

Las palabras del arcipreste Boris Molchanov son muy oportunas aquí:

“Es muy importante ser consciente de la poco conocida, pero notable ley espiritual por la que la hipócrita y falsa cristiandad conducirá inevitablemente a sus seguidores a aceptar al anticristo o a un movimiento que preparará su aparición. En cualquier falsa enseñanza, como en la actitud del fariseo hacia la verdad, se esconde la semilla de la condenación eterna. Estúpidamente y en vano, mucha gente no acepta la importancia del dogma. La estrecha unión entre el dogma y la fe, la actividad práctica y moral, y la lucha por la salvación ha sido expuesta por el obispo Ignacio (Briantchaninov) y Su Beatitud el metropolita Antonio (Krapovitsky). Según la enseñanza de la Iglesia, no hay nada tan importante como la confesión de la verdad divinamente inspirada, pues la obra de la Palabra de Dios misma da testimonio de que Dios debe ser adorado en Espíritu y en verdad (Juan 4:23-24). La verdad no es algo insignificante que uno pueda relacionar con lo que desee. En la verdad, el Espíritu de Verdad, que procede del Padre, está presente en una forma real. Y en consecuencia, en cualquier mentira, está presente el padre de la mentira, el demonio. Por lo tanto, una persona que confiesa la verdad recibe el Espíritu de Verdad; y aquel que confiesa una mentira asimilará necesariamente el espíritu de la mentira, el espíritu caído. Fuera de la Una y Santa Iglesia Ortodoxa no hay, y no aparecerá el sentido para reconocer al anticristo, ni hay ningún poder lleno de gracia para resistirlo, así como a todas sus tentaciones (Epoch of Apostasy, Jordanville, 1976, p. 18).

No necesitamos apariciones heterodoxas para llamarnos al arrepentimiento, a la oración y al ayuno. Además, estas apariciones aceptan sacramentos católicos romanos, el papado, alientan formas de piedad no ortodoxas, y abrazan el falso ecumenismo. En nuestros atribulados tiempos, tiempos de sutiles tentaciones y sublimes decepciones, en los que los falsos milagros, visiones y apariciones van en aumento, los cristianos ortodoxos deberíamos trabajar por nuestra salvación con temor y temblor, manteniendo firme nuestra Santa Fe Ortodoxa, y buscando la orientación y la inspiración, solamente, de nuestra Santa Iglesia Ortodoxa.

Del monográfico El Vaticano y Rusia, y Visiones fuera de la Iglesia: una mirada a las tendencias espirituales y políticas en el catolicismo romano (Jordanville, N.Y.: Holy Trinity Monastery, 1990).

Traducido por P.A.B

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