Akacisto a nuestro padre entre los santos San Juan de Shangai, arzobispo de San Francisco

St.-John-Maximovitch-3

Akacisto a nuestro padre entre los santos

San Juan de Shangai, arzobispo de San Francisco

(San Juan Maximovitch)

[Compuesto por el bienaventurado Serafín Rose]

Contaquio I

Taumaturgo elegido y siervo ejemplar de Cristo, tú derramas sobre nosotros olas de inspiración y una multitud de milagros. Por eso te alabamos con amor, proclamándote: ¡Alégrate, Santo Jerarca Juan el taumaturgo de estos últimos tiempos!

Ikos I

Por la gracia de Dios, que siempre se preocupa por los hombres, tú fuiste manifestado en estos últimos tiempos como un ángel en la carne. Viendo la belleza de tus virtudes, nosotros tus hijos te clamamos:

Alégrate, tú que viviste siempre en el temor de Dios y cumpliste Su santa voluntad.

Alégrate, tú que manifestaste la gracia de Dios en innumerables virtudes.

Alégrate, tú que oíste místicamente la oración lejana de los que estaban en apuros.

Alégrate, tú que fuiste lleno de amor por tu prójimo y lo hiciste todo por su salud.

Alégrate, tú que llevas el júbilo a los que te rezan con fe y amor.

Alégrate, Santo Jerarca Juan el taumaturgo de estos últimos tiempos.

Contaquio II

La abundancia y el abanico de tus virtudes, oh santo  jerarca, nos revela en ti una fuente vivificante de los milagros de Dios para nuestros tiempos. Tú refrescas, en efecto, por tu amor y tus milagros a todos los que claman con fe a Dios: ¡Aleluya!

Ikos II

Oh padre santo, estando lleno de amor, también lo estuviste de teología. En ti, el conocimiento de Dios surgió de nuevo con amor para la humanidad sufriente. Enséñanos también a conocer, por el amor, al Dios verdadero, mientras que te clamamos con admiración:

Alégrate, firme muralla de la verdad ortodoxa.

Alégrate, precioso vaso de los dones del Espíritu Santo.

Alégrate, justo acusador de la impiedad y de la falsa doctrina.

Alégrate, ardiente observador de los mandamientos de Dios.

Alégrate, asceta severo que no te concediste ningún reposo.

Alégrate, pastor amante del rebaño de Cristo.

Alégrate, Santo Jerarca Juan el taumaturgo de estos últimos tiempos.

Contaquio III

Por la misericordia de Dios, fuiste en verdad un padre para los huérfanos y un instructor para los jóvenes, educándolos en el temor de Dios y preparándolos para Su servicio. Por eso, con amor, todos tus hijos elevan ahora los ojos hacia ti y con gratitud claman a Dios: ¡Aleluya!

Ikos III

Los habitantes del cielo deberían alabarte, más bien que nosotros en esta tierra, pues nuestras palabras son débiles comparadas con tus actos. Por tanto, ofreciendo a Dios lo que tenemos, te clamamos:

Alégrate, tú que protegiste a tus hijos por tu oración perpetua.

Alégrate, tú que guardaste a salvo tu rebaño por el signo de la cruz.

Alégrate, tú, cuyo amor no conoció límites de países o de razas.

Alégrate, astro brillante amado por todos.

Alégrate, modelo de humildad espiritual.

Alégrate, tú que llevaste el consuelo espiritual a los que necesitaban de él.

Alégrate, Santo Jerarca Juan el taumaturgo de estos últimos tiempos.

Contaquio IV

Oh jerarca Juan, confundidos por tus actos de piedad y amor, no sabemos cómo alabarte dignamente. Viajaste, de hecho, hasta los confines de la tierra para salvar a tu pueblo y predicar el Evangelio a los que estaban en las tinieblas. Dando gracias a Dios por labor apostólica, nosotros Le clamamos: ¡Aleluya!

Ikos IV

Los pueblos de numerosos países vieron tu vida y se maravillaron de tu misericordia divina, incluso en estos tiempos que son los últimos. Y nosotros también, maravillados, te clamamos con temor y admiración:

Alégrate, iluminador de los que estaban sumergidos en las tinieblas de la incredulidad.

Alégrate, tú que seguiste a tu pueblo al Oriente y al Occidente.

Alégrate, fuente de milagros esparcidos por Dios.

Alégrate, corrector amante de los que están extraviados.

Alégrate, consuelo pronto de los que se arrepienten de sus pecados.

Alégrate, sostén de los que caminan por el camino recto.

Alégrate, Santo Jerarca Juan el taumaturgo de estos últimos tiempos.

Contaquio V

En la isla, preservando a tu pueblo del huracán mortal por tu oración y por el signo de la cruz, fuiste manifestado como instrumento del poder divino para detener las fuerzas destructoras de la naturaleza. Presérvanos también a los que clamamos con maravilla a Dios: ¡Aleluya!

Ikos V

En circunstancias desesperadas o en la adversidad, todos los que creyeron en tu intercesión, fueron liberados, oh intercesor intrépido ante el trono de Dios. Así, también nosotros podemos nuestra esperanza en ti para que nos protejas de los peligros por tus oraciones ante Dios, mientras te clamamos:

Alégrate, tú que impediste a las fuerzas naturales perjudicar a tu rebaño.

Alégrate, tú que por tu oración respondes a los que están necesitados.

Alégrate, pan inagotable de los hambrientos.

Alégrate, riqueza abundante de los que viven en la pobreza.

Alégrate, consuelo de los que están en la aflicción.

Alégrate, alzamiento pronto de los que han caído.

Alégrate, Santo Jerarca Juan el taumaturgo de estos últimos tiempos.

Contaquio VI

Conduciendo a tu pueblo fuera de la esclavitud, fuiste en verdad un nuevo Moisés, oh santo jerarca Juan. Líbranos también de la esclavitud del pecado y de los enemigos de Dios, mientras que Le clamamos: ¡Aleluya!

Ikos VI

Oh buen pastor, hiciste lo imposible para persuadir a las autoridades de este mundo para que tuvieran piedad de tu rebaño. Ruega por nosotros ahora para que nuestras almas sean salvadas, viviendo en la paz y en la calma, mientras que te clamamos con reconocimiento.

Alégrate, socorro de los que te claman con fe.

Alégrate, tú que nos libras de la muerte y del desastre.

Alégrate, tú que nos preservas de la mentira y de las calumnias.

Alégrate, tú que proteges a los inocentes de los embrujos.

Alégrate, tú que desligas los ataques de las iniquidades.

Alégrate, tú que destruyes las mentiras y exaltas la verdad.

Alégrate, Santo Jerarca Juan el taumaturgo de estos últimos tiempos.

Contaquio VII

Oh admirador de los santos de Oriente y Occidente, tú reintrodujiste en la Iglesia Ortodoxa a los santos de Occidente originarios de países que habían apostatado de la verdad. Con ellos ahora, tu ruegas por nosotros que clamamos a Dios en la tierra: ¡Aleluya!

Ikos VII

Oh ferviente venerador de los santos jerarcas de la Galia, tú fuiste en verdad uno de ellos en estos últimos tiempos, exhortando a tu rebaño a conservar la misma fe ortodoxa que ellos confesaban, y asombrando a los pueblos de Occidente por tu santa vida. Presérvanos ahora en esta misma fe, mientras que te clamamos:

Alégrate, nuevo Martín, por tus milagros y tus hazañas ascéticas.

Alégrate, nuevo Germán, por tu confesión de la fe ortodoxa.

Alégrate, nuevo Hilario, por tu divina teología.

Alégrate, nuevo Gregorio, por tu amor a los santos.

Alégrate, nuevo Fausto, por tu noble amor y tu fervor monástico.

Alégrate, nuevo Cesáreo, por tu firme dirección, pero amante de la Iglesia de Dios.

Alégrate, Santo Jerarca Juan el taumaturgo de estos últimos tiempos.

Contaquio VIII

Oh santo jerarca, al final de tu vida fuiste llamado al Nuevo Mundo para ofrecer tu testimonio del antiguo cristianismo y sufrir la persecución por tu rectitud, preparando así tu alma para el cielo. Maravillándonos ahora por tu paciencia y tu longanimidad, clamamos a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VIII

Obrero en la viña de Cristo, tu que no conociste el reposo incluso al final de tu vida de labor, ayúdanos en nuestras pruebas mientras nos esforzamos en ser fieles a Cristo, pues te clamamos con alabanza:

Alégrate, tú que lo padeciste todo hasta el fin y alcanzaste así la salud.

Alégrate, tú que fuiste juzgado digno de morir ante el icono de la Madre de Dios.

Alégrate, tú que conservaste tu fe y tu coraje en medio de las persecuciones injustas.

Alégrate, tú que trabajaste hasta el final por tu rebaño y encontraste la muerte dispuesto como un jerarca.

Alégrate, tú que volviste al cielo para ser enterrado en el seno de tu rebaño.

Alégrate, tú que realizaste milagros para los que venían con fe y amor a tu sepulcro.

Alégrate, Santo Jerarca Juan el taumaturgo de estos últimos tiempos.

Contaquio IX

La asamblea de los ángeles se regocijó cuando tu alma se elevó a las moradas celestiales, maravillándose de los milagros que realizaste en la tierra por la acción del Espíritu Santo, al que cantamos: ¡Aleluya!

Ikos IX

Oh justo Juan, es imposible para los oradores describir tu vida de santidad con numerosas y elocuentes palabras, pues te convertiste en verdad en la morada del poder del Dios inefable. Así, no pudiendo permanecer en silencio ante este milagro concedido a nuestra época de fe tibia, te glorificamos así:

Alégrate, divino palacio en el que es dado el consejo del Buen Rey.

Alégrate, humilde y sencillo habitáculo que contiene la belleza espaciosa de las moradas angélicas.

Alégrate, tú que obtuviste una mansión no hecha por mano de hombres, eterna en los cielos.

Alégrate, refugio en el que son sanadas toda clase de enfermedades.

Alégrate, cámara en la que tu santa labor fue protegida.

Alégrate, templo bendito del Espíritu Santo.

Alégrate, Santo Jerarca Juan el taumaturgo de estos últimos tiempos.

Contaquio X

Queriendo salvar al mundo, el Salvador de todos envió a un nuevo santo entre nosotros, y por él nos recordó las sombras oscuras del pecado. Oyendo esta llamada al arrepentimiento, indignos como somos, nos volvemos a Dios, clamándole: ¡Aleluya!

Ikos X

Oh jerarca Juan, tú eres una muralla que nos protege de la adversidad, pues por tus intercesiones celestes hemos sido librados de los ataques de las pasiones demoníacas y de las aflicciones que nos asedian en la tierra. Ante el firme sostén de tu oración, te clamamos con fe:

Alégrate, vista de los ciegos.

Alégrate, fuerza y vida de los que están en el lecho de la muerte.

Alégrate, consejo divino revelado para los que están en la duda y la confusión.

Alégrate, ola refrescante para los que peligran en el horno de la aflicción.

Alégrate, padre amante para los despreciados y los abandonados.

Alégrate, maestro santo de los que buscan la Verdad.

Alégrate, Santo Jerarca Juan el taumaturgo de estos últimos tiempos.

Contaquio XI

Oh bienaventurado Juan, tu vida fue un himno a la Santísima Trinidad, sobrepasando las otras vidas en pensamiento, palabra y acción. Pues explicaste con mucha sabiduría en verdad, los preceptos de la verdadera fe, enseñándonos a cantar con fe, esperanza y amor al Dios Uno en la Trinidad: ¡Aleluya!

Ikos XI

Oh pastor elegido del rebaño de Cristo, nuestro padre Juan, eres para nosotros una llama radiante de la Ortodoxia en las tinieblas de la ignorancia. Pues, incluso después de tu muerte, proclamaste la verdad a los ignorantes e instruiste a los que buscan ser guiados y a los que te exclaman:

Alégrate, luz de la sabiduría divina para los que están en la ignorancia.

Alégrate, arco iris de júbilo pacífico para los humildes.

Alégrate, trueno para los pecadores impenitentes.

Alégrate, iluminación del celo divino.

Alégrate, lluvia de los dogmas de Dios.

Alégrate, torrente de pensamientos teológicos.

Alégrate, Santo Jerarca Juan el taumaturgo de estos últimos tiempos.

Contaquio XII

La gracia ha sido esparcida sobre nosotros en estos últimos tiempos. Viendo esta gracia que procede de un santo jerarca que partió antaño de entre nosotros, recibámosla con reverencia y acción de gracias, clamando a Dios: ¡Aleluya!

Ikos XII

Cantando alabanzas a Dios, el coro celeste de los santos se regocijan de que no haya abandonado a este mundo caído e incrédulo, sino que haya manifestado Su poder todopoderoso en ti, Su siervo dulce y humilde. Oh bienaventurado Juan, con todos los santos te clamamos y te honramos así:

Alégrate, nuevo astro de justicia que brillas en el firmamento del Paraíso.

Alégrate, nuevo profeta que fuiste enviado antes del desencadenamiento final del maligno.

Alégrate, nuevo Jonás que nos previenes todo anunciándonos el salario del pecado.

Alégrate, nuevo Bautista que nos conduces a una vida de oración y arrepentimiento.

Alégrate, nuevo Pablo que sufres por predicar el Evangelio con el espíritu de la verdad.

Alégrate, nuevo apóstol cuyos milagros inspiran en nosotros la fe y el temor de Dios.

Alégrate, Santo Jerarca Juan el taumaturgo de estos últimos tiempos.

Contaquio XIII

Oh santísimo y admirable jerarca Juan, consuelo de todos los afligidos, acepta ahora nuestra ofrenda piadosa, para que por tus oraciones a nuestro Señor, se nos libre de la Gehena y por tu intercesión agradable a Dios, podamos eternamente cantarle: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

(Este contaquio se repite tres veces)

 

(Se repite el contaquio y el ikos I)

Oración a nuestro padre teóforo

San Juan de Shangai

 

Oh bienamado jerarca Juan, mientras viviste entre nosotros, tú viste en verdad el futuro como si sucediera en el presente, las cosas alejadas eran próximas para ti y los corazones y los espíritus eran como los tuyos propios. Sabemos que en esto eras iluminado por Dios con Quien siempre estuviste en comunión mística de oración y en Quien tú moras eternamente ahora. Como podías oír las súplicas mentales de tu rebaño disperso en la lejanía, antes incluso de que este pudiera hablarte, así, escucha ahora nuestras oraciones y llévalas ante el Señor. Tú has sido conducido a la vida sin fin, al otro mundo, pero no has sido alejado de nosotros en verdad, pues el cielo nos es más próximo que nuestras propias almas. Muéstranos la misma compasión que mostraste un día a los huérfanos temblorosos, a nosotros que estamos asustados y solos. Concédenos, pues estamos caídos en el pecado, la confusión y la desesperación, la misma enseñanza estricta pero afectuosa que diste antaño a tu rebaño elegido. En ti vemos la semejanza viva de nuestro Creador, el espíritu vivo del Evangelio y el fundamento de nuestra fe. En la vida que tú llevaste en nuestra época pecadora, vemos a un modelo de virtud, una fuente de enseñanza y de inspiración. Considerando la gracia que te fue concedida, sabemos que Dios no ha abandonado a Su pueblo. Más bien, somos nosotros los que nos hemos separado de Él y debemos reencontrar la semejanza de la Divinidad como tú mismo hiciste. Por tu intercesión, oh bienaventurado, concédenos acrecentar nuestro esfuerzo para caminar hacia la celeste patria, estableciendo nuestras miras en las cosas de lo Alto, trabajando con la oración y la rectitud, combatiendo los ataques de nuestra naturaleza caída. Invoca para nosotros la misericordia de Dios, para que nos unamos a ti un día en Su Reino. Pues nuestro más profundo deseo es vivir por siempre junto a Él, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Segundo Akacisto a San Juan Maximovitch

 

Contaquio I

Oh bienaventurado San Juan, apareciste en el siglo veinte y tu presencia bendita santificó Europa y después Asia, África y América, sembrando a tu paso la Ortodoxia y esparciste milagros innumerables, por lo que, agradecidos, te proclamamos: ¡Alégrate, San Juan, arzobispo y apóstol del mundo entero!

Ikos I

Viniste al mundo de una piadosa familia en la tierra de Rusia, en la que también nació San Juan, jerarca de la ciudad de Tobolsk, y recibiste el nombre del arcángel Miguel, siendo desde tu infancia piadoso, por lo que te cantamos:

Alégrate, tú que en la cuna conociste la santa Ortodoxia.

Alégrate, tú que desde la infancia sentiste el gusto por la oración.

Alégrate, germen de virtud desarrollado en la Iglesia.

Alégrate, árbol cuya sombra abriga a las ovejas.

Alégrate, fruto de la ascesis que produce la salud.

Alégrate, flor fragante abierta en el jardín del cielo.

Alégrate, San Juan, arzobispo y apóstol del mundo entero.

Contaquio II

En la universidad fuiste un buen estudiante, pero rectamente preferiste la teología. Cuando la revolución te expulsó de Rusia, llegaste a Belgrado donde te consagraste al Señor. Después fuiste tonsurado como monje y ordenado diácono y los ángeles del cielo te clamaron: ¡Aleluya!

Ikos II

Tomaste el nombre de San Juan de Tobolsk y enseñaste la religión en las escuelas, y admiraste a los que te veían vivir tu vida de ascesis santa, llena de ayuno y de oraciones. Admirando tu fidelidad te cantamos:

Alégrate, tú que seguiste el sendero de la santidad.

Alégrate, tú que fuiste digno de tu ancestro de Tobolsk.

Alégrate, tú que hiciste ver el rostro de Cristo a los niños.

Alégrate, monje que predicaste por el ejemplo de tu vida.

Alégrate, sacerdote admirable que enseñaste las verdades de Dios.

Alégrate, familiaridad de los misterios del Reino.

Alégrate, San Juan, arzobispo y apóstol del mundo entero.

Contaquio III

Cuando el sínodo quiso ordenarte obispo, te juzgaste indigno de asumir la carga. Entonces pusiste el pretexto de no poder aceptar a causa de un grave defecto de elocución. Se te alegó que Moisés tartamudeaba y te convertiste en obispo de Shangai, diciendo: ¡Aleluya!

Ikos III

Uniste a los ortodoxos de China convirtiéndote en el padre de los locos extraviados. Por tu firmeza y tu dulzura llegaste a dar la paz a la Iglesia del Señor y las ovejas de todas las nacionalidades, unidas por ti, te cantaron con estas alabanzas:

Alégrate, jerarca preocupado por la unidad de la Iglesia.

Alégrate, guía fiel y fiable en la Verdad.

Alégrate, pacificador de los conflictos entre hermanos.

Alégrate, pedagogo sutil en los métodos cristianos.

Alégrate, pastor que encuentras a las ovejas extraviadas.

Alégrate, San Juan, arzobispo y apóstol del mundo entero.

Contaquio IV

Acudiste a todos no desperdiciando ni tu tiempo, ni tus fuerzas, ni el fervor de tus oraciones. Orabas, servías, visitabas y reconfortabas a los que la vida había exiliado, y devolvías al camino de la Iglesia a los que cantaban entonces al Dios de bondad: ¡Aleluya!

Ikos IV

Los enfermos encontraban en ti a un médico, los afligidos un dulce consuelo, los extraviados del siglo, la voz de la salud, y para los huérfanos fuiste un padre amante, a ejemplo de nuestro Padre del cielo. Por eso te clamamos con gratitud:

Alégrate, nueva tranquilidad de la fe que conduce a Cristo.

Alégrate, protección segura de una oración pura.

Alégrate, intercesión ardiente ante el trono santo.

Alégrate, tabernáculo precioso de las gracias del Espíritu Santo.

Alégrate, seguro de la divina intervención.

Alégrate, San Juan, arzobispo y apóstol del mundo entero.

Contaquio V

Cuando la estrella roja apareció en el cielo de China, fuiste el Buen Pastor que guarda a sus ovejas, y condujiste a tu rebaño a Filipinas. Lo protegiste de los tifones devastadores y conseguiste hacerlo entrar en el Nuevo Mundo para que pudiese cantar al Dios de salud: ¡Aleluya!

Ikos V

Después del exilio de China fuiste a Europa, y te convertiste en jerarca de París, siendo tu catedral en Versalles un garaje. Después fuiste nombrado arzobispo de Bruselas y tu reputación de santidad creció. Por eso elevamos la voz para decirte:

Alégrate, viajero emérito de la Iglesia Santa.

Alégrate, modelo de disponibilidad para Dios.

Alégrate, arcilla moldeable con la que Cristo hizo un santo.

Alégrate, tierra fértil para los buenos frutos de la santidad.

Alégrate, alma dócil que forma la obediencia.

Alégrate, velero de la gracia movido por el Espíritu Santo.

Alégrate, San Juan, arzobispo y apóstol del mundo entero.

Contaquio VI

Estando solamente al servicio de Dios, quisiste un día hacer en Marsella un oficio por el alma del rey Alejandro de Serbia, en el lugar exacto en el que fue asesinado, pero por vergüenza, el clero no te siguió, y tú lo serviste magníficamente, cantando a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VI

Nunca te avergonzaste de manifestar la alabanza que le debemos al Rey del cielo, la veneración a todos los santos de la Iglesia y a la Madre de Dios purísima. Viviste en esta tierra con su compañía, y nosotros, maravillados, te cantamos:

Alégrate, comensal de los huéspedes del Paraíso celeste.

Alégrate, reflejo sobre nuestra tierra de los elegidos del cielo.

Alégrate, tú que estuviste siempre firme ante el Dios altísimo.

Alégrate, modelo de rigor y de fidelidad.

Alégrate, respeto inquebrantable de la Tradición.

Alégrate, emanación pura de la bondad de Cristo.

Alégrate, San Juan, arzobispo y apóstol del mundo entero.

Contaquio VII

En todo buscaste la compañía de los santos e hiciste conocer a los rusos en el exilio las raíces ortodoxas de Occidente. Así, veneraste a los santos anteriores al cisma e hiciste pintar sus iconos para la Iglesia, y desde el cielo, regocijados, cantaron a Dios: ¡Aleluya!

Ikos VII

Así, fuiste el verdadero iluminador de las ovejas perdidas en la heterodoxia e hiciste redescubrir a los fieles perdidos la santidad ortodoxa de los primeros siglos y celebraste en las lenguas indígenas, tú que eres nuestro guía, por lo que te proclamamos:

Alégrate, liturgo que no hiciste acepción de lenguas.

Alégrate, tú que mostraste que la lengua de Dios es la oración.

Alégrate, tú que hiciste volver a la Iglesia a todos sus santos.

Alégrate, compañero de ascesis de los ascetas de la Galia.

Alégrate, pues no hiciste acepción ni de lenguas ni de razas.

Alégrate, San Juan, arzobispo y apóstol del mundo entero.

Contaquio VIII

Fuiste enviado a San Francisco, donde pusiste fin a una querella eclesiástica, y permitiste la finalización de la construcción de la Alegría de todos los afligidos. Sufriste la enemistad y la calumnia, pero saliste vencedor y cantaste a Cristo: ¡Aleluya!

Ikos VIII

Obrero admirable de las obras del Señor, no viviste mas que para el bien de tus ovejas y para la glorificación del Nombre de Dios. Numerosos fueron los seres que condujiste al refugio salvífico de la Iglesia, donde proclaman tus alabanzas diciendo:

Alégrate, tú que condujiste tu rebaño fuera de los senderos malignos.

Alégrate, tú que siempre le mostraste el aprisco salvífico.

Alégrate, maná imperecedero de la santa virtud.

Alégrate, bendición encarnada de la misericordia.

Alégrate, eco vivificante del Paraíso venidero.

Alégrate, obrero incansable de la Viña santa.

Alégrate, San Juan, arzobispo y apóstol del mundo entero.

Contaquio IX

Santo asceta, espléndido tras la sonrisa de un niño. Leías a menudo las almas como un libro abierto  y veías el tiempo como la eternidad, pues vivías pacíficamente en Dios y conocías ya el santo Reino donde se alaba sin cesar al Señor: ¡Aleluya!

Ikos IX

 Conocías el rostro oculto de este mundo y el misterio grandioso de la gracia pura que da al hombre, que se abandona en el Señor, la dulzura y la certeza inefables. Por su inconmensurable misericordia, tú eras amigo de Dios y nosotros te cantamos:

Alégrate, hijo atento de la Madre de Dios.

Alégrate, hermano elegido entre la asamblea de los santos.

Alégrate, iniciado en los misterios de la Santa Trinidad.

Alégrate, hijo perfecto, adoptado por el Padre celeste.

Alégrate, imagen pura a semejanza del Hijo.

Alégrate, taumaturgo santo por la efusión del Espíritu Santo.

Alégrate, San Juan, arzobispo y apóstol del mundo entero.

Contaquio X

 Tú, que viviste en la tierra en compañía de los santos, tuviste su presencia en tu partida. Combatiste el buen combate de Cristo y construiste la santa casa de Dios. Reuniste al rebaño en su seno, y al igual que Simeón, partiste diciendo: ¡Aleluya!

Ikos X

Habiendo celebrado la Divina Liturgia y comulgado en los misterios dulcísimos de Cristo, te retiraste a tu habitación para rezar, y allí entregaste tu alma santa y pura, ante el icono milagroso de Koursk, y el coro de los ángeles cantó al Señor:

Alégrate, santo jerarca impecable ante el Eterno.

Alégrate, admirable pastor amado por su rebaño.

Alégrate, tú que serviste a la Iglesia hasta tu muerte.

Alégrate, tú que fuiste al altar del Reino del cielo.

Alégrate, tú que siempre caminaste por el camino de la rectitud.

Alégrate, tú que partiste al cielo ante la Madre de Dios.

Alégrate, San Juan, arzobispo y apóstol del mundo entero.

Contaquio XI

En la tierra de los vivos, tu santo nombre manifestó la gloria trinitaria. En todo lugar, tu intercesión había hecho comprender el poder inconmensurable de la fe, y los milagros sin número, que Dios hizo por ti, hacían exclamar sin cesar al Señor: ¡Aleluya!

Ikos XI

A tu sepulcro, en la catedral, acuden sin cesar, como una marea alta, peticiones de intercesión y oraciones, solicitando la clemencia de Cristo, y el aceite de tu lámpara es una unción que sana a los que cantan a Dios:

Alégrate, intercesor inefable ante Cristo.

Alégrate, tú que continúas en el cielo tu labor de esta tierra.

Alégrate, recurso inesperado de los desgraciados.

Alégrate, ungüento dulcísimo en las heridas de la vida.

Alégrate, bálsamo suave en las llagas de nuestro tiempo.

Alégrate, mano tendida en los apuros y en las pruebas.

Alégrate, San Juan, arzobispo y apóstol del mundo entero.

Contaquio XII

Más allá de la tumba tu oración, y la intervención de tu santa intercesión, que sobrepasaba los límites de la razón, fue grande. Por la gracia del Dios misericordioso hiciste llover milagros sobre los afligidos y los santos en el cielo exclamaron a Dios: ¡Aleluya!

Ikos XII

Cuando el tiempo fijado por Dios llegó, multitud de personas acudieron a tu catedral, y se abrió tu tumba con solemnidad. Allí se vio el milagro de la gracia encarnada, contemplando tu santo cuerpo incorrupto, y este canto de triunfo se elevó a ti, diciendo:

Alégrate, manifestación del favor del Señor.

Alégrate, prueba tangible de la gracia santificante.

Alégrate, oración encarnada que testifica tu cuerpo.

Alégrate, testigo bendito de la verdad y la ascesis.

Alégrate, prenda de todas las promesas por venir.

Alégrate, icono resplandeciente de la vida piadosa.

Alégrate, San Juan, arzobispo y apóstol del mundo entero.

Contaquio XIII

Fuiste un discípulo perfecto de la Santa Trinidad, humillándote humildemente ante el Dios del cielo. Tu veneración se extendió por todo el mundo, del este al oeste, y de norte a sur, como un sol, manifestando la gracia de Cristo Vencedor. Por eso le cantamos a plena voz: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

(Este contaquio se repite tres veces)

 

(Se repite el contaquio y el ikos I)

Oración a San Juan, apóstol de la diáspora

 

Oh San Juan, padre amante, tú que viviste entre nosotros en esta tierra y que nos enseñaste la ascesis y la fidelidad, intercede por nosotros ante el Dios de misericordia para que seamos hechos dignos, a pesar de nuestra debilidad y la mediocridad de nuestra fe, de caminar tras tus santas huellas.

Oh San Juan, nuestro faro en las tempestades de la vida, guíanos de forma segura en el camino de la salud, al igual que lo hacías con tus hijos, cuando caminabas entre ellos. Apacigua nuestra voluntad mundana y otórganos la obediencia santa a la Iglesia, y el fervor sin condición que tú mismo demostraste a lo largo de tu vida.

Oh San Juan, nuestro protector celeste, concédenos la simplicidad de creer firmemente y de caminar en la vía de la rectitud, con constancia y fidelidad. Ruega por nosotros ante el Maestro de todo para que nos conceda, por tu oración incesante, la felicidad de conocer este camino y poder seguirlo, hasta poder alcanzar finalmente el Reino celestial, y así alabar con los santos, eternamente, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Traducido por psaltir Nektario B.

para cristoesortodoxo.com

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1 respuesta

  1. Thank you so very much!

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