Akathisto a San Espiridón, Obispo de Trimitus

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Cuya fiesta se celebra el 12/25 de Diciembre

Kondakion I

Oh Santo jerarca taumaturgo Espiridón, que has sido glorificado por el Señor, celebrando ahora tu honrada memoria con compunción, clamamos a ti que tienes gran capacidad de asistirnos ante Cristo que te ha glorificado; líbranos de todos nuestros males, a fin de que podamos clamarte con reconocimiento:

Alégrate, San Espiridón, gran taumaturgo.

Ikos I

Adornado desde tu infancia con todas las virtudes, e imitando a los ángeles de Cristo en tu vida, Oh Santo Jerarca Espiridón, tú te has mostrado verdaderamente como Su amigo. Y contemplándote, hombre celestial y ángel terrestre, clamamos a ti con compunción:

Alégrate, en quien el espíritu contempló los misterios de la Santa Trinidad.

Alégrate, tú que fuiste enriquecido por el esplendor radiante del Espíritu Santo.

Alégrate, faro de gran Luz.

Alégrate, tú que iluminas tu espíritu por la ausencia de las pasiones.

Alégrate, tú que amaste la simplicidad y serenidad verdaderas desde la infancia.

Alégrate, ornamento de castidad.

Alégrate, torrente de amor inextinguible.

Alégrate, tú que imitaste la hospitalidad de Abraham.

Alégrate, pues en la abundancia de tu amor, abriste a todos las puertas de tu casa.

Alégrate, tú delante de quien los hombres se inclinan.

Alégrate, pues eres morada del Santísimo Espíritu.

Alégrate, San Espiridón, gran taumaturgo.

 

Kondakion II

Oh Santo Jerarca, contemplando tus reliquias incorruptas de donde mana abundantemente la sanación a muchos, la isla de Chipre y todas las tierras cristianas se alegran ; y honrándote como a una fuente desbordante de gracia increada que nos ha sido enviada de lo Alto, clamamos ante el último depositario de buenas cosas del Cielo y de la tierra : ¡Aleluya!

Ikos II

Poseyendo un entendimiento divino cuando no eras más que un pastor de ovejas mudas, tú fuiste elegido para ser el pastor de ovejas dotadas de razón por la Providencia de Cristo, el Gran Pastor. Y conociéndote como un buen pastor que mostraste un celo infatigable por tu rebaño, los fieles claman:

Alégrate, Oh gran sacerdote del Altísimo, tú que recibiste en abundancia en tu consagración, la gracia divina

Alégrate, lámpara luminosísima, que arde y da luz.

Alégrate, fiel jardinero del jardín de Cristo.

Alégrate, pastor que hiciste apacentar a tu rebaño en el prado de la fe y la piedad.

Alégrate, tú que iluminaste el mundo por tus rayos de virtudes

Alégrate, tú que ofreciste el divino sacrificio al trono de Cristo.

Alégrate, Jerarca adornado de la comprensión de la Ortodoxia.

Alégrate, tú que fuiste llenado de la enseñanza de los apóstoles, abrevando los fieles en los fluviales de la doctrina de la salvación.

Alégrate, tú que iluminaste a los sabios.

Alégrate, tú que renovaste los corazones de los sencillos.

Alégrate gloria de los ortodoxos y cimiento inquebrantable de la Iglesia.

Alégrate, ornamento de la fe, gloria y orgullo de los sacerdotes respetuosos.

Alégrate, San Espiridón, gran Taumaturgo.

 

Kondakion III

Oh Santo Jerarca Espiridón, tú te mostraste divinamente sabio por el poder del Altísimo que te cubrió con Su sombra ; y tomando firmemente un ladrillo en tu mano, demostraste a todos manifiestamente la Trinidad de las hipóstasis en la Divinidad. Es por eso que los filósofos del falso conocimiento reunidos en el Concilio, fueron llenados de temor respetuoso, pero los fieles glorificaron a nuestro Dios inaccesible que te rindió sabiduría por tu salvación, clamándote: ¡Aleluya!

Ikos III

Oh Padre Espiridón, todos los Padres del Concilio, te consideraban como un hombre simple, y sin talento por la cultura literaria, y te pidieron de no entrar en debate con el retórico que pensaban que era sabio. Por lo tanto, Oh santo Jerarca, inflamado de celo por Dios, y creyendo que la predicación de Cristo, no está en las palabras de la persuasión de la sabiduría humana, sino en la manifestación del Espíritu Santo y de Su Poder ; tú le reprobaste y le amonestaste, le guiaste por la vía de la Verdad. Y viendo este milagro, todos clamaron:

Alégrate, luz de la sabiduría ortodoxa.

Alégrate, pues dejaste en vergüenza a los antagonistas que se decían sabios.

Alégrate, fuente abundante de Gracia.

Alégrate, torre inquebrantable que proteges a aquellos que tienen fe.

Alégrate, tú que mandaste la perniciosa herejía a las tinieblas.

Alégrate, tú por quien fue pisoteada la locura.

Alégrate, pues en tus manos el polvo de la tierra proclamó la Toda Santa Trinidad.

Alégrate, pues iluminaste al pueblo para glorificar al Logos que es verdaderamente una Esencia con el Padre sin comienzo.

Alégrate, pues aplastaste la cabeza de la serpiente de la herejía perniciosa de Arrio.

Alégrate, pues por ti fue llevada a la muerte la enemistad.

Alégrate, pues convertiste a la verdadera fe al sabio incrédulo que debatía contigo.

Alégrate, San Espiridón, gran taumaturgo.

 

Kondakion IV

Llevando una vida de pobreza y de abstinencia, tú fuiste el alimentador y el socorro de los pobres y los desafortunados; tú transformaste una serpiente en oro por tu amor y se lo diste al que te pedía ayuda. Y nosotros, nos maravillamos de este milagro, clamando a Dios: ¡Aleluya!

Ikos IV

Es conocido de todos y por todas partes que tú, Santo Jerarca Espiridón, eres morada de la Toda Santa Trinidad; pues Dios el Padre, Dios el Logos y Dios el Espíritu Santo moraron en ti. Es por lo que por la palabra y acción, predicaste a los cristianos al Dios verdadero encarnado, y ellos te clamaron:

Alégrate, iniciado en los misterios de las palabras de Dios.

Alégrate, pues volviste clara la economía de Dios por la salvación del mundo.

Alégrate, tú que nos has enseñado a no probar a aquello que nos sobrepase el conocimiento y la sabiduría del hombre.

Alégrate, tú que mostraste el poder inefable de Dios que obraba en ti.

Alégrate, pues Dios habló por tu boca.

Alégrate, pues te pusieron en guardia por su gran alegría.

Alégrate, tú que esparces las tinieblas de la idolatría.

Alégrate, tú que condujiste a multitudes hacia la fe verdadera.

Alégrate, tú que aplastaste las cabezas de las serpientes invisibles.

Alégrate, pues por ti la fe cristiana es glorificada.

Alégrate, pues iluminas espléndidamente a todas aquellos que te llaman bienaventurado.

Alégrate, campeón de la fe cristiana y de la Ortodoxia.

Alégrate, San Espiridón, gran Taumaturgo.

Kondakion V

Oh santo jerarca Espiridón, por tu vida virtuosa, estabas lleno del Espíritu Santo, pues fuiste humilde, misericordioso, hospitalario y no recordando los golpes de tu alrededor. Por eso, el Creador te hizo gloriosísimo por tus milagros, y glorificando a Dios, que te ha glorificado, Le clamamos: ¡Aleluya!

Ikos V

Oh San Espiridón, te consideramos como igual a los ángeles, pues un día, la tierra fue golpeada por la sequía y sufría a causa de la falta de agua, y hubo hambre y epidemias, y una multitud de hombres perecieron. Pero por tus súplicas, oh santo jerarca, cayó la lluvia del cielo sobre la tierra, y el pueblo, libre de esta desgracia, clamó con gratitud:

Alégrate, tú que imitaste al gran profeta Elías.

Alégrate, pues hiciste descender la lluvia en el tiempo oportuno, eliminando el hambre y la aflicción.

Alégrate, pues por tus súplicas, cerraste de nuevo las compuertas del cielo.

Alégrate, pues castigaste al mercader sin piedad por la privación de sus posesiones.

Alégrate, pues diste alimento en abundancia a los que lo pedían.

Alégrate, pues conmueves la compasión de Dios por el pueblo.

Alégrate, pues aboliste la debilidad de los enfermos.

Alégrate, socorro de los hombres, lleno de la gracia de Dios.

Alégrate, pues concedes la salud a los enfermos.

Alégrate, pues ante ti tiemblan los demonios.

Alégrate, manantial de milagros innumerables.

Alégrate, fuente que hace surgir la Gracia increada de Dios.

Alégrate, San Espiridón, gran taumaturgo.

Kondakion VI

El velo del tabernáculo del Antiguo Testamento cubría el Arca, el maná y las tablas de la ley en el Santo de los Santos. Y tu templo, oh santo jerarca Espiridón, tiene su relicario a modo de arca, y tus santas reliquias como maná, y tu corazón como tablas de la gracia divina. Y por eso, grabamos este himno: ¡Aleluya!

Ikos VI

Un día, puesto que la iniquidad había aumentado, el Señor castigó al pueblo de Chipre, volviendo la tierra estéril. Cuando un granjero que te conocía, oh San Espiridón, fue a pedirte ayuda, le diste oro. Pero cuando la desgracia se alejó, y el granjero te devolvió el oro, oh milagro el oro se transformó en una serpiente. Glorificando a Dios, que es admirable en sus santos, clamamos:

Alégrate, imitador de Moisés, que transformaste tu báculo en serpiente.

Alégrate, pastor amoroso, que libraste de las desgracias a las ovejas racionales de tu rebaño.

Alégrate, pues los enriqueciste abundantemente con toda clase de bienes.

Alégrate, pues como Elías, alimentaste a los pobres.

Alégrate, pues hiciste que los despiadados se hicieran misericordiosos.

Alégrate, ejemplo de amor para los hombres que viven en el mundo.

Alégrate, consuelo de los creyentes e incrédulos en las tribulaciones.

Alégrate, árbol de gran follaje que impone su sombra sobre nuestra ciudad y nuestro país.

Alégrate, gloria y orgullo de Chipre.

Alégrate, pues, por la gracia de Dios, tienes poder sobre el tiempo seco y lluvioso, sobre el calor y el frío.

Alégrate, pues alteraste las leyes de la tierra por tu oración.

Alégrate, pues viste las cosas futuras como si fueran presentes.

Alégrate, San Espiridón, gran taumaturgo.

Kondakion VII

Oh santo jerarca Espiridón, te revelaste como mediador de todos ante el Señor. Por eso, acudimos bajo tu amparo, buscando la salvación, pues te tenemos como nuestro socorro en todas las necesidades de la vida, en el hambre, la peste mortal, y toda clase de desgracias y pruebas. Por eso, clamamos a Dios con agradecimiento: ¡Aleluya!

Ikos VII

Oh Padre, vimos un nuevo y magnífico milagro cuando, yendo a liberar a un hombre condenado a muerte, aunque inocente, encontraste un torrente impetuoso que te impedía el camino, pero en nombre del Dios Todopoderoso, le ordenaste apartarse, y atravesaste el río a pie seco con tus compañeros. El renombre de este milagro se extendió a lo lejos y todos glorificaron a Dios clamándote:

Alégrate, pues atravesaste el río, así como un día Josué, hijo de Nun atravesó el Jordán.

Alégrate, pues domaste las olas del río por tu sola voz.

Alégrate, pues movido por la compasión, emprendiste un viaje difícil.

Alégrate, pues te expusiste a la calumnia y libraste al inocente del lazo de la prisión y de una muerte segura.

Alégrate, buen obrero, compañero de la vida piadosa.

Alégrate, defensor de los que son oprimidos injustamente.

Alégrate, pues alteraste las leyes de la naturaleza del agua.

Alégrate, pues amonestaste al juez y salvaste al inocente de la ejecución.

Alégrate, enmienda verdadera de las almas.

Alégrate, poder milagroso que refrenó el torrente.

Alégrate, pues alivias los corazones de los que acuden a ti.

Alégrate, imitador del amor de Abraham por el hombre.

Alégrate, San Espiridón, gran taumaturgo.

Kondakion VIII

Fuiste un extraño en la tierra y un viajero como lo son todos los hombres. Por lo que, desde el seno de tu madre, el Dios omnipotente mostró que tú serías su gran favorecido, y un gran taumaturgo, oh santo jerarca Espiridón, pues expulsaste a los demonios, sanaste todas las enfermedades y toda herida, y percibiste los pensamientos de los hombres. Es por eso que te revelaste como maravilloso entre los santos, y dirigiendo nuestras súplicas a Dios, benefactor de todos, Le clamamos: ¡Aleluya!

Ikos VIII

El mundo se atemorizó al saber que la muerte devolvía a los muertos de las tumbas por el simple sonido de tu voz, y clamó:

Alégrate, pues devolviste a la vida a tu propia hija difunda, para revelar el tesoro que le había sido confiado.

Alégrate, pues consolaste a la viuda doliente que le había confiado el oro.

Alégrate, pues trajiste a la vida al joven muerto.

Alégrate, pues resucitaste a su madre, que de gozo, había muerto.

Alégrate, pues imitaste a Elías que, por sus súplicas, devolvió a la vida al hijo de la mujer de Sarepta.

Alégrate, pues imitaste a Eliseo que levantó a un joven de entre los muertos.

Alégrate, pastor que amó verdaderamente a los hombres.

Alégrate, pues en nombre de Dios, perdonaste los pecados de la prostituta que te lavó los pies con sus lágrimas.

Alégrate, pues adquiriste el celo del apóstol prominente.

Alégrate, pues por ti murió la pecadora impenitente con sus graves pecados.

Alégrate, pues por tus súplicas pediste que la tierra produjera fruto abundante.

Alégrate, firme seguro de la resurrección de los hombres.

Alégrate, San Espiridón, gran taumaturgo.

Kondakion IX

Oh San Espiridón, fuiste iluminado por el resplandor del Espíritu divino, pues poseías el espíritu de sabiduría, y mostraste por tus sabias palabras que los insensatos eran locos, y en medio de los padres, confirmaste la fe. Poseías también el espíritu de comprensión, pues iluminaste los espíritus de los que estaban oscurecidos, y tuviste también el espíritu del temor de Dios, pues purificabas continuamente tu alma con obras agradables a Dios. Por eso, estando ahora ante el trono del Altísimo con la asamblea de los ángeles, Le cantas: ¡Aleluya!

Ikos IX

Recibiendo del Señor Jesús, Supremo Pastor, el báculo de pastor de las ovejas racionales, oh San Espiridón, no cambiaste tu estilo de vida. Sin espíritu de posesión, humilde, soportándolo todo por amor al Amor, no tuviste vergüenza de ocuparte de las otras ovejas. Todo eso nos conduce a glorificar a Dios clamándote:

Alégrate, pues consideraste como vana la gloria de este mundo.

Alégrate, pues adquiriste una gran recompensa en el cielo.

Alégrate, pues consideraste como suciedad las bellas cosas mundanas.

Alégrate, vaso excelente lleno de todo lo bueno del cielo.

Alégrate, pasto santísimo de los habitantes de Chipre.

Alégrate, pues por amor a ti, Dios ató lazos invisibles a los que intentaron robarte tus ovejas.

Alégrate, pues amonestaste paternalmente a los ladrones.

Alégrate, pues en tu misericordia, les regalaste un cordero después de que hubieran pasado una noche sin dormir.

Alégrate, pues por la desobediencia de la cabra, reprendiste al comerciante que ocultó el precio, cuando consideraba ser inteligente.

Alégrate, pues condujiste al arrepentimiento al hombre que había ocultado tu dinero.

Alégrate, pues lo sanaste de la pasión por el dinero, por tu exhortación.

Alégrate, San Espiridón, gran taumaturgo.

Kondakion X

Oh santo jerarca Espiridón, salvaste las almas del rebaño que te fue confiado por Dios, por Su providencia, y fuiste conducido a mostrar tu propia gloria y así mostrar la gloria del verdadero Dios, incluso en otras tierras, a fin de que el Nombre de Dios sea glorificado en todo lugar por los que claman: ¡Aleluya!

Ikos X

San Espiridón, pronto socorro y rápida ayuda en toda necesidad y aflicción. Viajaste con otros pastores hasta la ciudad de Antioquía donde el emperador Constancio yacía en cama por la enfermedad. Oh santo jerarca, le tocaste la cabeza y restauraste su salud, y nosotros, maravillados por este milagro, te clamamos:

Alégrate, pues fuiste revelado en un sueño como sanador del emperador.

Alégrate, pues en tu vejez, emprendiste un viaje difícil por amor al Amor de Dios.

Alégrate, pues siguiendo el mandamiento del Salvador, tendiste la otra mejilla al siervo del emperador que te golpeó.

Alégrate, pilar de la humildad.

Alégrate, pues por tus súplicas, sanaste al emperador que te suplicaba con lágrimas.

Alégrate, pues por tu propia humillación amonestaste al siervo, y cambiaste su carácter despiadado.

Alégrate, pues enseñaste al emperador la piedad y la misericordia.

Alégrate, pues despreciando los tesoros terrenales, rechazaste el oro del emperador.

Alégrate, pues alejaste a tu propio discípulo Trifilio de la pasión de los bienes terrenales e hiciste de él un vaso de la Gracia increada de Dios.

Alégrate, pues tras tu llegada a Alejandría, cayeron los ídolos.

Alégrate, tú ante quien se someten los demonios.

Alégrate, pues convertiste a muchos que eran idólatras.

Alégrate, San Espiridón, gran taumaturgo.

Kondakion XI

Aunque nadie servía contigo, el canto de los ángeles era audible cuando ofrecías tus oraciones de la tarde en la iglesia, oh santo jerarca Espiridón. Y los habitantes de la ciudad, escuchando este canto maravilloso, entraron en la iglesia, y no viendo a nadie, cantaban con las huestes celestiales: ¡Aleluya!

Ikos XI

Oh santo jerarca Espiridón, fuiste un sol radiante para el mundo, y un interlocutor de los ángeles en la tierra. Poniendo tu psique en manos de Dios, partiste para la morada celestial donde oras por el mundo ante el trono del Maestro. Y los que vivimos en la tierra, te clamamos:

Alégrate, pues incluso viviendo en la tierra, serviste con los ángeles del cielo.

Alégrate, pues escuchaste el himno de los arcángeles.

Alégrate, imagen visible de nuestra transfiguración.

Alégrate, pues cuando no había suficiente aceite en la iglesia, Dios, por amor a ti, llenó las lámparas en abundancia.

Alégrate, lámpara de la luz divina.

Alégrate, vaso de la Gracia increada de Dios, que como el aceite, llena mi alma hasta que desborda.

Alégrate, fuente que no se vacía nunca, y que vierte torrentes de la gracia increada en todos.

Alégrate, pues asombras a los mismos ángeles.

Alégrate, pues castigaste la desobediencia del diácono en la iglesia.

Alégrate, pues privaste de voz y palabra al que estaba imbuido por su propia voz.

Alégrate, pues durante sofocante calor, descendió de repente un rocío de lo alto, refrescando tu rostro sagrado.

Alégrate, pues viste en este signo la cercanía de tu reposo en Cristo.

Alégrate, San Espiridón, gran taumaturgo.

Kondakion XII

Oh santo jerarca, protección y refugio de los fieles durante tu vida en la tierra de los vivos. No nos dejaste huérfanos tras tu reposo en Cristo, pues Dios, eliminando las leyes de la naturaleza, ha preservado tus santas reliquias incorruptas para la firmeza de la fe y la piedad ortodoxa, y como lazo de la inmortalidad. Y glorificándole, clamamos: ¡Aleluya!

Ikos XII

Oh santo jerarca de Dios, te cantamos himnos de alabanza, pues has asombrado al mundo por los milagros que surgen de tus santas reliquias. Pues los que se acercan a ellas y las besan con fe, reciben las peticiones que solicitan. Y glorificando a Dios que te dio la fuerza, te ha coronado con la corona de la incorruptibilidad y ha obrado por tu mediación, te clamamos:

Alégrate, pues en tiempo de hambre apareciste a los comandantes de los barcos y les ordenaste proveer alimento a la gente.

Alégrate, pues diste la vista a los ciegos que acudían con fe a tus reliquias.

Alégrate, pues sanaste al joven de su enfermedad incurable.

Alégrate, pues expulsaste al demonio de una mujer, restableciéndola.

Alégrate, general elegido de Chipre.

Alégrate, pues alejaste a las tropas de los infieles musulmanes, e hiciste que se hundieran sus barcos en las profundidades.

Alégrate, pues te vieron rodeado de una multitud de ángeles, llevando una espada en tu mano derecha, haciendo temblar al enemigo.

Alégrate, pues impediste al gobierno construir una iglesia donde se celebraría la liturgia con ácimos.

Alégrate, pues diste una muerte cruel al gobernador veneciano.

Alégrate, pues por el resplandor hiciste quemar su retrato en su palacio de Venecia.

Alégrate, pues avergonzaste la apostasía y la falsa enseñanza de occidente.

Alégrate, pues confirmaste a los hombres que sólo la fe ortodoxa es verdadera y salvadora.

Alégrate, San Espiridón, gran taumaturgo.

Kondakion XIII

Oh padre San Espiridón, santo jerarca de Cristo y gran taumaturgo, líbranos de las tribulaciones y los ataques, reafirma la jerarquía de nuestra Iglesia contra las herejías y los cismas, concédenos la remisión de nuestros pecados y salva de la muerte eterna a los que por amor a ti, claman a Dios: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

(Este Kondakion se repite tres veces)

 

(Se repite el Kondakion y el ikos I)

Oraciónes a San Espiridón, obispo de Trimitun

Primera oración

Oh grande y maravillosísimo Espiridón, santo jerarca y taumaturgo de Cristo, orgullo de Chipre, faro radiante del mundo entero, ferviente intercesor ante Dios y pronta ayuda de los que acuden a ti y te suplican con fe. Entre los padres del Concilio de Nicea, expusiste gloriosamente la fe ortodoxa; mostraste la unidad de la Santa Trinidad con un poder milagroso, y avergonzaste a los herejes.

Oh santo jerarca de Cristo, escúchanos, pobres pecadores, que te suplicamos, y por tu poderosa intercesión ante el Señor, líbranos de toda circunstancia maligna, del hambre, de la inundación, del fuego y de la peste mortal. Pues ya preservaste tu tierra del asalto de los musulmanes y del hambre, sanaste la enfermedad incurable del emperador y condujiste al arrepentimiento a muchos pecadores, y a causa de la santidad de tu vida, los ángeles cantaban y celebraban invisiblemente contigo en la iglesia.

Así, Cristo, nuestro Maestro y Soberano, te glorificó, a ti Su siervo fiel, haciéndote conocer las cosas que secretamente hacían los hombres, y haciéndote reprender a los que vivían de una forma inicua.

Asististe a numerosas personas que vivían en extrema pobreza y en necesidad; alimentaste abundantemente a los pobres durante el hambre, y mostraste muchos otros signos por el poder del Espíritu de Dios en ti.

No nos abandones, pues, oh santo jerarca de Cristo. Acuérdate de nosotros, tus hijos, ante el trono del Soberano de todos, y suplícale que nos conceda la remisión de nuestros numerosos y diversos pecados, que nos conceda un fin de vida tranquilo y sin vergüenza, y una felicidad eterna en el siglo venidero, a fin de que sin cesar, rindamos gloria y gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Segunda oración

Oh santísimo y bienaventurado jerarca Espiridón, gran elegido de Cristo y glorioso taumaturgo. Desde el cielo, ante el trono de Dios con los ángeles, desciende tu mirada sobre el pueblo que acude a ti e implora tu ayuda poderosa.

Suplica al Dios compasivo Amigo del hombre, de no juzgarnos según nuestras iniquidades, sino de considerarnos según Su misericordia

Ruega por nosotros a Cristo nuestro Dios que tengamos una vida pacífica y tranquila, salud corporal y del alma, los frutos de la tierra, y la abundancia y la prosperidad en todas las cosas, y que no nos desviemos de todo lo bueno concedido por nuestro Dios compasivo, y nos conduzcamos al mal, sino más bien hacia Su gloria y hacia la glorificación de tu protección.

Libra a los que se acercan a Dios con una fe firme de toda retribución, y de los asaltos de los demonios.

Sé el consuelo de los apenados, el médico de los afligidos, el socorro en la tentación, un abrigo para los desnudos, una ayuda para las viudas, una defensa para los huérfanos, el alimento para los niños, la fuerza para los ancianos, y una guía para los viajeros, y pide en tu oración, por los que necesitan tu ayuda poderosa de todo lo que conduzca a la salvación, a fin de que guiados y protegidos por tus oraciones, podamos llegar al reposo eterno, y glorificar contigo al Dios adorado en la Santa Trinidad, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Traducido para Gloria de Dios

por hipodiácono Miguel P.

en diciembre de 2014 ©

¡Santo Jerarca y gran taumaturgo Espiridón, ruega a Dios por nosotros!

 

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Categorías:Akathistos, San Espiridón

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