Prólogos de Ochrid: 8 de agosto / 26 de julio

 

 prologos 8-08

 

El sacerdote y mártir Hermolao

Hermolao fue un sacerdote de Nicomedia durante reinado del emperador Maximiano. Él estaba entre los dos mil mártires a los que el emperador condenó a ser quemados junto con la iglesia (28 de diciembre). De alguna manera, en esta ocasión Hermolao escapó de la muerte con otros dos sacerdotes, Hermipas y Termócrates. Hermolao bautizó a San Pantaleimon, con el que fue juzgado, torturado y finalmente decapitado. Hermipas y Termócrates sufrieron con ellos y todos han sido coronados con las coronas de la victoria y la gloria en el Reino de Cristo. sufrieron honorablemente alrededor del año 304.

La venerable mártir Parasqueva

Parasqueva nació en Roma de padres cristianos, y desde su juventud fue instruida en la fe de Cristo. Con gran fervor, Santa Parasqueva se esforzó por cumplir todos los mandamientos de Dios en su vida. Creyendo firmemente y viviendo según su fe, Parasqueva dirigió a otros por el camino (de la salvación) con la ayuda de la Verdadera Fe y la vida piadosa. Cuando sus padres murieron, Parasqueva distribuyó todas sus propiedades entre los pobres y fue tonsurada como monja. Siendo monja, predicó la fe de Cristo con mayor celo incluso, no escondiéndose de nadie, aun cuando en aquel tiempo las autoridades romanas perseguían sangrientamente la fe de Cristo. En principio, los perniciosos judíos acusaron a Santa Parasqueva de predicar la fe prohibida. Fue llevada a juicio ante el emperador Antonino. Todos los obsequios del emperador no ayudaron en absoluto para conseguir que ella flaqueara en la fe. Entonces la sometieron ferozmente a tormentos y le pusieron un casco al rojo vivo en su cabeza. El Señor la salvó milagrosamente y Parasqueva fue liberada, abandonando así Roma. De nuevo, viajo de ciudad en ciudad convirtiendo a los paganos de allí a la verdadera Fe. En dos ciudades más fue llevada ante los príncipes y jueces, y fue torturada por su Señor, al mismo tiempo que obraba grandes milagros y por el poder de Dios se recuperaba rápidamente de sus dolores y heridas. Los paganos, como siempre, atribuían sus milagros a la magia y su poder de recuperación a la misericordia de sus dioses. Una vez, Santa Parasqueva dijo al príncipe que la torturaba: “No son tus dioses, oh príncipe, los que me sanaron, sino mi Cristo, que es el verdadero Dios”. Finalmente, el príncipe Tarasio la decapitó. Así, esta santa terminó gloriosamente su fructífera vida. Sus reliquias fueron trasladadas después a Constantinopla. Sufrió honorablemente por Cristo en el siglo II.

El venerable Moisés de Urgin

Estaba en la corte del joven príncipe ruso Boris. Cuando el impío Svyatopolk asesinó a Boris, Moisés escapó y huyó a Kiev. Poco después fue llevado a Polonia como esclavo por el rey polaco Boleslav y fue vendido por mil monedas de oro a una joven y depravada viuda, mujer de uno de los generales de Boleslav que fue asesinado. Esta perversa mujer tentó a Moisés para cometer adulterio, pero Moisés no fue tentado porque prometió vivir castamente delante del Señor. Ella le sugirió entonces el matrimonio, pero también lo rechazó. Moisés recibió secretamente la tonsura monástica de manos de un monje del Monte Athos y se presentó ante esta mujer con el hábito monástico. Ella le encadenó, ordenó que fuera azotado y que su órgano genital fuera cortado. Esta infructuosa seducción por parte de la mujer se prolongó durante cinco años, cinco años de dolor y tortura. Sin embargo, el rey Boleslav fue asesinado repentinamente en un asedio en el que también perdió la vida esta mujer. Entonces, Moisés era libre para ir a Kiev, y allí, en el monasterio de San Antonio, dedicó su vida a la oración y al silencio. Habiendo conquistado completamente el vicio en sí mismo Moisés a muchos a ser salvados de esto. Sus santas reliquias ayudaron a muchos (San Juan, el sufriente, 8 de julio). Tras diez años de silencio en el monasterio de las Cuevas, San Moisés encontró el descanso el 26 de julio de 1043, y tomó posesión del eterno y virginal reino de Cristo.

Himno de Alabanza

San Moisés de Ugrin

Moisés prometió la pureza ante Dios,

Libre de espíritu, a pesar de estar encadenado,

Replicó a la rica y repugnante mujer,

Encadenado por la pasión, esclavo del libertinaje:

¿Qué hombre hasta ahora, escuchando a una mujer

salvó su alma conquistada por las pasiones?

A causa de una mujer, Adán fue expulsado del Paraíso,

A causa de Dalila, Sansón fue despojado de su esplendor,

El sabio Salomón, fue seducido por una mujer

Y fue rebajado a la estupidez idólatra.

La cabeza de Herodes, fue encandilada por una mujer,

Y la honorable cabeza del Precursor Juan, fue decapitada.

Soy un siervo de Dios, oh mujer, déjame sólo,

Y búscate para ti un compañero en el mundo.

A tu voluntad, no me someteré,

Contigo en un lazo, no veo la felicidad.

Ser puro en el cuerpo, es una necesidad, oh mujer,

Ante el Señor, que es mi santa obligación.

Ni la adulación, ni el oro, ni toda tu autoridad,

Ni la mente ni el cuerpo me conducirán por el mal camino.

Que el Señor es Todopoderoso me ayude; Él lo hará,

Para que sea capaz de guardar mis votos con honor:

Dios es el Dios de la pureza, puros nos creó

Él nos quiere puros y, como puros, nos salva,

Pues para un cristiano, oh mujer, la pureza es la gloria.

Reflexión

Ninguna pasión es conquistada sin una gran lucha. Los santos padres se han referido a las pasiones adulteras como mortales. Cuando el adúltero es salvado de una pasión adultera es como si resucitara de entre los muertos. Pues el que vive en el mundo la pasión del adulterio, se enardece principalmente por ver, y el que vive una vida de ascetismo en el desierto, esta pasión es enardecida por los pensamientos y la imaginación. Santa Sara, una gran asceta, fue torturada por la insana pasión del adulterio durante treinta años. Siempre la derrotaba por la oración y la alejaba de ella. Una vez, la fétida locura del adulterio vino a ella en forma corporal y le dijo: “Sara, me has derrotado”. Sara respondió humildemente: “No te he derrotado yo, sino el Señor Jesucristo”. En adelante, el pensamiento del adulterio la abandonó para siempre. Cuando se le preguntó a San Pimen cómo podía un hombre luchar contra el insano adulterio, respondió: “Si un hombre sobrecarga su estómago y su lengua, entonces no será capaz de gobernarlos por sí mismo”. San Antonio dijo que existen tres clases de movimientos en el cuerpo: “Primero, el movimiento natural, segundo, la no restricción en los alimentos, y tercero, el de los demonios”. Así, otros han dicho que el vicio del adulterio es fortalecido por la rabia y el orgullo. Sin embargo, todos coinciden en que, junto con la sobriedad y el esfuerzo del hombre, es necesaria la ayuda de Dios para que esta repulsiva pasión sea extirpada completamente. Y que realmente es posible preservarse a sí mismo en la pureza, lo testifica, entre otros muchos, San Moisés de Urgin, que vivió cincuenta años en el mundo y diez años en el monasterio, y en total, sesenta años en completa pureza virginal.

Contemplación

Contemplemos la milagrosa victoria sobre los amorreos (Josué 24):

1. Cómo envió Dios avispones contra los amorreos y, siendo confundidos, fueron derrotados por los israelitas;

2. Cuán poderoso es el Señor Dios y cómo, con ayuda de cosas insignificantes, destruye a los injustos orgullosos.

Homilía

 

Sobre la desgracia de los que vienen a Cristo y luego apostatan de Él

“Porque si los que se desligaron de las contaminaciones del mundo desde que conocieron al Señor y Salvador Jesucristo se dejan de nuevo enredar en ellas y son vencidos, su postrer estado ha venido a ser peor que el primero” (2ª Pedro 2:20, Straubinger).

Hermanos, el sol es resplandeciente, pero más resplandecientes aún son las palabras del apóstol. Hermanos, el sol iluminas los cuerpos, pero no puede iluminar las almas, mientras que las palabras apostólicas iluminan las almas. El apóstol ve claramente la grandeza y profundidad de un alma y nos la ilumina con un amor ferviente, para conducirnos al puro camino de la salvación. En pocas palabras, nos da dos grandes instrucciones. La primera instrucción: no podemos huir de la impureza de este mundo de ninguna otra forma más que mediante el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En primer lugar, sin el conocimiento del Señor Jesús no somos capaces de ver o conocer la impureza de este mundo, y segundo, un hombre es incapaz de ser limpiado de esta impureza sin el conocimiento del Señor Jesús. La segunda instrucción: cuando un hombre huye de al impureza de este mundo conociendo al Señor Jesús y, de nuevo, se enreda en ella, “su postrer estado ha venido a ser peor que el primero”. Pues conociendo la luz, regresa de nuevo a la oscuridad y la oscuridad se vuelve más oscura, y reconociendo la justicia, se hunde nuevamente en la injusticia y su castigo es más severo, y reconociendo la santidad, cae nuevamente en la bestialidad y el animal es aún más furioso. El santo apóstol no duda en equiparar esta vuelva atrás con un perro que regresa a su propio vómito y con el cerdo, que habiéndose lavado, vuelve a revolcarse en el cieno.

Quien reconoce al Señor Jesús también reconoció todo lo que es necesario para la salvación; recibió una lupa para ver la impureza, las mentiras y la injusticia, y recibió el poder para alejarse de todo eso. Por lo tanto, no volvamos atrás para que la muerte eterna no nos engulla. No tentemos a Dios en innumerables ocasiones. Pues si Dios se apresuró a salvarnos la primera vez, será más lento la segunda, e mucho más lento la tercera. Hermanos míos, las palabras del apóstol son iluminadas.

Oh Señor Jesús, Salvador Todopoderoso y Bueno, no te alejes de nosotros en la hora de nuestra debilidad y líbranos cuando las impurezas de este mundo nos arrastren hacia ellas.

 

Traducido por psaltir Nektario B. (P.A.B)

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