Comentario a la parábola del hombre rico y Lázaro

O Rico e Lázaro - grande

Comentario a la parábola del hombre rico y Lázaro (Lucas 16: 19-31)

Cogido de La explicación por el Bienaventurado Teofilacto

19-22. Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y banqueteaba cada día espléndidamente. Y un mendigo, llamado Lázaro, se estaba tendido a su puerta, cubierto de úlceras, y deseando saciarse con lo que caía de la mesa del rico, en tanto que hasta los perros se llegaban y le lamían las llagas. Y sucedió que el pobre murió, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. También el rico murió, y fue sepultado. Estas palabras siguen de cerca lo que se dijo antes. Debido a que el Señor enseñó primero, justo antes de la parábola, acerca de cómo debemos ser buenos administradores de la riqueza, y tras eso agrega apropiadamente esta parábola que enseña el mismo principio pero a través del ejemplo del hombre rico. Esta es y no es una parábola, ya que algunos han imaginado neciamente que algo ocurrió en realidad. Ya que las cosas buenas no han sido asignadas a los justos, ni los castigos a los pecadores. El Señor, entonces, desarrolló esta historia para enseñar a los que no muestran ninguna misericordia y no dan limosna, del castigo que les espera, y enseñar a aquellos que están sufriendo qué clase de buenas cosas van a disfrutar a cuenta de los sufrimientos que soportan con paciencia en esta vida. El Señor no dio ningún nombre al rico de la parábola, porque un hombre así, no es digno de ser recordado por Dios por su nombre. Como dice el Señor, por medio del profeta, ni recordaré sus nombres a través de Mis labios. [12] Sin embargo, el Señor menciona al pobre hombre por su nombre, pues los nombres de los justos están inscritos en el Libro de la Vida. Hay una historia, de acuerdo con la tradición de los hebreos, de un cierto Lázaro, que vivía por entonces en Jerusalén, cuya suerte era de la extrema pobreza y la enfermedad. Puesto que era bien conocido en la ciudad, el Señor usa su nombre en la parábola. El hombre rico estaba inundado de riqueza, tanto es así que se vistió de púrpura y de lino costoso. No sólo esto, sino que también disfrutó de todo tipo de lujo. Pues se dice que lo fue suntuosamente, no de vez en cuando, sino todos los días, y no con moderación, sino espléndidamente, dando a entender que lo fue extravagantemente y con gran coste. Pero Lázaro era indigente y estaba gravemente enfermo, porque dice que estaba lleno de llagas. Una cosa es estar enfermo; y otra cosa es ser cubierto con llagas abiertas. Pero el mal que padecía va aún más allá: acostado en la puerta del hombre rico, tenía el tormento añadido de ver a otros festejando en exceso mientras que él estaba muerto de hambre. Deseaba ser alimentado, no con sus comidas costosas, sino con las migajas que sobraban de estos alimentos, las mismas migajas que comían los perros. También estaba desprovisto de toda ayuda, los perros le lamían sus llagas, y no tenía a nadie que les apartase. Lázaro sufrió cosas terribles. ¿Blasfemó por ello? ¿Respondió con maldiciones el lujo del hombre rico? ¿Condenó su insensibilidad? ¿Acusó a la Divina Providencia? No hizo nada de esto, ni tan siquiera en su pensamiento; sino que por el contrario soportó todo valientemente y con sabiduría. ¿Cómo sabemos esto? Del hecho de que los ángeles le recibieran cuando murió. Pues si hubiera sido un gruñón y un blasfemo, no habría sido considerado digno del honor de ser escoltado por los ángeles. El hombre rico murió también, y fue sepultado. En verdad, cuando aún vivía su alma ya había sido enterrada viva, sepultada en su carne. Por lo tanto, cuando murió, su alma no fue llevada por los ángeles, sino que fue llevada a las profundidades del Hades. El que nunca ha tenido un solo pensamiento noble o celestial merece el lugar más bajo. Así, al decir que fue sepultado, el Señor da a entender que el alma del hombre rico recibió su parte en el lugar más bajo y oscuro.

23-26. Y en el abismo, levantó los ojos, mientras estaba en los tormentos, y vio de lejos a Abrahán con Lázaro en su seno. Y exclamó: “Padre Abrahán, apiádate de mí, y envía a Lázaro para que, mojando en el agua la punta de su dedo, refresque mi lengua, porque soy atormentado en esta llama.” Abrahán le respondió: “Acuérdate, hijo, que tú recibiste tus bienes durante tu vida, y así también Lázaro los males. Ahora él es consolado aquí, y tú sufres. Por lo demás, entre nosotros y vosotros un gran abismo ha sido establecido, de suerte que los que quisiesen pasar de aquí a vosotros, no lo podrían; y de allí tampoco se puede pasar hacia nosotros.” Cuando el Señor echó a Adán del paraíso, le colocó en un lugar justo enfrente, por lo que la continua visión del paraíso ante sus ojos mantendría fresca en su mente la calamidad que le había sucedido y despertaría en él un sentido más agudo de su caída de todo lo bueno. De la misma manera el Señor condenó al hombre rico a un lugar justo enfrente de Lázaro, de modo que la visión de él (de Lázaro) en ese estado bendito podría despertar en el hombre rico la realización de las cosas buenas que había perdido a causa de su crueldad. ¿Por qué fue a Lázaro a quien vio en el seno de Abraham, y no cualquier otro de los justos? Porque Abraham mostró hospitalidad a los extranjeros. El hombre rico ve a Lázaro con Abraham como un reproche de su propia falta de hospitalidad. Pues Abraham solía acoger en su propia casa, incluso a los que estaban simplemente de paso por allí, mientras que el hombre rico ignoró a un hombre que yacía dentro de su mismo patio. ¿Y por qué dirigió el rico sus palabras a Abraham, y no a Lázaro? Tal vez estaba avergonzado. Puede ser que juzgó que Lázaro no sería diferente de sí mismo y por tanto supuso que Lázaro le guardaba rencor por los errores del pasado. “Si yo, cuando gozaba de tanta prosperidad, le ignoré mientras que estaba sufriendo tan grandes aflicciones, y ni siquiera le di las migajas de mi mesa, ¿cuánto más lo será él que fue tan grandemente despreciado cuando recuerde esos errores del pasado y se niegue a concederme un favor?” Es por esto que dirigió sus palabras a Abraham, pensando que el patriarca desconocería lo que había sucedido. Entonces, ¿cómo respondió Abraham? ¿dijo, “¡Oh hombre cruel y sin corazón!, no te avergüenzas? ¿Sólo ahora te acuerdas de la compasión?” No es esto, sino más bien, Hijo. ¡He aquí un alma compasiva y santa! Pues cierto hombre sabio dijo: “No molestes al alma caída” Esta es la razón por la que Abraham dice, Hijo. Con eso da a entender que sólo está dentro de su poder el hablar con él amablemente, pero todo lo que sea más que esto no le está permitido. “Lo que tengo que darte, te lo doy, una voz de compasión. Pero ir de aquí para allá no puedo, pues todo ha sido ya zanjado. Tú has recibido tus bienes, de la misma forma que Lázaro sus males. “¿Por qué utiliza la palabra [griega] apelabes, tú recibiste, y no la palabra [simple griega] elabes? Decimos [en griego] que un destinatario recibe [apolambanei] las cosas que le corresponden. Entonces, ¿qué podemos aprender? Que incluso si un hombre está totalmente contaminado y ha alcanzado el último grado de maldad, tal vez haya hecho por lo menos una o dos cosas buenas. Así pues, incluso un hombre de este tipo de género puede tener algunas cosas buenas, como cuando obtiene prosperidad en esta vida de recompensa, y por lo tanto se puede decir que ha recibido estas cosas como retribución. De igual manera Lázaro recibió males como retribución. Porque quizá él también hizo un par de cosas malas, y recibió como recompensa merecida por estas maldades el sufrimiento que tuvo que soportar en esta vida. Por tanto, ahora éste es consolado aquí, mientras tú estás en el tormento. El abismo indica la separación y la diferencia que existe entre los justos y los pecadores. Al igual que sus elecciones eran muy diferentes en esta vida, así también sus moradas en la otra vida están separadas por una gran distancia, cada uno recibe como pago al premio adecuado a sus elecciones en esta vida. Es de señalar aquí una conclusión que puede extraerse contra los Origenistas que dicen que habrá un momento en que el inferno llegará a su fin, y los pecadores se unirán con los justos y con Dios, y que así Dios será todo en todos. Oigamos lo que dice Abraham, que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, o de allí a nosotros, no podrían hacerlo. Por lo tanto es imposible que alguien pueda ir desde el lugar asignado a los justos hasta el lugar de los pecadores, y del mismo modo, Abraham nos enseña que es imposible ir desde el lugar de los condenados al lugar de los justos. Y Abraham, supongo, es más fiable que Orígenes. [13] ¿Qué es el hades? Algunos dicen que es un lugar de oscuridad debajo de la tierra; otros dicen que el hades es la salida del alma de lo que se ve a lo que no se ve y es invisible. Mientras el alma esté en el cuerpo, se manifiesta a través de sus propias energías [que animan el cuerpo], pero cuando el alma abandona el cuerpo se hace invisible. [14] Este es el hades, dicen. El seno de Abraham es el recinto en el que se almacenan las cosas buenas que le esperan a los justos, que después de la tormenta han encontrado el paraíso celestial. Nosotros usamos la misma palabra para nombrar a las masas de agua en el mar, que tienen la forma de puertos y refugios. [15] Es de señalar también, que en ese día del juicio, el hombre que hizo el mal verá al hombre que ha agraviado en la gloria que le corresponde, y el hombre que fue tratado injustamente verá igualmente a quien lo trató injustamente en la condena que le acontece, al igual que aquí en esta parábola del hombre rico ve a Lázaro, y Lázaro al hombre rico.

27-31. Respondió: “Entonces te ruego, padre, que lo envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, a fin de que no vengan, también ellos, a este lugar de tormentos”. Abrahán respondió: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.” Replicó: “No, padre Abrahán; pero si alguno de entre los muertos va junto a ellos, se arrepentirán.” Él, empero, le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se dejarán persuadir, ni aún cuando alguno resucite de entre los muertos.” El miserable hombre rico, después de haber fracasado en su solicitud, hace posteriormente una súplica en nombre de los demás. Observa como el castigo le ha llevado a la conciencia. Él, que antes miraba a Lázaro por encima mientras éste yacía a sus pies, ahora piensa en los demás que estén ausentes, y le pide (a Abrahán) que Lázaro sea enviado de entre los muertos a la casa de su padre. No le pide que vaya cualquiera de entre los muertos, sino que Lázaro en particular sea enviado, y de esta manera los hermanos del hombre rico podrían verlo coronado con salud y gloria. Los que una vez le habían visto en enfermedad y deshonor, y fueron testigos de su pobreza, serían testigos de su gloria. De esto quedaría claro que Lázaro se aparecía a ellos en gloria, en el caso de que hubiera sido necesario enviarle como mensajero creíble. Entonces, ¿cómo respondió Abraham? Tienen a Moisés. “Tú no cuidas de tus hermanos,” dice él, “mejor de los que les cuida Aquel que les creó, Dios mismo. Pues Él estableció diez mil maestros para ellos.” Pero el rico responde: No, padre. Puesto que él mismo había escuchado la Escritura y no creyó, considerando las escrituras como si fueran mitos, sospechó que pasaría lo mismo con sus hermanos. Juzgándoles por lo que sabía de sí mismo, dijo que no hicieron más caso a las Escrituras de lo que él mismo hizo, pero que si alguno resucitase de entre los muertos, entonces le creerían. Incluso hoy en día hay quienes dicen lo mismo: “¿Quién sabe lo que hay en el hades? ¿Quién ha vuelto de entre los muertos para decírnoslo?” Pero déjales escuchar a Abrahán que dice que si no hacemos caso a las Escrituras, no vamos a creer incluso en aquellos que vienen del hades. Los judíos mostraron que esto era cierto. Debido a que no hicieron caso a las Escrituras, no creyeron cuando vieron a los muertos resucitados, e incluso trataron de matar a ese otro Lázaro que estuvo cuatro días muerto. Muchos de los muertos se levantaron en la crucifixión del Señor, sin embargo esto sólo intensificó el asalto asesino de los Judíos contra los apóstoles. Si resucitar a los muertos nos ayudaría realmente a creer, entonces el Señor lo haría a menudo. Pero no hay una ayuda más grande como el estudio detenido de las Escrituras. Pues el diablo, por el engaño, se apareció para resucitar a los muertos, y por este medio, engañó a los ignorantes; y en relación con los que están en el hades, difunde doctrinas dignas de su propia maldad. Pero no hay engaño suficiente que pueda prevalecer contra aquellos que realizan un estudio atento de las Escrituras. Pues las Escrituras son lámpara y luz, [16] y cuando la luz brilla, el ladrón aparece y es descubierto. Por lo tanto, creamos en las Escrituras y no busquemos fuera resurrecciones de los muertos. La parábola también puede entenderse en un sentido más figurativo. El hombre rico representa al pueblo hebreo. Antiguamente este pueblo era rico en todo conocimiento y sabiduría, y en las palabras de Dios, que son más preciados que el oro y que costosas piedras. Y este pueblo fue vestido de púrpura y de lino fino, tiene tanto realeza como sacerdocio, es un sacerdocio real a Dios. [17] La purpura significa la realeza y el lino fino el sacerdocio, ya que los Levitas utilizaban las telas de lino fino para las vestimentas sacerdotales. Los Hebreos almorzaban suntuosamente cada día. Todos los días ofrecían sacrificios de mañana y tarde, que fue llamada la ofrenda constante. [18] Lázaro representa al pueblo de entre los gentiles, destituidos de la divina gracia y la sabiduría, tirado ante las puertas. Pues a los gentiles no se les permitía entrar en la casa de Dios; esto se consideraba una deshonra, como cuando en el Libro de los Hechos, protestaron contra de Pablo por traer Gentiles al templo y profanar ese lugar santo. [19] Los gentiles fueron cubiertos con las llagas purulentas del pecado, en las que los perros insolentes, los demonios, se alimentaban. Pues nuestros dolores son placer de los demonios. Y los Gentiles anhelaban las migajas que caían de la mesa del rico. No tenían parte en absoluto del pan que sustenta el corazón del hombre, [20] y estaban en necesidad de las más sutiles y refinadas partículas de comida racional, como la mujer Cananea deseaba ser alimentada de las migajas, a pesar de que ella era Gentil. [21] ¿Qué, pues? El pueblo hebreo murió para Dios, y sus huesos, que no hicieron ningún movimiento hacia el bien, se endurecieron en la muerte. Pero Lázaro, el pueblo Gentil, murió al pecado, y los Judíos, que murieron en sus pecados, vagan en la llama del rencor. Están envidiosos, como dice el Apóstol, de que los gentiles hayan sido aceptados en la fe, [22] y que los pueblos de todas las naciones, que antes estaban destituidos y deshonrados, se encuentren ahora en el seno de Abraham, el padre de las naciones, y con razón. Pues Abraham, siendo él mismo un gentil, creyó en Dios, y cambió de la idolatría al conocimiento de Dios. Por lo tanto, es justo que aquellos que participaron en su cambio y en su fe encuentren también descanso en su seno, y hereden su misma parte, morada, y almacén de todo lo bueno. El Judío desea sólo una gota de las viejas aspersiones y purificaciones de la ley con el fin de refrescar su lengua, tiene la osadía de decirnos que la ley sigue en vigor. Pero no obtiene su deseo. Pues la ley fue hasta Juan el Precursor y desde entonces no ha sido deseado sacrificio ni ofrenda, como ya predijo el profeta. [23] Y Daniel predijo que la unción [crisma] sería destruida, [24] y la profecía se precintará, [25] queriendo decir que la profecía cesará y será cerrada. Pero tú, Oh lector, también debes entender el significado moral de esta parábola. No seas rico en maldad ni pases por alto al que está muerto de hambre y echado por tierra, a pesar de que fue creado para nacer en las alturas. No dejes que deambulen fuera, ni que permanezcan echados sin hacer nada en el suelo, pero condúceles adentro y déjales participar. Entonces desarrollará el trabajo de la mente y el espíritu, y no simplemente el festín de la carne. Así mismo, existen otros elementos de esta parábola que pueden ser entendidos fácilmente para su beneficio moral.

Notas finales

11 Véase Rom: 3:31. ¿Anulamos entonces la Ley por la fe? De ninguna manera; antes bien, confirmamos la Ley.

12. Ps. 15:3.

13. La enseñanza de Orígenes sobre la apokatastasis, la última restauración y reconciliación de todos, incluso a Satanás, fue condenada como herejía en el Quinto Concilio Ecuménico celebrado en Constantinopla en el año 553 dC

14. Bl. Teofilacto aquí proporciona la conexión entre la palabra griega, ades, hades, y su raíz etimológica, aeides, invisible.

15. La palabra griega kolpos significa tanto lecho como bahía.

16. Véase Proverbios 06:23.

17. Ex. 19:06

18. Endelechismos, Ex. 29:38,42

19. Hechos 21

20. Ps. 103:17

21. Mt. 15

22. Véase Rom. 11:11.

23. Ps. 39:9

24. Dan. 09:26

25. Véase Dan. 12:04-9.

Traducido por hipodiácono Miguel P. (H.M.P)

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Categorías:Vida despúes de la muerte y juicio final

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