Sobre el aniversario del encuentro entre el patriarca Atenágoras y el papa Pablo VI

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Carta protesta al patriarca Atenagoras

 Sobre el levantamiento de los anatemas del año 1054

 

 2/15 de diciembre de 1965

Su santidad,

Hemos heredado un legado de los santos padres de que en la Iglesia, todo debería ser hecho de forma legal, unánimemente, y conforme a las antiguas tradiciones. Si cualquiera de los obispos, o incluso primados, de una de las iglesias autocéfalas hace algo que no es conforme con la enseñanza de toda la Iglesia, cualquier miembro de la Iglesia puede protestar contra esto. El canon 15º del Primer y Segundo Concilio de Constantinopla del año 861 describe como “indigno de disfrutar el honor que conviene a los ortodoxos cristianos” a aquellos obispos y clérigos que se separen de la comunión incluso con su patriarca, si este predica públicamente la herejía y enseña abiertamente en la iglesia. De esta forma, todos somos guardianes de la verdad de la Iglesia, que siempre ha sido protegida mediante el cuidado de que nada de general importancia para la Iglesia pudiera ser hecho sin el consentimiento de todos.

Por tanto, nuestra actitud con relación a varios cismas fuera de los límites locales de las particulares iglesias autocéfalas nunca ha sido determinada más que con el consenso común de esas iglesias.

Si en principio, nuestra separación de Roma fue declarada en Constantinopla, entonces, más tarde se convirtió en un motivo de preocupación para todo el mundo ortodoxo. Ninguna de las iglesias autocéfalas, y específicamente la estimada Iglesia de Constantinopla de la que nuestra Iglesia rusa recibió el tesoro de la Ortodoxia, puede cambiar nada en este asunto sin el precedente consentimiento de todos. Además, nosotros, los obispos que regimos en la actualidad, no podemos tomar decisiones con referencia a Occidente, que estén en desacuerdo con la enseñanza de los santos padres que vivieron antes de nosotros, especialmente los santos Focio de Constantinopla y Marcos de Éfeso.

A la luz de estos principios, y aun siendo el más joven de los primados, como cabeza de la parte autónoma y libre de la Iglesia de Rusia, consideramos que es nuestro deber manifestar nuestra protesta categórica contra la acción de Su Santidad con referencia a su solemne declaración simultánea con el papa de Roma, en lo que respecta al levantamiento de la sentencia de excomunión hecha por el patriarca Miguel Cerulario en 1054.

Hemos escuchado muchas expresiones de perplejidad cuando Su Santidad, frente a todo el mundo, llevó a cabo algo muy nuevo y poco común a sus predecesores, así como incompatible con el canon 10º de los Santos Apóstoles en su encuentro con el papa de Roma, Pablo VI, en Jerusalén. Hemos escuchado que, después de esto, muchos han rechazado mencionar su nombre en los oficios religiosos. Digamos francamente, que la confusión fue grande. Pero ahora, Su Santidad está yendo incluso más lejos cuando, sólo por su propia decisión con los obispos de su sínodo, cancela la decisión del patriarca Miguel Cerulario, aceptada por toda la Iglesia Oriental. De esta forma, Su Santidad está actuando contrariamente a la actitud aceptada por toda la Iglesia con relación al catolicismo romano. No es una cuestión de evaluación sobre el comportamiento del cardenal Humberto. No es un tema de controversia personal entre el papa y el patriarca, que pudiera fácilmente remediarse mediante su mutuo perdón cristiano. No. La esencia del problema está en la desviación de la Ortodoxia que echó raíces en la Iglesia romana durante los siglos, a partir de la doctrina de la infalibilidad papal que fue formulada definitivamente en el Concilio Vaticano II. La declaración de Su Santidad y el papa, con buena razón reconoce su gesto de “perdón mutuo” como insuficiente para terminar tanto antiguas como recientes diferencias. Pero más que eso, vuestro gesto pone un signo de igualdad entre el error y la verdad. Durante siglos, toda la Iglesia Ortodoxa ha creído con toda razón que no se ha violado ninguna doctrina de los santos Concilios Ecuménicos, mientras que la iglesia de Roma ha introducido un gran número de innovaciones en su enseñanza dogmática. Cuantas más innovaciones se introducían, más profunda se hacía la separación entre Oriente y Occidente. Las desviaciones doctrinales de Roma en el siglo XI no contenían, sin embargo, los errores que fueron añadidos después. Por tanto, la cancelación de la excomunión mutua de 1054 pudo haber sido a causa del sentido en aquel tiempo, pero ahora sólo es una evidencia de indiferencia con relación a los errores más importantes, a saber, las nuevas doctrinas extrañas a la antigua Iglesia, de las que algunas, habiendo sido expuestas por San Marcos de Éfeso, fueron la razón por la que la Iglesia rechazara la unión de Florencia.

Declaramos firme y categóricamente:

No es posible ninguna unión de la iglesia de Roma con nosotros hasta que esta renuncie a sus nuevas doctrinas, y no se puede restaurar ninguna comunión de oración con ella sin una decisión de todas las iglesias que, sin embargo, puede ser difícilmente posible antes de la liberación de la Iglesia de Rusia que ahora tiene que vivir en las catacumbas (es decir, no pueden expresar su voz abiertamente por el control que ejerce el gobierno comunista). La jerarquía que está ahora bajo el patriarca Alexis no puede expresar la verdadera voz de la Iglesia rusa porque está bajo el control total de un gobierno sin Dios. Los primados de algunas iglesias en países dominados por comunistas tampoco son libres.

Mientras que el Vaticano no sea sólo un centro religioso, sino también un estado, y mientras que las relaciones con él también tengan una naturaleza política, como es evidente por la visita del papa a las Naciones Unidas, debemos contar con la posibilidad de una influencia de algún sentido de las autoridades ateas en el asunto de la Iglesia de Roma. La historia testifica el hecho de que las negociaciones con los heterodoxos bajo presión de factores políticos nunca trajo a la Iglesia más que confusión y cismas. Por eso, vemos necesario hacer una declaración de que la Iglesia Ortodoxa Rusa fuera de Rusia, así como, sin duda, la Iglesia Rusa que ahora está bajo control y aislada del resto del mundo, no consentirá ningún “diálogo” con otras confesiones y de antemano rechazará cualquier compromiso con ellos, siendo posible la unión con ellos sólo si aceptan la fe ortodoxa como está mantenida hasta ahora en la Iglesia Santa, Católica y Apostólica. Mientras esto no suceda, la excomunión proclamada por el patriarca Miguel Cerulario será aún valida, y la derogación de Su Santidad es un acto tanto ilegal como sin efecto.

Ciertamente, no estamos opuestos a las relaciones benevolentes con representantes de otras confesiones mientras la verdad de la Ortodoxia no sea traicionada. Por tanto, nuestra Iglesia aceptó la invitación para enviar a sus observadores al Concilio Vaticano II, así como solía enviar observadores a las asambleas del Consejo Mundial de Iglesias, para tener información de primera mano con relación al trabajo de esas asambleas, pero sin ninguna participación en sus deliberaciones.

Apreciamos la atenta recepción a nuestros observadores, y estudiamos con interés sus informes que muestran que se están introduciendo muchos cambios en la Iglesia romana. Daremos gracias a Dios si estos cambios sirven como causa para un acercamiento a la Ortodoxia. Sin embargo, si Roma tiene mucho que cambiar para volver a la “expresión de la fe de los apóstoles”, la Iglesia Ortodoxa, que ha mantenido esta fe impecable hasta ahora, no tiene nada que cambiar.

La Tradición de la Iglesia y el ejemplo de los santos padres nos enseñan que la Iglesia no mantiene ningún diálogo con los que se han separado de la Ortodoxia. En su lugar, la Iglesia se dirige a ellos invitándolos a regresar a su seno mediante el rechazo a las doctrinas disidentes.

Un verdadero diálogo implica un intercambio de puntos de vista con la única posibilidad de persuadir a los participantes a alcanzar un acuerdo. Como se puede percibir de la encíclica “Ecclesiam Suam”, el papa Pablo VI entiende el diálogo como un plan para la unión con Roma con la ayuda de algunas fórmulas que, sin embargo, dejarían inalteradas sus doctrinas, y particularmente su doctrina dogmática sobre la posición del papa en la Iglesia. Sin embargo, cualquier compromiso con el error es ajeno a la historia de la Iglesia Ortodoxia y a la esencia de la Iglesia. No podría haber una armonía en las confesiones de fe, sino sólo una ilusoria unidad externa similar a la conciliación de las comunidades protestantes disidentes en el movimiento ecuménico.

Que tal traición contra la Ortodoxia no entre en medio de nosotros.

Sinceramente pedimos a Su Santidad poner fin a la confusión, porque el camino que ha elegido seguir, incluso si condujera a una unión con los católicos romanos, provocaría un cisma en el mundo ortodoxo. Seguramente, incluso muchos de sus hijos espirituales preferirían la fidelidad a la Ortodoxia en vez de la idea una unión comprometida con los heterodoxos sin su completa armonía con nosotros en la verdad.

Solicitando sus oraciones, soy el humilde siervo de Su Santidad,

+Metropolita Filaret

Presidente del Sínodo de obispos de la Iglesia Ortodoxa Rusa fuera de Rusia.

Traducido por P.A.B

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Categorías:Ecumenismo

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