Pilato, Caifás y el Sanedrín

imagesdesSan Nicolai Velimirovic (1881-1956)

 

PILATO, CAIFAS Y EL SANEDRIN

(o EL REY, EL PAPA Y EL FILÓSOFO)

por San Nicolás Velimirovic,

obispo de Ohrid y Zica (1881-1956)

¡Oh, hermanos míos! El siglo XVIII es el padre del siglo XIX y el siglo XIX es el padre del siglo XX.

 El padre estaba muy endeudado. El hijo no pagó las deudas de su padre y se endeudó todavía más, y la deuda recayó sobre el nieto.

 El padre estaba afectado de una grave enfermedad, y el hijo no sanó la infame enfermedad de su padre que ahora el hijo llevaba encima, sinó que la descuidó y ésta se extendió aún más, transmitiéndosela y afectando tres veces más fuerte a su nieto. El nieto es el siglo XX en el cual vivimos.

 El siglo XVIII significó la revolución frente a la Iglesia y al Clero del Romano pontífice. El siglo XIX significó la revolución frente a Dios. El siglo XX anuncia la alianza con el Diablo. Las deudas crecieron y la enfermedad empeoró. Y el Señor dijo que visita los pecados de los padres hasta la tercera generación. ¿No véis que el Señor visitó a los nietos por los pecados de sus abuelos europeos? ¿No véis el azote sobre los nietos por los pecados no pagados de los abuelos?

 El rey anticristo constituye el principio del siglo XIX. El papa, anticristo, constituye el medio del mismo siglo.

 Los filósofos de Europa, anticristos (del manicomio), constituyen el final del mismo siglo: Napoleón Bonaparte, el papa Pio, el flósofo Nietzsche. Tres funestos nombres de los tres más grandes enfermos de la enfermedad heredada. ¿Son éstos, me pregunto, los vencedores del siglo XIX? ¡No! Éstos son los portadoresde la grave enfermedad que heredaron del siglo XVIII.

 Los más grandes enfermos. El césar, el pontífice y el filósofo…y por supuesto, no de la antigua idólatra Roma, ¡sinó del corazón de la bautizada Europa! No son éstos los vencedores, sinó los totalmente vencidos. Cuando Bonaparte se rió delante de los santos templos del Kremlin, y cuando Pio IX fué declarado infalible, y cuando Nietzsche anunció públicamente su culto al Anticristo, entonces se oscureció el sol en el cielo. Y no sólo un sol, sinó que si hubieran miles de soles, todos se oscurecerían de la pena y la vergüenza. Ya que, he aquí un milagro que el mundo no había visto nunca: ateo el rey, ateo el pontífice y ateo el filósofo. En la época de Nerón, por lo menos uno no era ateo, el filósofo.

El siglo XVIII es el siglo en que Pilato condenó a Cristo a muerte.

El siglo XIX es el siglo de Caifás: crucificó a Cristo.

El siglo XX es el siglo del Sanedrín, que está constituido por bautizados y por los no bautizados Judas.

Este Sanedrín proclamó que Cristo está muerto para siempre y que no resucitó. ¿Por qué, entonces, dudáis, hermanos, que llegaron terribles azotes a la humanidad europea, azotes hasta la médula de los huesos, de las revoluciones y las guerras? ¿Quién es entonces el vencedor, si no lo son ni el césar, ni el pontífice ni el filósofo de la Europa descristianizada?

Traducido por J.C.

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