La Confesión en la iglesia primitiva

Representación de la confesión de los pecados

Representación de la confesión de los pecados

El protestantismo siempre ha acusado a la Iglesia de la implementación del Sacramento de la Confesión. Al parecer, según su opinión, la confesión es inadecuada, en primer lugar porque la gente no tiene la autoridad para perdonar los pecados, y en segundo lugar, porque la Iglesia cristiana primitiva, de nuevo según su punto de vista, no lo puso en práctica. Sin embargo, los hechos y las pruebas nos demuestran todo lo contrario, como veremos más adelante en este artículo.

 

Será beneficioso para todos nosotros, examinar una pequeña y concisa reseña en la materia, como se indica, por el padre Antonio Alevizopoulos.

La Santa Confesión era un rito familiar incluso en los tiempos del Antiguo Testamento:

Levítico 5: 5-6

Quienquiera que fuere culpable de una de estas cosas, confesará aquello en que ha pecado; y para expiación del pecado cometido ofrecerá al Señor una hembra del ganado menor, oveja o cabra, como sacrificio por el pecado; y el sacerdote hará por él expiación  de su pecado.

Números 5: 5-7

El Señor habló a Moisés, diciendo: Di a los hijos de Israel: Si un hombre o una mujer cometiere cualquier pecado de los que suelen cometer los hombres, ofendiendo al Señor, téngase por culpable, confiese el pecado cometido y restituya íntegramente aquello en que haya delinquido, añadiendo un quinto; lo restituirá a aquel contra quien se hizo culpable.

Proverbios 28:13

El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y abandona, conseguirá perdón.

Esta fue la razón por la que las multitudes que permanecía alrededor de  Juan el Bautista, confesaron sus pecados, después de lo cual, él “certificaría” su arrepentimiento, a través del bautismo:

Mateo 3: 5-6

Entonces salía hacia él Jerusalén y toda Judea y toda la región del Jordán, y se hacían bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

Marcos 1:4-5

Estuvo Juan el Bautista bautizando en el desierto, y predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados. Y todos iban a él de toda la tierra de Judea y de Jerusalén y se hacían bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

Este rito continuo también en la Iglesia Cristiana:

Hechos 19:18

Y un gran número de los que habían abrazado la fe, venían confesándose y manifestando sus obras.

Esto dio lugar a la remisión de los pecados a través los Apóstoles, en conformidad con la promesa del Señor de que Él les daría a los apóstoles esta autoridad:

Mateo 16:19

A ti te daré las llaves del reino de los cielos: lo que atares sobre la tierra, estará atado en los cielos, lo que desatares sobre la tierra, estará desatado en los cielos.

Mateo 18:18

En verdad, os digo, todo lo que atareis sobre la tierra, será atado en el cielo, y todo lo que desatareis sobre la tierra, será desatado en el cielo.

Esta promesa se ​​cumplió, después de que Cristo resucitó. Naturalmente, este perdón de los pecados no radicaba en los poderes de los apóstoles, sino “en la sangre” del Señor:

Juan 20:21-23

De nuevo les dijo: ¡Paz a vosotros! Como mi Padre me envió, así Yo os envío. Y dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo: a quienes perdonareis los pecados, les quedan perdonados; y a quienes se los retuviereis, quedan retenidos.”

1 Carta de San Juan 1:7

Pero si caminamos a la luz, como Él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado.

Durante el Sacramento de la Confesión, el Sacerdote intercede como un Instrumento, un siervo de Cristo, y el administrador de los Sacramentos de Dios:

1 Corintios 4:1

Así es preciso que los hombres nos miren: como a siervos de Cristo y distribuidores de los misterios de Dios.

Tito 1:7

Porque el obispo ha de ser irreprochable, como que es dispensador de Dios; no arrogante, no colérico, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de vil ganancia;

1 Carta de San Juan 1:9

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos de toda iniquidad.

1 Carta de San Juan 2:2

Él mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por nuestros, sino también por los de todo el mundo.

Durante el tiempo de la Iglesia primitiva, la confesión se llevaba a cabo en público, entre la sagrada congregación de los fieles, la cual estaba, como es natural, atendida por el sacerdocio, pero no sólo eso sino además por el obispo que era el que tenía el poder de dar la absolución.

“Todos los que se arrepientan serán perdonados por el Señor, a condición de que se arrepientan en la unidad de Dios y en comunión con un obispo”, como especificó San Ignacio. (Ignacio de Filadelfia 8,1), mientras que en su obra “Enseñanza”, insta: “Confesaos vuestras ofensas en la presencia de la Iglesia, y no realices plegarias con una conciencia maliciosa: este es el camino de la vida” (Enseñanza 4,14).

San Cipriano insiste en que un pecador es re-aceptado en la comunidad eclesial – en otras palabras, en el Sacramento de la Divina Eucaristía – “por la imposición de manos del obispo y del sacerdocio”, después de primeramente haber confesado sus pecados ( Cipriano, Epístola 16,2), de lo contrario, la Sagrada Comunión no se aplica a nadie “, a menos que el obispo y el sacerdocio han impuesto previamente sus manos a esa persona” (Epístola 18,2), ya que “la absolución que se administra a través de una sacerdote es agradable a Dios “(De lapsis 29).

Orígenes lo plantea como un proceso natural, es decir, que está “de acuerdo con la práctica de Aquel que creó el sacramento del sacerdocio en la Iglesia, para que los ministros y los sacerdotes de la Iglesia lleven sobre sí los pecados del pueblo y, emulando al Soberano, les conceda la absolución de sus pecados “(Orígenes, Sobre el Levítico, Homilía 3)

San Basilio el Grande se refiere a la confesión en la época de la Iglesia Apostólica, (Hechos 19:18 – Muchos de los que habían creído venían, confesando sus malas acciones) y concluye con: “es necesario que confesemos nuestros pecados a los que se les ha confiado la administración de los sacramentos de Dios “(1 Corintios 4:1 Así que, los hombres deben considerarnos como siervos de Cristo y como los encargados de los sacramentos de Dios), puesto que los primeros cristianos solían confesarle a los Apóstoles, que a su vez bautizaban a todo el mundo . (Basilio Magno, Condiciones, 288)

San Juan Crisóstomo dice del sacerdocio: “A pesar de que todavía habitan y andan por la tierra,  ellos han llevado a cabo, sin embargo, la supervisión de los asuntos celestiales, con una autoridad que Dios no les dio, ni a los ángeles ni a los arcángeles. Nunca en realidad dijo a los ángeles “lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”, y sin embargo la unión de los sacerdotes llega al alma, y ​ atraviesa los cielos, y todo lo que los sacerdotes promulguen desde aquí abajo, Dios lo autoriza desde arriba. El Soberano mantiene la decisión de sus siervos. ¿Acaso no les dio plena autoridad celestial? Él les dijo: A cualquiera que le retengais sus pecados, les serán retenidos “(Juan Crisóstomo, sobre el sacerdocio, Homilía 3,5).

Como podemos ver, la iglesia ortodoxa continúa, hasta hoy mismo, la tradición proto-cristiana de la confesión en presencia de un padre espiritual.

Traducido por H.M.P

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Categorías:Confesión y Santa Comunión, vida ortodoxa en el mundo

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