San Eulogio de Córdoba sobre Mahoma

 

15. Estando yo en Pamplona (Pampilona), y viviendo en el monasterio de Leyre (Legere), la curiosidad de saber hízome registrar todos los libros allí conservados. De improviso cayeron mis ojos en las páginas de un opusculito, sin nombre de autor, que contenía la historieta siguiente acerca del nefando profeta.
16. “Nació el heresiarca Mahoma en 570, el séptimo año del emperador Heraclio. Florecía a la sazón en Sevilla el obispo Isidoro y reinaba en Toledo el rey Sisebuto. Construíase entonces la basílica de San Eufrasio sobre su mismo sepulcro, en la ciudad de Andújar. Por orden del dicho soberano se edificaba en Toledo la iglesia de Santa Leocadia insigne obra de arte.(
si bien el traductor nos da la fecha de 570, la generalmente aceptada como la de su nacimento, sin embargo, el texto original latino da la era 656, lo que sería el año 618. No es un error de copia, ya que la fecha coincide, más o menos, con los siguientes sucesos coetáneos que nos describe el escritor, ya que
Heraclio fue proclamado emperador en el año 610, y San Isidoro ocupó el obispado de Sevilla a partir del 600. Del mismo modo, Sisebuto accedió al trono hacia el año 612. Definitivamente, la fecha del nacimiento de Mahoma era un dato que no conocía con precisión el autor de esta biografía)
El maldito profeta Mahoma reinó diez años, al cabo de los cuales murió y fue sepultado en los infiernos. Sus principios fueron los siguientes: Siendo muchacho se puso a servir a una viuda; y mientras pasaba los años haciendo dinero con la usura en los negocios, asistía a las reuniones de los cristianos, y, como era hijo astuto de las tinieblas, aprendió algunas doctrinas del Evangelio, y llegó a saber más que sus brutos compatriotas, los árabes. Abrasado por la lujuria, tuvo comercio carnal con su ama, como lo acostumbran los bárbaros.
Andando los años, el espíritu del error apareciósele en forma de buitre, y mostrándole su pico de oro, le hizo creer que era el ángel Gabriel, quien le mandó que se presentase como profeta. Lleno de soberbia, comenzó a predicar cosas inauditas a aquellos brutos animales; y, con alguna razón, logró apartarlos del culto de los ídolos, y que adorasen al Dios incorpóreo que habita en los cielos. A los que creyeron ordenóles tomar las armas para matar a los enemigos, celando por la nueva religión. Por oculto juicio de Dios pudieron pasar a cuchillo a muchos, porque estaba escrito: “He aquí que yo suscitaré sobre vosotros a los caldeos, gente amarga y veloz, que anda sobre la extensión de la tierra para poseer los tabernáculos que no son suyos. Sus corceles son más rápidos que los lobos vertiginosos, sus rostros como viento abrasador para convencer a los fieles y reducir a soledad la tierra”. (
Habacuc I,6-8)
Habiendo matado al emperador que gobernaba aquel país, y, batiendo palmas por los triunfos alcanzados, los árabes echaron los cimientos de su imperio en Damasco, ciudad de la Siria.
El pseudo profeta, compuso salmos para que los cantase la boca de estos insensibles animales, haciendo en ellos memoria de la ternera roja. Urdió una historia, tela de araña para cazar moscas; dejó escritos unos cantos de abubilla y de rana, para que el hedor de la una saliese por sus bocas y el croar inoportuno de la otra no cesase en sus labios. Para adobar sus errores, expresó en su estilo propio algunos ditirambos en alabanza de San José, San Zacarías, y hasta de María, la madre de Dios.
Persistiendo en su manía de profeta, se atrevió a codiciar la mujer de su vecino (hijo adoptivo) Zaib y se amancebó con ella. Resintióse de este crimen el marido; mas no atreviéndose a contradecir a su profeta, pasó por ello. Cohonestó esta acción Mahoma estampando en su ley, como palabra revelada por Dios, que “habiendo desagradado a Zaib su mujer y repudiada por él, la tomamos por esposa de nuestro profeta, para que le imiten los demás, y a los venideros que quieran hacer lo mismo no se les impute a pecado”. Después de este crimen, llególe la muerte del cuerpo y del alma. Sintiéndose morir, porque sabía que por su propia virtud no había de resucitar, predijo que lo haría el ángel Gabriel, quien, solía repetir él a menudo, se le aparecía con forma de buitre. El ángel le levantaría del sepulcro al tercer día de muerto. Y después que su alma entró en los infiernos, los suyos, esperando el milagro prometido, mandaron guardar cuidadosa y religiosamente su cadáver; mas al notar al tercer día el olor fétido que exhalaba, y que el muerto no resucitaba, dijeron que no venían los ángeles por miedo a los guardias. Y encontrando un expediente, a su juicio, satisfactorio, dejaron solo su cuerpo; en vez de bajar los ángeles salieron los perros, atraídos por el olor de carne corrompida y se comieron parte de la espalda y costado del profeta. Constataron el hecho sus secuaces y dieron sepultura a su cadáver; y, en venganza, acostumbran a matar cada año, en día fijo, todos los perros, para que tengan parte con aquel por quien sufrieron un merecido martirio. No sin justicia le sucedió a Mahoma, el grande e insigne profeta, el que fuese a parar al vientre de los perros, pues él entregó al infierno su propia alma y las de muchísimos otros. Cometió muchos más crímenes de los que están escritos en este libro. Esto se ha referido sólo para que los lectores sepan lo que fue.”

 


A.S. Ruiz. Obras completas de San Eulogio (edición bilingüe con el texto original en latín y su traducción al castellano). Córdoba. 1959

 

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Categorías:Islam, San Eulogio de Córdoba

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