Canon al Espíritu Santo, por San Máximo el Griego

 

 

maximus the greek

San Máximo el Griego (+ 21 de enero de 1556), fue encarcelado en Rusia, y desterrado al monasterio de Volokolamsk, donde sufrió hambre, mucho frío y toda clase de tormentos. Allí, estaba desprovisto de todo, incluso fue privado de la Santa Comunión y de libros, y sólo la oración lo sostenía. El Señor no lo abandonó, sino que un día, se le apareció un ángel y le dijo: “¡Ten paciencia!. Serás liberado de tormento eterno por los sufrimientos de aquí abajo”. Dando gracias a dios por este consuelo celestial, San Máximo compuso un canon poético en honor al Espíritu Santo. Privado de papel y lápiz, lo escribió en las paredes de su celda con carbón. Este canon se canta el Domingo del Espíritu Santo en ciertos monasterios rusos y serbios.

holy trinity

Canon al Espíritu Santo, Divino y Venerable, el Paráclito

Por San Máximo el Griego

  1. Bendito sea nuestro Dios ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

Si no hay sacerdote: Por las oraciones de nuestros Santos Padres, oh Señor Jesucristo, Dios Nuestro, Ten piedad de nosotros. Amén.

Gloria a Ti, Dios Nuestro, Gloria a Ti.

Rey del Cielo, Consolador, Espíritu de la Verdad, que estás en todo lugar, y que todo lo llenas, Tesoro de bienes y Dador de la Vida, ven y haz de nosotros tu morada, purifícanos de toda mancha, y salva, Tú que eres bueno, nuestras almas.

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros (tres veces)

Santísima Trinidad, ten piedad de nosotros. Señor, purifícanos de nuestros pecados. Maestro, perdona nuestras transgresiones. Santo, visítanos y cura nuestras dolencias, por tu nombre.

Señor, ten piedad (tres veces)

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Majestad, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo; el pan sobreesencial dánosle hoy, perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos introduzcas en la tentación, mas líbranos del maligno.

  1. Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Salmo 142

Señor, escucha mi oración, presta oído a mi súplica según tu fidelidad; óyeme por tu justicia, y no entres en juicio con tu siervo, porque ningún viviente es justo delante de Ti. El enemigo persigue mi alma, ha postrado en tierra mi vida; me ha encerrado en las tinieblas, como los ya difuntos. El espíritu ha desfallecido en mí, y mi corazón está helado en mi pecho. Me acuerdo de los días antiguos, medito en todas tus obras, contemplo las hazañas de tus manos, y extiendo hacia Ti las mías; como tierra falta de agua, mi alma tiene sed de Ti. Escúchame pronto, Señor, porque mi espíritu languidece. No quieras esconder de mí tu rostro: sería yo como los que bajaron a la tumba. Hazme sentir al punto tu misericordia, pues en Ti coloco mi confianza. Muéstrame el camino que debo seguir, ya que hacia Ti levanto mi alma. Líbrame de mis enemigos, Señor; a Ti me entrego. Enséñame a hacer tu voluntad, porque Tú eres mi Dios. Tu Espíritu es bueno; guíame, pues, por camino llano. Por tu Nombre, Señor, guarda mi vida; por tu clemencia saca mi alma de la angustia. Y por tu gracia acaba con mis enemigos, y disipa a cuantos atribulan mi alma, porque soy siervo tuyo.

Tono IV

Oda I

Irmos: Aquel que era torpe de boca, habiendo sido cubierto con la divina oscuridad, dio expresión a la divina ley escrita, y habiendo quitado el fango de sus ojos noéticos, contempló a Aquel que Es, y aprendió la comprensión del Espíritu, pronunciando alabanzas con himnos divinos.

Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti.

Oh Maestro, que en la antigüedad alimentaste a Israel con el maná en el desierto, llena mi alma con el Espíritu Santo, para que así pueda servirte continuamente, de forma agradable a Dios.

Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti.

Con audacia, Te canto con tus ministros incorporales el himno tres veces santo, aunque soy polvo y cenizas, oh verdadera Trinidad y Unidad bondadosa.

Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti.

Siendo asediado siempre en mi alma por las tormentas de las pasiones y los espíritus destructivos, pongo mi esperanza de salvación en Ti, oh bondadoso Paráclito, pues Tú eres Dios.

Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti.

Ahogado miserablemente en las profundidades de la ignorancia y en el sueño de la dolorosa negligencia, a Ti te clamo, pues eres completamente puro: ¡Líbrame de esta corrupción del alma!.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

 ¡Oh Tú que concebiste en Tu vientre a Aquel a quien el Padre engendró antes de todos los siglos, por tu poderoso poder líbrame, pues estoy esclavizado por los placeres del vientre!.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Sólo Tú eres verdaderamente la tierra santa, pues diste a luz a la Vida divina de todos. ¡Oh Theotokos, muestra a Tu Hijo mi alma como tierra fértil!.

Oda III

Irmos: En la antigüedad, la simple oración de la profetisa Ana al Dios Todopoderoso de la comprensión, que tenía un espíritu contrito, rompió los lazos de su vientre estéril y el reproche de la maternidad, que era difícil de soportar.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Grande es el conocimiento de Tu bondad, oh Santísima Trinidad; es la restauración de lo que fue creado según Tu divina imagen, y que inefablemente manifestaste por la maravillosa encarnación de Uno de Ti, como morada divina.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Oh Soberano, adorna mi mente con Tus santos dones y pensamientos de sagrada reverencia, para que en la tranquilidad y la santa disposición del alma, también pueda glorificarte, oh divino Paráclito.

Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti.

Te suplico, oh Soberano, que no me destruyan los movimientos ocultos de la carne, que se producen en mí por la pasión del orgullo, para que no contaminen vilmente mi miserable alma.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Con las riendas y el freno del temor de Dios, refrena las embestidas de mi desvergonzada alma, para que pueda alabarte y glorificarte con gran reverencia y mente sobria, oh divino Consolador.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Corrompido totalmente por la lujuria, me apresuro con fe a Ti, oh Sol radiante. Con tu divina luz, dígnate iluminar los ojos de mi alma, oh divino Paráclito.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Tú que alimentaste a la Vida de todos, oh purísima Señora, dígnate conceder la vida a mi alma con tu divina visitación, pues he sido aniquilado por viles pasiones.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh Toda Pura, muéstrame como un hacedor anhelante y veloz de los vivificantes mandamientos de Tu Hijo, librando mi alma de la terrible división y el profundo sueño.

A continuación se dicen estos versos:

Salva a tus siervos de las desgracias, oh buen Consolador, pues los impuros demonios me asalta grande y constantemente con viles pensamientos y engaños.

En tu compasión contempla la dolorosa dureza de mi corazón, oh alabadísima Theotokos, e ilumina la oscuridad de mi alma.

Contaquio, tono 1º

Con himnos, alabemos y magnifiquemos reverentemente a la Vida de todos, el manantial inagotable de los dones divinos, al Espíritu Santo, de la misma esencia del Padre e igualmente eterno que el Hijo, y con fe, adorémosle como Dios.

Otro Verso:

Te adoro, oh Soberano, Consolador y Dios. Ten misericordia y salva a los que Te adoran y Te confiesan como Dios.

Oda IV

Irmos: Oh Logos, Rey de reyes, que surgiste de Aquel que es como Tú eres, del Padre que es sin causa, y del Espíritu, que es igual a Ti en poder. Como nuestro Benefactor, verdaderamente enviaste a los apóstoles, que te cantan: ¡Gloria a Tu dominio, oh Señor!.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Oh Señor, concede que pueda escuchar Tu deseada invitación, que convocará a todos Tus santos a la cámara nupcial del cielo.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Has buscado y salvado al hombre que fue condenado por el engaño del autor del mal, oh Santísima Trinidad, y lo has glorificado. Fortalece mi corazón, que se ha vuelto débil por el dolor, con Tu poder de lo alto, y levanta mis pensamientos.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Atraviesa mi maldita mente carnal con el temor de Dios, como con un clavo, y atemoriza mi alma con el pensamientos de los tormentos que están por venir.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Oh alabadísima Theotokos, enriquece mi humilde alma con los dones divinos, descendiendo desde la altura de tu grandeza.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Oh Theotokos, haz de mi alma la sagrada morada de Tu Hijo, disipando sus innumerables corrupciones.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Por tus súplicas, oh alabadísima Theotokos, reafírmame en el temor y en el amor de Dios, pues perezco gravemente en la confusión de mi alma.

Oda V

Irmos: Oh radiantes hijos de la Iglesia, recibid el ardiente rocío del Espíritu, la purificación de los pecados que trae la liberación. Pues ahora, desde Sión, ha salido la ley: la gracia del Espíritu en forma de lenguas de fuego.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Dirige mi vida con tus salvíficos mandamientos, oh trascendente Trinidad, y te suplico que ilumines mi alma con Tu vida.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Complácete en soltarme de los lazos de las graves transgresiones que me rodean, oh Bondadoso, y proporcióname alas por el amor de la castidad.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Con Tu divina gracia, oh Paráclito, ilumina mi alma, que ha sido oscurecida por las pasiones, y aleja de ella la profunda oscuridad de la ignorancia.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Completamente impávido, todos los días de mi vida me enfurezco contra ti con viles palabras y obras, oh Bondadoso. Líbrame de esta impiedad.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Oh alabadísimo, que engendraste a la Fuente de toda sabiduría, devuelve la razón a mi alma, que se ha vuelto necia al violar los divinos mandamientos.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh Purísima, expulsa de mi alma los malos pensamientos que continuamente me afligen, y enriquéceme con las enseñanzas agradables a Dios.

Oda VI

Irmos: Oh Cristo Dios, nuestra purificación y salvación. Tú resplandeciste de la Virgen. Rescátanos de la corrupción de Adán, en cuya caída ha sucumbido nuestra raza, como salvaste al profeta Jonás del vientre de la ballena.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Amargado en mi alma maldita por las amargas pasiones carnales, y ahogándome en ella como en lo más profundo, Te clamo a ti, oh Salvador: mediante el torrente de las aguas que surgen de Ti, concédeme la vida.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Todos tus misterios son verdaderamente dignos de un gran silencio, pues Tú eres tres Personas en una Esencia, y unidos, permaneces sin confusión. Oh Trinidad sin origen, sálvame, pues soy la criatura formada por Tus manos.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Creemos que el Hijo está total, completa y esencialmente en el Padre, como lo está el Espíritu, pues del Padre, como de un simple principio, han surgido co-eternos, y sin embargo, permanecen por sí mismos, en sus vivificantes hipóstasis.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

En mi mente, he caído en graves peligros. Estoy totalmente cercado por la perplejidad, y caigo en diversas desgracias, y como un bote, soy agitado por las olas del mar. Oh buen Consolador, rescátame rápido de este grave asedio, Te lo imploro.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

He tropezado y caído gravemente, rompiendo mis votos a Tu Hijo. Sin embargo, te suplico, oh Toda Pura, como fuente de compasiones y abismo de bondad: “Suplícale que tenga misericordia de mí”.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Con tu invencible y divino poder expulsa siempre de mi alma los asaltos destructivos hechos contra mí por mis enemigos invisibles, oh Theotokos, y concédeme armas espirituales y una estrategia útil contra ellos.

Contaquio, tono 2

Oh Espíritu Santo, vida, luz, consuelo, esperanza y deleite de todos, concede Tus dones a los que Te reconocen como Dios, entronizado igualmente con el Padre y el Hijo, y concédeles la remisión de los pecados.

Oda VII

Irmos: Sonaba la melodiosa música de los instrumentos, llamando a los hombres a adorar al ídolo inanimado hecho de oro, pero la gracia radiante del Consolador hizo que clamaran: ¡Bendita seas, oh Santa Trinidad, que eres igual en poder, e igualmente sin principio!.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Habiéndome liberado de toda maldad y de la mala moral, oh Salvador, el divino Paráclito me enriqueció con sus santos dones, y por eso canto: ¡Bendito seas, oh Dios de nuestros padres!.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Suaviza mi corazón, que es más duro que cualquier metal o piedra, oh Salvador, para que, salvado, pueda clamar con verdadera compunción: ¡Bendito seas, oh Dios de nuestros padres!.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Teologizando, alabemos al Hijo, al Espíritu y al Padre sin principio en una sola Esencia y en tres Personas, clamando: ¡Bendito seas, oh Dios de nuestros padres!.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Vencido servilmente por los malos y pecaminosos hábitos, me postro ante Ti, oh Maestro de todos: ¡Líbrame de esta vil esclavitud!.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Con Tu inconmensurable poder, complácete en reafirmar mi alma, que ha sido debilitada por el pecado, para que, salvado, pueda clamarte: ¡Bendito seas, oh Dios de nuestros padres!.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Con divina razón y ferviente arrepentimiento, dígnate iluminar mi mente y mi alma, que ha sido oscurecida gravemente por el pecado, oh Llena de gracia de Dios, para que con el arcángel, pueda cantarte: ¡Alégrate, oh Señora!.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Por medio de los inicuos y apasionados movimientos de mi carne, he sido arrojado completamente a la muerte, oh Theotokos. Deposita la gracia del Paráclito en mi alma, para que de forma sagrada pueda glorificarte siempre, oh Santísima.

Oda VIII

Irmos: La Triple imagen resplandeciente de Dios soltó los lazos y apagó la llama, y toda la creación Te bendijo como Benefactor, Salvador y Consumador de todo.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Libérame de la ardiente destrucción de los pensamientos inicuos, oh mi Jesús, para que pueda glorificarte con un corazón puro.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Con Tus ministros incorpóreos Te alabamos, oh poderosa y consumadora Trinidad, y nosotros, Tus siervos hechos del polvo, Te exaltamos supremamente.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Elimina de mi alma los asaltos destructivos de mis enemigos invisibles, oh Paráclito, y por Tu gracia, complácete en morar allí.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Concédeme las peticiones que, con temor y amor, Te pido diligentemente en oración, oh Consolador.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Oh Maestro, sana mi alma como solo Tú sabes, pues siempre está acosada por orgullosos pensamientos malignos.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Habiendo pecado más que la pecadora y Esaú, acudo a Tu compasión: no alejes Tu gracia de mí, oh Santísimo Paráclito.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, un solo Señor.

Amando el pecado más que cualquier otro hombre, oh alabadísimo, acudo a Ti. Salva a Tu indigno siervo.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh Alabadísima, hazme ser un amante de la divina filosofía de la Verdad, estableciéndome con temor y amor.

Oda IX

Irmos: ¡Alégrate, oh Reina, gloriosa entre las madres y las vírgenes!. Pues aun la boca más hábil más elocuente y divina es capaz de alabarte como eres, y toda mente se asombra al intentar comprender tu alumbramiento. Por tanto, juntos, Te glorificamos.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Oh mi Salvador, Iluminación y Defensa. Por las súplicas de Tu purísima Madre, no me alejes de Tu gozo divino.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Postrándome con temor, yo que soy polvo, Te adoro con las huestes celestiales, y te clamo con amor: ¡Oh Santísima Trinidad, gloria a Ti!.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Sálvame, pues alabo, adoro y glorifico el dominio de Tu inalcanzable gloria.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Enséñame la recta moral, la instrucción de la ley y el entendimiento de los dogmas divinos, para que pueda alabarte en forma agradable, oh divino Paráclito.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Dígnate concederme la gozosa celebración de los justos que Te han complacido, para que con ellos pueda alabarte, oh Santísimo Consolador.

Gloria a Ti, Dios nuestro, Gloria a Ti.

Anulando el terror de mi alma y todos sus diversos males y malicia, oh Santísimo Paráclito, adórnala con la corona de las virtudes.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Oh Purísima Virgen, por sus santas oraciones sana mi desdichada alma, que se ha corrompido por toda clase de fornicación.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh divina Mediadora entre Dios y el hombre, Santísima Theotokos, te ruego que dirijas mi pobre súplica al divino Paráclito.

Y de nuevo:

Salva a Tu siervo de las desgracias, oh buen Consolador, pues los impuros demonios me asedian grande y constantemente con viles pensamientos y engaños.

En tu compasión, mira la dureza de mi corazón, oh Santísima Theotokos, e ilumina la oscuridad de mi alma.

Y estos troparios:

En verdad es digno magnificarte, oh Logos de Dios, ante Quien tiemblan los querubines y se llena de temor, y a Quien las huestes celestiales glorifican: Cristo, Dador de vida, que sin cambio alguno se encarnó de la Virgen.

En verdad es digno magnificarte con glorificaciones y alabarte, oh Bueno y Santo, Preservador de nuestra vida, Grande e Inconcebible, que con el Padre y el Hijo reinas como Dios sobre todas las cosas visibles e invisibles, el Espíritu e Dios, que procede del Padre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Con himnos divinos Te alabamos a Ti como Dios: al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, el Poder tripartito, la única Monarquía y Dominio.

Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh Señora, Madre del Libertador, acepta las súplicas de tus infructuosos siervos, y así, concédenos la liberación de los pecados y la aceptable corrección de una vida complaciente a Dios.

Oración al Espíritu Santo

Oh Soberano, Paráclito, que eres Uno de la santa, adorable, consubstancial e indivisible Trinidad. Acepta esta pobre súplica que has permitido ofrecer a este hombre pecador y condenado, y perdona mis ofensas, voluntarias e involuntarias. Purifícame de mis pecados ocultos, y ten piedad de Tu siervo frente a los pecados de otros. Extiende Tu favor sobre mí, pecador e indigno, visita la enfermedad de mi alma con Tu gracia, y sana su estado corrompido.

Ten misericordia de mí, oh Maestro, Paráclito y Dios. Ten misericordia de mí, santifica mi alma y cuerpo, ilumina mi mente y razón, y purifica la conciencia de mi alma de toda deshonra. Y para gloria de Tu Nombre, líbrame de los pensamientos impuros, de las maquinaciones de los malvados y de las intenciones del mal, de toda vanagloria, orgullo y auto engrandecimiento, de toda arrogancia y audacia, de toda hipocresía farisaica y de mis malos hábitos. Concédeme un arrepentimiento sincero, contrición y humildad de corazón, mansedumbre y serenidad, y toda reverencia cristiana, comprensión y destreza espiritual, con toda nobleza, agradecimiento y perfecta paciencia.

Sí, oh Dios, por la gloria de Tu Nombre, escucha al pecador que Te suplica, y concede que por el recuerdo de mi desdichada vida pueda arrepentirme sinceramente de mis iniquidades con toda humildad de mente, castidad y verdadera templanza, habiendo alejado toda duda, insensibilidad y ánimo doblegado, y presérvame completamente en una confesión piadosa y ortodoxa de la fe cristiana, oh Maestro, para que me sea concedido todos los días de mi vida alabarte sin duda, bendecirte y glorificarte, y decir: ¡Oh Santo Dios, Padre sin origen!. ¡Oh Santo Fuerte, Su Hijo, que es igualmente sin principio!. ¡Oh Santo Inmortal, Espíritu Santo que procede del Padre y que permanece y descansa en el Hijo!. ¡Oh Santa Trinidad, gloria a Ti!. ¡Gloria a Ti, oh Santa Trinidad, que eres consubstancial, vivificadora e indivisible!.

¡Gloria a Ti por todas las cosas!

¡Gloria a Ti, oh Theotokos, refugio de los fieles, liberación de los acosados por los males, y consuelo divino de mi alma!. Oh Tú que eres llena de la gracia de Dios, confío a tu poderosa intercesión mi desdichada alma, que ha sido herida por las flechas del enemigo, y protégela y sálvala indemne de las acechanzas de los demonios, para que pueda clamarte: ¡Alégrate, Novia no desposada!.

 

 

 

Traducido por psaltir Nektario B.

para cristoesortodoxo.com

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Categorías:Paráclesis y cánones, San Máximo el Griego

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