Miércoles de la primera semana de Cuaresma

communion

Litúrgica

La liturgia de los Dones Presantificados

Por primera vez, se celebra la liturgia de los Dones Presantificados el miércoles de la primera semana de la Gran Cuaresma. Es una celebración solemne de vísperas, que comprende la distribución de la Santa Comunión. Esta liturgia no comporta una consagración de los Dones eucarísticos. Han sido santificados el domingo precedente durante la celebración de la Divina Liturgia, y de ahí el nombre de “Presantificados”. En estos días de penitencia, no está permitido celebrar la liturgia, pues esta reviste un carácter pascual y festivo.

Durante el canto de los Salmos de vísperas, los Dones Presantificados son transferidos del Altar, donde habían sido puestos en reserva desde la celebración de la divina liturgia, y son puestos en la mesa de la oblación. Después del himno de la tarde, se leen pasajes del Antiguo Testamento (Génesis y Proverbios), y durante estas lecturas, el celebrante bendice a la asamblea arrodillada con un cirio encendido y pronuncia las palabras: “La Luz de Cristo ilumina a todos los hombres”, significando que toda la sabiduría es dada por Cristo a la Iglesia a través de las Escrituras y los sacramentos. Desde el origen, esta bendición se dirigía a los catecúmenos, pues estos eran los que se disponían a ser bautizados el día de Pascua y no asistían al oficio más que hasta el momento de la ectenia precedente a la salida del celebrante del altar con los Santos Dones.

Después de las lecturas, se canta con solemnidad el salmo 140 durante la ofrenda del incienso. A continuación, después de las letanías de intercesión y la de los catecúmenos (despedidos a continuación), los Dones eucarísticos Presantificados son llevados en procesión silenciosamente y solemnemente al altar. El canto de entrada llama a los fieles a la comunión: “Ahora los poderes celestiales celebran invisiblemente con nosotros. Pues he aquí que llega el Rey de la gloria escoltado y cumplido ya el sacrificio místico. Acerquémonos con fe y amor para ser partícipes de la vida eterna. Aleluya, Aleluya, Aleluya”.

Después de la letanía y las oraciones, se canta el “Padre Nuestro”, y los fieles reciben la comunión, mientras que se canta el versículo del Salmo 33: “Gustad y ved qué bueno es el Señor. Aleluya”. El celebrante recita la ectenia de acción de gracias, y después la oración desde el ambón, que menciona expresamente el periodo de la Gran Cuaresma.

Tradicionalmente, la liturgia de los Santos Dones Presantificados se considera obra del papa San Gregorio el Grande (+ 604).

Extractos del oficio del día

Vísperas del martes, aposticas tono 8

No hagamos del ayuno sólo una abstención de alimentos, sino el rechazo de toda pasión material, a fin de que sometiendo la carne que nos tiraniza, seamos dignos de comulgar del Cordero, el Hijo de Dios inmolado voluntariamente por el mundo, y celebrar espiritualmente la Resurrección de entre los muertos del Salvador. Elevémonos con gozo a la altura de las virtudes y de las delicias de las obras más excelentes, regocijando así a Aquel que ama a los hombres.

Maitines del miércoles, Teotoquio del 3º catisma, tono 2

Guardados por la venerable Cruz de tu Hijo, oh Soberana y purísima Theotokos, podemos despojarnos fácilmente de todo ataque del enemigo que nos asedia; así, como conviene, te celebramos siempre como Madre de la Luz y como única Esperanza de nuestras almas.

Oración desde el ambón, de la liturgia de los Dones Presantificados

Maestro Todopoderoso, que has creado todo el universo en Tu sabiduría; Tú que, en tu inefable providencia y en Tu inmensa bondad, nos has conducido a estos días santísimos para purificar nuestras almas y cuerpos, dominando nuestras pasiones y esperando la resurrección. Tú que, tras cuarenta días, diste nuevamente a tu siervo Moisés las tablas de la Ley, texto grabado por Tu mano divina, concédenos también, en Tu bondad, combatir el buen combate, acabar el curso del ayuno, guardar íntegra la fe, pisoteando las cabezas de los dragones invisibles, apareciendo victoriosos del pecados y de llegar sin reproche al día en que adoremos Tu santa Resurrección. Pues bendito y glorificado es Tu nombre honorable y magnífico, Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

Traducido por psaltir Nektario B.

© Febrero 2015

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