Vivir la vida monástica en el mundo

 

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Pregunta: Quiero entregar mi vida completamente a Cristo, pero no quiero ir a un monasterio. ¿Es realmente necesario estar en un monasterio para llevar una vida monástica? ¿No puedo vivir como un monje en el mundo?

Esta es una pregunta que surge muy a menudo, excepto que por lo general surge como una declaración. ¡Que Dios bendiga tu humildad preguntando esto en vez de informar y declarar que un monasterio no es necesario para el que desea la vida monástica!.

En primer lugar, debes darte cuenta de que la gracia de Dios está presente en todo lugar, pero se siente especialmente en un monasterio. Cuando la gente visita un monasterio, siente que es un lugar sagrado, donde Dios está presente. Paradójicamente, los monjes que moran en ese monasterio, muy a menudo sienten la intensa guerra espiritual que el maligno está dirigiendo contra ellos. Cuando unos visitantes entraron a un monasterio, dijeron a una de las monjas: “Se siente mucha paz aquí”, entonces esta respondió: “Tú sientes la paz, nosotros vemos la guerra”.

Cualquier persona que se esfuerza por cumplir los mandamientos del Evangelio, que intenta vivir verdaderamente según las enseñanzas de la Iglesia, siente ambos aspectos hasta cierto punto: tanto la gracia de Dios en sus vidas, como también la intensa lucha que el maligno y sus legiones dirigen contra él. Cuanto más intensamente intentemos servir a Dios, más buscará el maligno desviarnos de nuestro camino. Esto es mucho más cierto en la vida del que renuncia al mundo y busca vivir completamente para Cristo.

Así, ¿se puede hacer esto mientras se vive en el mundo? Sí, y no. Con la ayuda de Dios, uno puede vivir ciertamente en el mundo según los mandamientos del Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia, teniendo un trabajo, siendo un fiel en la Iglesia, viviendo según la “pequeña santa trinidad” de la oración, el ayuno y la acción de gracias, leyendo las vidas de los santos y otros libros edificantes para el alma, etc. Esto es todo lo que la Iglesia requiere de todos sus fieles. Todo esto es según los mandamientos. Tal persona puede participar en algunas actividades “mundanas” que no son dañinas, ciertos y limitados deportes, entretenimiento sano, etc, sin perder su enfoque en Dios.

La vida monástica tiene lo que los padres se refieren como el “consejo evangélico”. Recuerda al hombre rico del Evangelio que preguntó al Señor: “¿Qué he de hacer para heredar la vida eterna?” (Marcos 10:18). El Señor le dijo que cumpliera los mandamientos, a lo cual el hombre dijo que lo hacía desde su juventud. Entonces el Señor dijo: “Una cosa te queda; anda, vende todo lo que posees y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; después, vuelve, y sígueme, llevando la cruz” (Marcos 10:21).

¡¡¡Una cosa te queda!!! En otras palabras, no es obligatorio para la salvación renunciar a todo, sólo si queremos. Estas fueron las palabras que San Antonio escuchó y que le condujeron a comenzar su vida monástica. Sabemos que su temprana vida monástica la pasó, en primer lugar, con un anciano a las afueras de la ciudad, y que finalmente se retiró al desierto.

El mundo tiene muchas tentaciones para nosotros. Algunos de los placeres de la vida mundana no son malos: casarse y tener hijos está ciertamente bendecido por Cristo, que obró su primer milagro público en las bodas de Canaan de Galilea. El estar con otra gente (incluso con los que no son de nuestra fe) no es malo en sí mismo, pero puede conducirnos por un camino equivocado, si no tenemos cuidado. Algunos entretenimientos, como hemos mencionado antes, no son malos en sí mismos, mientras no se conviertan en pasiones. Pero el monje es el que elige el camino estrecho. Para seguir este camino, debes conocer a otros que hayan experimentado los peligros, las trampas y los engaños del camino. Esto sólo lo puedes encontrar en un monasterio con los que están luchando (mientras caen y se vuelven a levantar de nuevo) sobre el mismo camino.

Si estás intentando andar por ese camino estrecho en el mundo, con todas sus tentaciones, y caes (y caerás), ¿quién te ayudará a levantarte de nuevo? Muy probablemente, los que han caído en las mismas trampas que tú te ayudarán a permanecer y revolcarte en el fango. En el monasterio, no sólo tendrás al más experimentado para poder guiarte y reprenderte cuando te desvíes, sino que también la gran gracia de Dios te rodeará y te asistirá en estas luchas. La verdadera vestimenta monástica es santa y protege al monje.

Tomemos un sencillo ejemplo para ilustrar cuán importante es el hábito: digamos que estás conduciendo por una zona bastante desolada y que estás sediento. Llegas a un pequeño asentamiento que tiene unas pocas casas y un bar, pero no tiene gasolinera o supermercado en el que puedas encontrar un café, un refresco o un té. Detienes tu coche y vas al bar para tomar una bebida no alcohólica. No hay nada malo en esto. Sin embargo, cuando vas a hacer tus oraciones, recuerdas las cosas que viste en el bar, quizá bromas obscenas, gente vestida inapropiadamente, etc. Aun cuando no hiciste nada malo, sin embargo, tu oración se perturbó por estos recuerdos.

El monje o la monja que estuviera viajando por el mismo camino y que estuviera igualmente sediento/a, no acudiría a tales establecimientos. El hábito mismo sería como los muros del monasterio protegiéndolo de hacer eso, pues tan inocente como fuera su intención esperando una copa de té helado, no traería así el escándalo sobre la Iglesia al acudir a tal lugar.

Hay otra trampa que atrapa a todo el que intenta vivir la vida monástica en el mundo. El orgullo. ¡No es que digamos que el orgullo no asedia a los que habitan en el monasterio! Ciertamente lo hace, pero sin embargo, en el emplazamiento monástico, cuando alguien empieza a caer en el orgullo, hay padres que rápidamente cortan tal pecado en el novicio. No eres alguien en el monasterio, porque estés ayunando y rezando, ¡pues todo el mundo lo está haciendo! No eres considerado como un “piadoso”, porque luches para obtener las virtudes, pues es lo que se espera. Pero cuando dices: “puedo llevar una vida monástica en el mundo y no me molestaré en ir al monasterio”, ¡¡ya estás declarando muy orgullosamente que ya lo sabes todo!!. Entonces, en vez de que tus esfuerzos te lleven hacia tu salvación, lo habrás perdido todo.

No hay duda de que hay monjes que viven como anacoretas. Pero esta vida no se puede comparar con la que estás comentando. Los que viven tal vida monástica, lo hacen así después de muchos años en un monasterio, y sólo con la bendición de su padre espiritual. Cuando un hermano le pidió una bendición al padre Cleopa para salir al bosque y vivir sólo allí, el padre le dijo: “cuando hayas vivido en obediencia durante 30 años, entonces vuelve a mi y lo pensaremos”.

No descartes esa gracia que obra invisiblemente en el monasterio. Es muy poderosa y sin ella nadie podría salvarse en un monasterio. Los santos padres dicen que cuando eres salvado, eres salvado en comunidad, pero cuando caes, caes solo.

Si quieres salvarte en el mundo, cumple los mandamientos; si quieres salvarte como monje, ve a un monasterio y sométete al superior de ese monasterio y a sus reglas.

Recuros: The Veil, vol. 12, nº 2 (verano 205). The Veil es una publicación del monasterio ortodoxo de la Protección de la Santísima Theotokos.

Traducido por P.A.B

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Categorías:monaquismo, vida ortodoxa en el mundo

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