La Sangre de Cristo como arma invencible por San Juan Crisóstomo

La sangre de Cristo como arma invencible12. Pero, ¿cómo? ¿Acaso no preparó más que armas? No, que
también previno una mesa más poderosa que cualquier arma, para
que luches sin cansarte, para que saciado, triunfes en toda la línea
del enemigo.
Efectivamente, con que sólo te vea cuando regresas del convite
del Señor, como quien ve un león que echa fuego por la boca, así
él huirá más veloz que todo viento.
Y si le muestras tu lengua tinta con la preciosa sangre no podrá
ni tenerse en pie: si le muestras tu boca enrrojecida él volverá
grupas a todo correr, como cualquier animalejo.

13. ¿Quieres, pues, saber la fuerza de esta sangre?
Recurramos a su figura, a los antiguos relatos de lo acaecido
en Egipto.
Dios estaba a punto de infligir a los egipcios la décima plaga.
Quería, en efecto, eliminar a sus primogénitos, porque ellos
retenían al pueblo primogénito suyo.
¿Qué hacer, pues, para evitar que los judíos quedaran
implicados con los egipcios, ya que todos se hallaban habitando un
único lugar? Infórmate del poder de la figura para que también
comprendas la fuerza de la verdad.
La plaga que Dios enviaba estaba a punto de abatirse desde lo
alto, y el exterminador iba avanzando contra las casas.

 

14. ¿Qué hizo entonces Moisés? Inmolad -dijo- un cordero sin
mancha y untad con su sangre vuestras puertas (Ex/12/21-25).
¿Qué estás diciendo? ¿La sangre de un irracional es capaz de
salvar a los hombres, a los dotados de razón? «Sí, -dice-, no
porque sea su sangre, sino porque es figura de la sangre del
Señor».
Efectivamente, lo mismo que las estatuas de los emperadores,
aunque son inanimadas e insensibles, salvan a los hombres que
se acogen a ellas, dotados como están de sensación y de alma, no
porque ellas sean de bronce, sino porque son imagen del
emperador, así también aquella sangre insensible e inanimada
salvó a los hombres que tenían alma, no porque fuese sangre,
sino porque era figura de esta otra sangre.

15.Entonces el exterminador vio la sangre asperjada en las
puertas y no se atrevió a entrar.
Si ahora el diablo ve, no ya la sangre de la figura asperjada en
las puertas, sino la sangre de la verdad rociando la boca de los
fieles, puerta del templo portador de Cristo, ¿no va a detenerse
con mucho mayor motivo? Porque, si el ángel tuvo miedo al ver la
figura, con mayor razón el diablo emprenderá la huida al ver la
verdad.

La Iglesia nacida del costado de Cristo en la cruz

16. ¿Quieres saber también por otro camino la fuerza de esta
sangre?
Mira de dónde comenzó a manar y dónde tuvo su fuente: desde
lo alto de la cruz, del costado del Señor.
Efectivamente, muerto Cristo -dice-, pero mientras aún estaba
en la cruz, el soldado se acercó y le punzó el costado con su lanza,
y luego salió agua y sangre: la primera símbolo del bautismo; la
segunda, de los misterios.
Por esta razón no dijo: Salió sangre y agua, puesto que primero
viene el bautismo y luego los misterios.
Así pues, el soldado aquel punzó el costado, perforó la pared
del santo templo, y yo encontré el tesoro y me apropié la
riqueza.
Lo mismo sucedió también con el cordero: los judíos inmolaron
la oveja y yo cosecho el fruto del sacrificio: mi salvación.

17. Salió del costado agua y sangre.
No pases de largo y sin más, querido, ante el misterio porque
puedo aún darte otra explicación mística.
Dije que símbolos del bautismo y de los misterios son aquella
sangre y aquel agua.
De una y otra nace la Iglesia, por el baño de la regeneración y
de la renovación del Espíritu Santo, por el bautismo y por los
misterios.
Ahora bien, los símbolos del bautismo y de los misterios brotan
del costado, por consiguiente, de su costado formó Cristo la
Iglesia, como del costado de Adán formó a Eva.

18.Por esta razón también Moisés, al dar su explicación sobre el primer hombre, dice: Hueso de mis huesos y carne de mi carne, dándonos con ello a entender el costado del Señor.
Efectivamente, lo mismo que entonces tomó Dios la costilla y
formó la mujer, así también nos dio sangre y agua de su costado y
formó la Iglesia.
Por tanto, de la misma manera que entonces tomó la costilla
durante el arrobamiento de Adán, mientras dormía, así también
ahora nos dio la sangre y el agua, aunque el agua primero y
después la sangre. Ahora bien, lo que allí fue el arrobamiento,
aquí lo fue la muerte, para que aprendas que en adelante esta
muerte es sueño.

(Fragmento de la 7ª catequesis de sus Catequesis Bautismales)

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