Carta privada del Padre Paísios el atoníta, concerniente al ecumenismo

La Santa Montaña, 23 de enero de 1969

Reverendo Padre Haralambos:

Considerando la gran agitación que ha tenido lugar en nuestra Iglesia, a causa de los diferentes grupos que obran por la unión (de las iglesias), así como los encuentros entre el Patriarca Ecuménico y el papa, estoy profundamente entristecido como hijo de la Iglesia.

También pensé que sería bueno que además de mis oraciones, escribiera estas pocas palabras que vienen al pobre monje que soy, para que sirvan para volver a coser las diferentes partes de la vestimenta de nuestra Madre (la Iglesia). Sé que demostraréis vuestro amor y las compartiréis con vuestros hermanos. Gracias.

Ante todo pido perdón a cada uno por la audacia con la que escribo estas palabras, pues no soy ni un santo ni un teólogo. Deseo que cada uno comprenda que lo que escribo es la expresión de mi profunda tristeza, que resulta de la actitud infortunada mostrando un amor por el mundo, de parte de nuestro padre el Patriarca Atenagoras.

Parece que ama a otra mujer más moderna que se llama la iglesia del papa, porque nuestra Madre Ortodoxa ya no le impresiona de ninguna forma, pues es modesta.

Este amor, de parte de Constantinopla, provoca grandes impresiones entre los ortodoxos de nuestros días, que viven en un entorno en el que el amor está desnudado de sentido y están esparcidos en ciudades por doquier en nuestro mundo. Además este amor es conforme al espíritu de nuestro tiempo: la familia perderá su significado divino con esta clase de amor en el que el principio es la desintegración y no la unión.

Es con tal amor mundano con el que nuestro Patriarca nos dirige a Roma. Por tanto, debería amarnos primero, a nosotros sus hijos, así como nuestra Madre la Iglesia; desgraciadamente ha enviado su amor muy lejos. El resultado, es verdad, complace a sus hijos seculares que aman al mundo (aquellos que tienen este amor mundano) pero nos ha escandalizado completamente a nosotros, que somos los hijos de la Ortodoxia, jóvenes y viejos, y que tenemos temor de Dios.

Debo confesar con gran tristeza que entre todos los unionistas (ecumenistas) que he encontrado, no he visto a ninguno que tuviera gusto por la espiritualidad. Sin embargo, saben hablar de amor y unión, si bien no están unidos a Dios, pues no lo han amado.

Es con ternura con que suplico a todos los hermanos unionistas: ya que la unión de las iglesias es un asunto espiritual y tenemos necesidad de un amor espiritual, dejemos esta cuestión a los que tienen un gran amor de Dios y que son verdaderos teólogos, como los Padres de la Iglesia, que no son legalistas sino que continúan entregándose en servicio a la Iglesia (en lugar de comprar grandes cirios) y que están iluminados por el fuego de Dios en lugar de estar iluminados por el mechero del sacristán.

Debemos reconocer que no hay más que leyes naturales, pero de igual modo hay leyes espirituales. En consecuencia, la cólera que vendrá de Dios no podrá ser evitada por una reunión de los pecadores (y entonces recibiremos una cólera doble), sino con el arrepentimiento y la adhesión a los mandamientos de Dios.

Es porque deberíamos saber que nuestra Iglesia Ortodoxa no tiene ni un solo defecto. Las insuficiencias aparentes provienen del hecho de que no tenemos suficientes jerarcas y pastores que tengan una sólida base patrística. “Los elegidos son poco numerosos”. Eso no debe turbarnos. La Iglesia es la Iglesia de Cristo y Él la dirige. La Iglesia no es un edificio de piedras, de arena y de cimiento que pueda ser destruida, sino que la Iglesia es el Cristo mismo. “Y quien  cayere sobre esta piedra, se hará pedazos; y aquel sobre quien ella cayere, lo hará polvo” (Evang. San Mateo 21:44).

 

Cuando lo necesite, Nuestro Señor resucitará a un Marco de Éfeso o a un Gregorio Palamás, para reunir a nuestros hermanos escandalizados, confesar la fe Ortodoxa, reforzar la Tradición y colmar de júbilo a nuestra Madre Iglesia.

En el pasado, numerosos fieles, monjes o laicos, se separaron de la Iglesia a causa de los unionistas. En mi opinión, cada vez que las gentes se separan de la Iglesia a causa de las faltas del Patriarca, no hacen nada bueno. Es desde dentro, cerca de nuestra Madre la Iglesia, donde está el deber y la obligación de cada miembro de luchar a su lado. Cesar de conmemorar al Patriarca, separarse y crear su propia iglesia y continuar hablando del Patriarca de forma hiriente, denota una falta de sentido.

Si por esta (u otra) desviación del Patriarca nos separáramos de la iglesia y creáramos nuestras propias iglesias, que Dios nos preserve,  ¡sobrepasaríamos a los protestantes! Es más fácil separarse que unirse de nuevo.

Desgraciadamente tenemos muchas “iglesias” creadas por grupos importantes o incluso por una sola persona. Puede ser que cada uno haga su iglesia en su skite (hablo de cosas que suceden en la Santa Montaña) y se figure así que ha creado su iglesia independiente.

Si los unionistas (ecumenistas) infieren en la Iglesia su primera herida, los grupos que acabo de mencionar le infieren la segunda.

Oremos para que Dios nos ilumines, incluido el Patriarca Atenagoras, para que la unión entre estas “iglesias” se haga la primera, que la tranquilidad vuelva entre los fieles que han sido escandalizados, que la paz y el amor fraterno reine entre todos los miembros de las Iglesias Ortodoxas; entonces pensaremos en la unión con las otras “confesiones”, y si solamente desean abrazar sinceramente la fe Ortodoxa.

Debo añadir que hay un tercer grupo en nuestra Iglesia. Se trata de los hermanos que cuyos hijos son fieles pero que no tienen entendimiento espiritual entre ellos. Pasan su tiempo criticándose unos a otros y no es para el buen combate.  Se vigilan mutuamente (en lugar de vigilarse a si mismos) y hacen críticas violentas a lo que unos y otros dicen o escriben.

Esto resulta en mucho mal, pues se hacen daño mutuamente. Esto siembra la incredulidad en el corazón de los débiles, pues el comportamiento de estas personas los escandaliza.

Desgraciadamente entre nosotros hay quien hace reclamaciones insensatas sobre otros. Queremos que conformen su carácter espiritual a nuestro modo. En otros términos, si alguien no está en armonía con nuestro carácter, o bien si es un poco dulce con nosotros, o incluso si es un poco cortante, concluimos inmediatamente que no es una persona espiritual. Ahora bien, todos somos necesarios en la Iglesia; todos los Padres, los dulces como los austeros han ofrecido su servicio a la Iglesia. Es como las hierbas, pueden ser dulces o amargas y en todos los casos hacen bien a nuestro cuerpo. Sucede lo mismo con el Cuerpo de la Iglesia, todos son necesarios. Cada uno completa el carácter espiritual del otro y todos somos ligados entre nosotros para soportar, no solamente nuestras diferencias de carácter, sino igualmente nuestras debilidades humanas.

De nuevo os pido perdón por haber escrito con audacia. No soy más que un pobre monje y mi trabajo es luchar en la medida de mis posibilidades para librarme del hombre viejo y ayudar a otros en la Iglesia con la ayuda de Dios, por la oración.

Por eso, estas noticias que hieren el corazón, concerniente a nuestra Santa Ortodoxia, y que son recibidas en mi ermita, me entristecen grandemente, y por esa razón he escrito lo que he sentido.

Oremos para que Dios nos conceda su Gracia y que cada uno pueda contribuir a su manera a la gloria de nuestra Iglesia.

Traducido por P.A.B

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Categorías:Ecumenismo, Staretz Paisios del Monte Athos

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